domingo, 29 de septiembre de 2013

APROXIMACIONES TEÓRICAS Y METODOLÓGICAS A LOS ESTUDIOS BARRIALES DESDE UNA PERSPECTIVA HISTÓRICA

Angel Adrian Sandoval Sánchez[1]
Universidad Nacional Mayor de San Marcos
angel_396_13@hotmail.com


El presente trabajo tiene como objetivo abordar la problemática de las barriadas y el desarrollo urbanístico de las ciudades peruanas (en especial de nuestra Capital) desde una perspectiva histórica que permita ubicar desde un proceso histórico dichos sucesos que son importantes en la formación contemporánea de lo urbano. A través de conceptos y teorías provenientes de disciplinas como la antropología, sociología y geografía, proponemos mostrar dos ejes de investigación en el tema de las barriadas: las relaciones entre el espacio y sus pobladores (sean en calidad de invasores, residentes, etc.); y las relaciones entre los pobladores y las instituciones que se formaron en la zona (sean estatales, privadas o religiosas). Con ello pretendemos analizar desde una mirada histórica la formación y expansión de dichas ciudades, no solo como consecuencia de las migraciones del interior del país sino como una lucha progresiva entre el poblador por construir un hogar propio en contra de las dificultades topográficas y jurídicas que impone nuestra geografía y nuestro sistema judicial estatal.

PARTIENDO DE UN PROBLEMA: EL DESARROLLO Y CRECIMIENTO DE LA LIMA CONTEMPORÁNEA
Antes de explicar las diferentes perspectivas de estudios en este campo temático plantearemos bien el problema que motiva el presente trabajo. A partir de mediados del siglo XX empieza un crecimiento acelerado de la población nacional, especialmente en las ciudades, así como una fuerte movilización social, una migración de las personas naturales de zonas rurales hacia áreas urbanas, en especial Lima. Este crecimiento explosivo y desordenado en las principales ciudades de la costa y del interior del país trae consigo una variedad de problemas relativo a la expansión de éstas. Tugurios, malas condiciones de vida, falta de servicios básicos como lo relativo a la salud, educación, alimentación y trabajo, todos estos problemas se reducen prácticamente a la falta de espacios acondicionados para su urbanización, así como a una política estatal inerme ante los reclamos de las grandes masas de población insatisfechas tanto en zonas urbanas y rurales, sobre todo en estas últimas quienes ven en las ciudades el camino hacia el llamado progreso.
El principal problema del crecimiento de las ciudades es, como lo señalamos, la falta de tierras cerca de las zonas adecuadas para la urbanización. Y al indicar zonas para urbanizar nos referimos a áreas que cuentan con una estructura vial que interconecte los diferentes puntos entre sí y que facilite el transporte desde las zonas residenciales hacia las áreas industriales o laborales, además de contar con instituciones públicas y/o privada que logren satisfacer la demanda en servicios básicos como salud, educación, deporte, áreas verdes y de recreación, además de servicios básicos como agua, luz y desagüe. Todos estos requerimientos son necesarios para el buen desenvolvimiento de los grupos sociales y el desarrollo de una vida normal y propicia para actividades productivas en beneficio personal o general.  Dígase de paso que todo esto requiere de la participación activa del Estado y de la burocracia local para fomentar estos tipos de servicios como parte de su función principal de asegurar y garantizar niveles de vida óptimos hacia su población.
Pero por diversos motivos el Estado peruano ha descuidado mucho esta responsabilidad. Ante la falta de un proyecto propio de país, el crecimiento explosivo de las clases pobres y marginadas, así como una desigual desproporción económica entre la Capital y zonas urbanas en desmérito de las localidades rurales, estas grandes masas de población excluida han terminado por, en palabras de Matos Mar (1984), ”desbordar” las ciudades y el país entero. Este “desborde” se debe sobretodo por la movilización y migración del campo hacia la ciudad, generando una diversidad de problemas sociales como la exclusión, informalidad, pobreza, tugurios de diversos barrios, malas condiciones de vida, etc.
Esta problemática ha sido abordada desde diferentes perspectivas y por científicos sociales de diversas procedencias, desde el paradigma sociológico de Manuel Castells hasta los estudios clásicos de barriadas desde la mirada antropológica de José Matos Mar. Por el momento no incidiremos en estos enfoques, más bien profundizaremos la perspectiva histórica del problema.
Los modelos de Santiago Tacunán (2000) y Antonio Zapata (1997) intentan reconstruir la historia distrital, si bien desde una perspectiva diferente, teniendo como objetivo el encontrar una identidad urbana que logre armonizar las coyunturas diversas que vive sus objetos de estudios (los distritos de Comas y Villa El Salvador respectivamente) dentro del panorama general limeño, aunque con ciertas limitaciones en cada caso. Entonces, ¿Para qué estudiar las barriadas desde el punto de vista histórico?
Porque el problema que origina las barriadas y los dilemas subsiguientes debido a éstas parten de una determinada coyuntura que corresponde al crecimiento y expansión de las ciudades peruanas, sobre todo en la capital Lima, y existe la necesidad de establecer las pautas de este desarrollo y formación contemporánea de dichas ciudades para poder tener una perspectiva primeramente local y luego general de la coyuntura actual de problemas que viven dichas ciudades en la actualidad. Temas generales e importantes como identidad, construcción de derechos y ciudadanía, medio ambiente, patrimonio cultural, entre otros, pueden ser abordados desde la perspectiva histórica al estudiar primero desde un enfoque local/barrial/distrital para luego ir generalizando hasta tener una perspectiva global de una ciudad o región.
Es por ello que surge la necesidad por parte del historiador de empezar a estudiar estos fenómenos urbanos, teniendo como objeto de estudio principal a los habitantes de las barriadas surgidas en las primeras décadas del siglo XX y consolidada en los 50’s con la explosión demográfica y urbana que no solo afecta socialmente a Lima si no que desestabiliza las regiones del interior y la dinámica social se vuelve más compleja. El enfoque que se pueda dar en los trabajos históricos depende mucho de los intereses y objetivos del investigador, como establecer las relaciones de poder y dependencia entre las barriadas y el Estado (COLLIER 1978), fortalecer una identidad local desde una perspectiva de larga duración (TÁCUNAN 2000), entre otros.
En el presente trabajo queremos proponer un modelo alternativo con respecto a los demás trabajos, rescatando teorías y modelos provenientes de la sociología, antropología y geografía. Nos enfocaremos en establecer las relaciones sociales y vinculantes entre las instituciones formadas dentro de las mismas barriadas, cuánta es su influencia en el desarrollo de éstas y del posterior distrito; así como la relación entre el medio ambiente y los pobladores, puesto que toda acción humana como la ocupación de tierras para construir viviendas altera inevitablemente el anterior entorno que por lo general no había tenido una transformación tan radical como la intervención urbanística pudo haber generado.
Pero hay otra particularidad en esta propuesta: estudiar estas relaciones (poblador-institución y poblador/invasor-medio ambiente) dentro de los orígenes mismos de un conglomerado de barriadas hasta su consolidación como distrito y su inserción definitiva dentro de la dinámica interna de la ciudad al cual pertenecen. Esto es fundamental en nuestra percepción de abarcar el problema el cual hemos señalado, puesto que nos permitirá analizar desde una perspectiva micro y macro-local el surgimiento y desarrollo de muchos problemas en torno a dicho dilema de las barriadas, en especial los referidos al tema ambiental e institucional, así como los relacionados a la ciudadanía y a la identidad local/regional.

LAS BARRIADAS: TEORÍAS Y MODELOS DE ANÁLISIS DESDE LA PERSPECTIVA DE LAS CIENCIAS SOCIALES
Cuando nos referimos a los estudios sobre barriadas y problemas urbanos tenemos que remontarnos a las investigaciones y trabajos realizados por antropólogos, sociólogos, e incluso politólogos, quienes desde su propia perspectiva de entender los procesos sociales dan una descripción y análisis sobre éstos, casi exclusivamente en lo referente a Lima. A continuación un breve estado de la cuestión sobre los principales trabajos y teorías útiles que servirán para tener una referencia básica en este campo nuevo para los historiadores.
Un trabajo esencial para conocer el estado de la cuestión sobre la antropología y parte de la sociología en estos temas es el trabajo de Pablo Sandoval (2000) quien en un artículo suyo recoge los principales teóricos y trabajos de investigación que toman como objeto de estudio a la ciudad y a los procesos sociales que ocurren dentro de ella. Sandoval nos presenta cuatro hitos importantes dentro de los estudios urbanos. Un primer momento de cierto desconcierto frente a estos conglomerados urbanos que surgen en la Capital en la que la dicotomía entre lo criollo y lo andino se manifiesta en la ciudad como parte del proceso de industrialización y modernización de ésta, en la que se observa que los mecanismos andinos de sociabilidad subsisten en la metrópoli. Para los años 70’s ya existe una antropología “de lo ya no tan diferente”, en la que, imbuidos en las teorías marxistas y de marginalidad (en especial las emitidas por la sociología de Manuel Castells), se observan dos análisis distintos sobre la Capital: mientras la antropología sostenía la continuidad cultural de los Andes en Lima (a través de los patrones de sociabilidad de dichos migrantes provincianos), la disciplina sociológica observaba un permanente conflicto de clases dentro de las ciudades, más enfocada en la dinámica propia de las ciudades modernas y, en el caso peruano, en proceso de industrialización. En los años 80’s el paradigma teórico vuelve a presentarse de forma dual, en la que se confrontan una visión positiva de las ciudades, viendo los procesos y luchas sociales de los pobladores de las barriadas como una nueva forma de alcanzar sus derechos, conquistando a su manera su propia ciudadanía e identidad propia, una identidad nacional-popular (p. 299); mientras que por otro lado, desde una visión negativa, se observa que la crisis económica y social por la que atravesaba el país va a afectar y menguar el espíritu luchador de los pobladores en barriadas, plasmado sobre todo en la desorganización paulatina de sus propias asociaciones que entran en una fase de anomia al conseguir ya sus objetivos iniciales (agua, luz, desagüe, etc.) y no trazarse otros nuevos. Por último, ya en la década de 1990 las diversas teorías sociales intentar estudiar a los pobladores de barriadas ya no bajo la dualidad de lo criollo y lo andino, si no más bien dentro del contexto de la globalización, con generaciones nuevas más desvinculadas del ande; se va a entender la evolución de las identidades culturales barriales como productos de coyunturas histórico-espaciales dinámicas, coyuntura muy distinta a la de los 50-60’s y por ende necesidad de nuevas categorías de análisis.
Entre los principales teóricos y estudiosos de estos procesos urbanos destacan Matos Mar y su perspectiva descriptiva sobre las barriadas y su visión sobre el “desborde” de las ciudades (1977, 1984), en donde éstas, de espacios aristócratas y criollos, poco a poco se va “andinizando” debido a las costumbres y patrones culturales de adaptación provenientes del lugar de origen de estos nuevos limeños. Hay que tener muy en cuenta que, como afirma Carlos Delgado (1971), el proceso de surgimiento de barriadas y tugurios en la Capital y otros espacios urbanos está muy ligado a la migración proveniente del campo hacia las ciudades (pp. 122-124). Degregori, Blondet y Lynch (1986) analizan desde una perspectiva interdisciplinaria el proceso de “conquista popular de la ciudadanía” en el caso concreto del distrito limeño de San Martín de Porras, en donde la identidad es un proceso construido en lo cotidiano, vinculando la cultura con las prácticas políticas “puesto que los significados son constitutivos de procesos que, implícita o explícitamente, buscan redefinir el papel social” (p. 7). Por último, destaca también por su importancia en el tema el trabajo de Golte y Adams (1986) puesto que su visión de enfrentamiento cotidiano, constante, entre lo criollo (limeños establecidos) y andinos (marginales) en ámbitos como lo étnico, social y cultural tienden a desaparecer (o a resolverse mejor dicho) en el plano económico; el mercado informal da el soporte cultural y la legitimidad económica necesaria para ir poco a poco ganando territorio en las principales urbes.
Es interesante así mismo entender las principales teorías sociológicas respecto a la ciudad. En este ámbito destacan el material producido por el Centro de Estudios y Promoción del Desarrollo, DESCO, institución que trabaja sobre todo en las zonas marginales del sur de Lima, el anteriormente llamado Cono Sur. De ello destacan por su importancia la obra de Gustavo Riofrío (1978), que bajo el singular título de Se busca terreno para próxima barriada, concluye que el principal problema social en el Perú es la falta de tierras habilitadas para la urbanización, de la que se desprende la falta de una política estatal orientada a solucionar dicho problema de vivienda. Es así que los más pobres y marginales no tienen otra opción que buscar sus propios medios para conseguir un nuevo terreno donde vivir como el de invadir terrenos públicos o privados sin construir. Otra interesante obra del mencionado autor junto con Alfredo Rodríguez (1980), De invasores a invadidos (2). 10 años de autodesarrollo en una barriada, sigue explorando en el mundo marginal, intentando explicar el motivo del porqué diversas instituciones y grupos no gubernamentales intervienen en el desarrollo de las barriadas, viendo en el caso particular de Pamplona Alta una renovación conceptual positiva de la realidad por parte de los sectores de poder con el fin de generar una política paternalista y de clientelismo con los sectores populares y evitar cualquier movimiento social que atente contra sus intereses. Algo parecido sostiene el politólogo David Collier (1978), quien analiza los periodos presidenciales y las políticas estatales del gobierno del general Odría hasta el de Velasco Alvarado, explicando el surgimiento de las barriadas gracias al clientelismo y control político de los sectores de poder hacia estas masas populares, brindando facilidades para el “autodesarrollo” a cambio de afianzar su control político y partidario en la zona.
Como podemos observar, los cuantiosos estudios sobre el fenómeno de las barriadas ha partido desde una perspectiva sincrónica, muy limitada a las coyunturas del momento, así como a las principales paradigmas en las Ciencias Sociales que aportaron e influenciaron dichos trabajos en lo concerniente a lo conceptual y metodológico. La mayoría de trabajos para la época en que nos interesa se realizan en estas mismas coyunturas sociales, sin otra visión más que interpretar los cambios producidos en la sociedad y poner de manifiesto estas contradicciones de clase (sea étnica, social o económica) ya sea para generar políticas progresistas o con el incentivo de acelerar la revolución social, como es característico de los estudios realizados entre los 70’s y 80’s.

LA VISIÓN DEL HISTORIADOR: ESTUDIOS BARRIALES Y DISTRITALES DESDE LA MIRADA HISTÓRICA
Para el caso de la disciplina histórica son muy escasos los trabajos e investigadores que se dedican a la construcción de modelos de historia distrital. De ellos podemos destacar por su importancia los trabajos realizados por Santiago Tacunán y Antonio Zapata, en especial sus trabajos claves para entender el proceso histórico tanto del distrito limeño de Comas como del también capitalino Villa El Salvador.
Pero el enfoque realizado por ambos investigadores difiere mucho entre sí. Mientras Tacunán (2000) realiza una historia “de larga duración” que abarca no solo la historia misma del distrito si no que rastrea sus orígenes coloniales y prehispánicos, Zapata (1997) se limita a contarnos la historia de 25 años de Villa El Salvador, desde el surgimiento mismo de la barriada hasta los momentos de la violencia política, mencionando sus antecedentes inmediatos en el contexto del crecimiento de la Capital y los hechos ocurridos en Pamplona que terminaron precipitando la creación del distrito mismo.
La historia que Tacunán intenta describir es de una historia misma del lugar que actualmente conocemos como el distrito de Comas, intentando generar un vínculo de identidad entre sus nuevos pobladores y el espacio en el cual habitan generando una historia que intente demostrar la importancia de éste como hábitat de civilizaciones destacadas en el pasado (El señorío Colli o la importancia de las haciendas del lugar en la colonia por ejemplo) y el reto de los actuales pobladores para seguir con esta línea. Es por ello el enfoque de larga duración del espacio: para la elaboración de una historia que genere una identidad local y distrital, así como una revaloración de los monumentos y de la cultura misma (material o no) de todos estos anteriores pobladores.
Por otro lado, Zapata propone analizar las barriadas teniendo en cuenta los procesos sociales en las cuales se desarrolla a lo largo de su historia. Para el caso de Villa El Salvador analiza la historia de sus 25 años de su existencia a través de hitos como lo es la invasión de Pamplona (San Juan de Miraflores) y la movilización y traslado de dichos pobladores por parte del Estado hacia un terreno inhóspito como los arenales del mencionado distrito, posteriormente las futuras crisis comunales que atraviesa dicha sociedad hasta hechos más contemporáneos como la intervención de Sendero Luminoso y su lucha por asimilar los movimientos barriales a su causa.
Podemos concluir que el uso de la perspectiva histórica en los trabajos sobre barriadas y el desarrollo del proceso de modernización y crecimiento de Lima y otras ciudades son muy escasos y no permiten una adecuada reflexión desde la Historia a este periodo importante de la cual se desprenden una gran cantidad de problemas actuales. Si bien temas como identidad y movimientos sociales han sido abordados por los mencionados autores, no existe por el momento un claro interés por parte de los historiadores en enfatizar estos temas contemporáneos y problemas muy urgentes a resolver.

ALGUNAS PRECISIONES CONCEPTUALES PARA UN MODELO ALTERNATIVO DE ESTUDIOS BARRIALES Y DISTRITALES
Pero para empezar a plantear esta nueva propuesta de análisis y estudio de barriadas debemos realizar algunas precisiones conceptuales que guiarán nuestro trabajo.
Entre la gama de conceptos la que destaca más para el presente trabajo es lo referente a espacio. La importancia del concepto espacio radica en entender y delimitar el objeto de estudio dentro del cuál se procederán a desarrollar las diversas acciones que transformen no solo a los actores sociales sino a éste mismo. María Macias Huerta (2008) nos brinda, en un artículo que aborda las definiciones multidisciplinarias sobre los conceptos de espacio y región, un breve estado de la cuestión sobre las precisiones dadas a estos términos en los últimos años. Llevándonos a la clásica concepción de las ciencias sociales de ver al espacio como algo inmóvil, el cuál es ajeno a lo que ocurre en su interior, o desde una perspectiva muy determinista (el devenir del hombre está marcado y predispuesto por su entorno), la autora nos refresca con el impacto de la teoría de la relatividad de Einstein y los avances de las matemáticas de Poincare en las ciencias geográficas e históricas en las que tiempo y espacio se “miden cada uno en función de la relación entre los fenómenos (objetos) y los movimientos, que ahí existen”. Esto replantea la definición de ambas categorías, estableciéndose una fuerte relación entre ellas puesto que “un fenómeno geográfico es resultado de un proceso histórico, y un suceso histórico tiene como escenario un espacio (lugar) determinado”. Debido a ello, el concepto de espacio no solo engloba el lugar a estudiar, sino a los acontecimientos que realizan el hombre y demás seres vivientes en dicho escenario para subsistir y aprovecharlo en la manera posible para cumplir con sus funciones básicas y secundarias. Es en este proceso que se genera transformaciones en dicho espacio debido a las diversas acciones realizadas por los seres vivientes (en especial el hombre, como individuo y actor social) en su afán por adaptarse al espacio y adaptar éste para satisfacer sus necesidades. Estos procesos que se generan en el tiempo van muy relacionados al concepto y concepción misma del espacio como categoría no solo geográfica si no también como categoría social y antropológica. Es por ello que, como concluye la autora, “la dimensión espacial se manifiesta desde el momento en que se reconoce la existencia de lo real”.
Podemos concluir que el espacio es una dimensión que abarca los procesos que en el tiempo la transforman, incluyendo en ello el accionar humano y el uso de tecnología que cambian y alteran dicho espacio de una manera variada para su conveniencia.
En el presente artículo queremos precisar el concepto de espacio urbano, en el cual teniendo en cuenta lo anterior, definimos como tal el espacio utilizado para la construcción y desarrollo de viviendas (en este caso, barriadas), dígase en otras palabras: un determinado espacio se convierte en urbano cuando la acción de personas la modifica con el objetivo de habilitar dicho terreno para la construcción de viviendas y demás infraestructuras necesarias para su propio desarrollo básico y complementario (jardines, autopistas, calles, instalaciones de agua y desagüe, etc.).
Otro concepto fundamental es el término de migrante, carácter mayoritario de los nuevos pobladores urbanos. El concepto tradicional de un migrante es entendido como un éxodo de un determinado sujeto o población, que por diversos motivos abandona su lugar natal hacia uno nuevo que le permitan disfrutar de mejores condiciones de vida. Esta migración genera en el migrante diversas dificultades, desde un proceso de adaptación a su nuevo lugar de origen, la búsqueda de un medio de subsistencia (un empleo que le permita solucionar sus problemas básicos), y el rechazo recibido por los pobladores naturales de la ciudad receptora (MATOS MAR 1984, ELÍAS 1998). El aflujo enorme y constante de migrantes en una ciudad determinada, como nuestra capital, puede cambiar de forma radical el paisaje urbanístico y la composición social de dicha urbe. Bajo esta premisa entenderemos mejor los procesos de formación de barriadas en las ciudades peruanas, en especial Lima, por los años 50’s del siglo anterior.
Cuando se da esta migración se necesita por ende un espacio, un lugar en el cual estos nuevos personajes urbanos puedan instalar sus viviendas. Ante una escasez de terrenos o la falta de capital económico se recurre a otras instancias, como el invadir terrenos estatales o privados deshabitados y sin custodia para establecer sus viviendas. Es por ello que se entiende como invasores a las personas que en su búsqueda de terrenos para construir su hogar, y ante la poca oferta de tierras, invaden terrenos  de propiedad privada o estatal (de forma pacífica, o muchas veces de forma violenta) y construyen de forma precaria su hogar. Debemos aclarar que los motivos para buscar terrenos donde invadir son muy diversos y relativos según el tiempo en que se proceda. La búsqueda de un hogar propio es el fin de dichas invasiones, pero los motivos que impulsan a dichos invasores a adoptar estas medidas son variadas: promovidas por grupos políticos con fines particulares (COLLIER 1978), por la necesidad colectiva de subsistencia en el mundo urbano (CHARLES 1967) o por la necesidad particular de cada invasor de obtener una vivienda que se ajuste a su ritmo de vida (más cerca a su lugar de trabajo – del centro de la ciudad –, por deseos de independizarse de sus hogares de origen, para obtener una casa propia, etc.) (MATOS MAR 1977, CHARLES 1967). En conclusión, si bien el objetivo de los invasores es obtener una vivienda con su accionar, no necesariamente le es vital conseguirla, puesto que la mayoría de invasores cuenta con una determinada residencia que pueda cumplir sus necesidades básicas (MATOS MAR 1977).
En el trayecto, al establecerse en un determinado lugar y levantar sus hogares de forma precaria, éstas se constituyen en lo que vamos a denominar como barriadas. En una definición del gran investigador sobre temas barriales, José Matos Mar,  explica que “una barriada marginal es un conglomerado social constituido por un grupo de familias que invaden terrenos baldíos, generalmente de propiedad del Estado y en menor escala de la Beneficencia Pública, de las Municipalidades o de propietarios particulares que no los utilizan, terrenos que están ubicados en la periferias de la ciudad” (1968: 19). Posteriormente el autor propone una secuencia de desarrollo: el concepto de barriada no implica una situación estática, por el contrario es definida como un proceso donde a pesar de un inicio precario la finalidad del poblador es tener una vivienda propia y un mejor futuro en ella. Por lo general construidas inicialmente de esteras por los mismos pobladores, la organización en Asociaciones de Pobladores permitirá la formación de un barrio y posteriormente dotarse de los servicios públicos básicos y secundarios (agua, luz, desagüe, colegios, posta médica, parques, iglesia, local comunal, entre otros), con diversa suerte para cada caso. Para cumplir sus objetivos se valdrán de diversos recursos como los favores políticos, las instituciones religiosas, etc. Sintetizando el concepto de barriadas, en un estudio más particular sobre Lima (1978), Matos Mar define a la barriada como:
(…) un barrio ‘no oficial’, es decir una agrupación social organizada más o menos espontáneamente cuyo fin es obtener una vivienda para sus moradores y que se desarrolla al margen de las disposiciones vigentes (…). Sólo en su etapa inicial son barriadas o “pueblos jóvenes” (…). Después es el barrio popular no legal, asimilado a un distrito ya existente. Finalmente, constituyen un distrito integrado exclusivamente por “ex-barriadas”, con lo que reciben reconocimiento y beneficios del sistema político-administrativo. (p. 16)
En el mencionado estudio (cuya primera edición fue en 1966), Matos Mar incidirá en las características particulares sobre el caso limeño, resaltando que la búsqueda de sus objetivos será el factor que cohesionará a las barriadas internamente, así como el apoyo y amparo que reciben del Estado en búsqueda de partidarios del gobierno de turno (para mayor información, Collier 1978).
Por otro lado, la definición de Driant (1991), que tuvo como ventaja el poder observar el proceso de las barriadas ya desarrollado completamente, al menos, en los principales ejes urbanos de nuestra Capital, muestra la síntesis conceptual de los números trabajos sobre el tema:
La barriada es un conjunto de viviendas formadas a partir de la ocupación de un terreno por parte de familias, por iniciativa propia o por la de los poderes públicos. El terreno no goza, al momento de su ocupación, de ninguna habilitación urbana con la excepción, en ciertos casos, de un simple trazo de lotización. La adjudicación, la dotación de servicios y equipamientos públicos y la construcción de la vivienda, se llevan a cabo posteriormente a la ocupación del suelo, en un proceso lento, diferente de una barriada a otra, y cuya iniciativa, e incluso realización, generalmente corre a cargo de la población, en el marco de la familia o de la organización de los pobladores. (p. 20)
Esta definición demuestra mayor riqueza al delimitar el concepto al fenómeno mismo de la barriada con sus características y peculiaridades que van transformándose conforme se va consolidando, sin explayarse a otros fenómenos como es la génesis y creación de los distritos periféricos, si bien están implícitos en éste. Desde ahora podemos empezar a distinguir y diferenciar el proceso de las barriadas con el posterior surgimiento de los distritos de la periferia de la Capital. Si bien muchas de estas barriadas se convirtieron con el tiempo en la génesis de muchos distritos actuales, recordemos que éstas surgieron ilegalmente (salvo el caso de Villa El Salvador y Canto Grande, entre los más emblemáticos en Lima) en terrenos (públicos o estatales) pertenecientes a la jurisdicción de un distrito mayor, y que conforme la estructura de la organización se fue haciendo más compleja (complejidad uniforme como en los distritos del casco urbano, o parcializada como en los distritos periféricos), ésta tuvo que dividirse para una mejor administración política, jurídica, económica y social. Esto explica como el antiguo distrito limeño de Santiago de Surco se desprende Surquillo (de clase media al noroeste, en 1949), parte de La Molina (provenientes de la clase alta de la urbanización Monterrico al este, en 1962) y San Juan de Miraflores (constituidas por invasiones consolidadas al sur, en 1965).
Haciendo un balance sobre las definiciones expuestas líneas arriba, podemos seguir la definición propuesta por Driant, pero realizando ciertas aclaraciones explícitas. Primeramente que las barriadas pueden ser concebidas como invasiones premeditadas que permitan a los nuevos pobladores hacer frente a los obstáculos y consecuencias que lleva consigo la invasión ilegal. En segundo lugar, las zonas de establecimiento de las barriadas por lo general son periféricas a centros económicos y/o laborales, los primeros sirven como abastecimiento de recursos, los segundos como fuente de trabajo e ingresos. Tercero, rescataremos la definición de Matos Mar, puesto que su concepción ‘evolutiva’ del término barriada nos ayudará a comprender el desarrollo histórico de las barriadas y como se  constituyen en unidades jurídicas (como un distrito) diferentes a la que estuvieron sujetas en un inicio.

UNA NUEVA PERSPECTIVA PARA UN VIEJO PROBLEMA
Habiendo desarrollado ya los diversos apartados, y tomando éstos como referencias necesarias para entender el tema de las barriadas, proponemos a continuación un modelo de análisis que permita entender esta problemática desde la perspectiva histórica.
Debemos partir del ya mencionado concepto de espacio urbano como principal objeto de estudio: no tomarlo como simple categoría geográfica, si no como una categoría social, antropológica, en el cual procederemos a estudiar cómo se convierte un espacio ‘x’ (agrícola, desértico, rocoso, etc., dependiendo del ecosistema y las relaciones sociales establecidas previamente) y se transforma para adecuarse a las necesidades de nuevos pobladores en búsqueda de viviendas y necesidades básicas y secundarias que abastecer. Estos pobladores pueden transformar sea por métodos violentos e impositivos como es el acto de invadir terrenos públicos o privados desolados (el clásico ejemplo que Matos Mar menciona es Ciudad de Dios, en el distrito de San Juan de Miraflores, Lima), sea por amparo y apoyo estatal (como el ya mencionado caso de Villa El Salvador), o por inversiones e intereses privados en urbanizar sobretodo espacios dentro de los llamados cascos urbanos (para Lima, véase los casos de San Felipe o las residenciales construidas en el distrito de Santiago de Surco en los últimos 20 años sobre suelo agrícola). En otras palabras, el modelo que proponemos intenta partir desde una perspectiva histórica la transformación de diversos espacios anteriormente no considerados como zonas residenciales hacia espacios urbanos debido a la necesidad imperante de conseguir lugares nuevos donde pueda residir la población migrante del interior del país. Las relaciones sociales y los medios tecnológicos que utilizan para adaptar y transformar dichos espacios serán nombradas como relaciones entre los nuevos pobladores y su medio ambiente.
La importancia de estudiar este primer eje de interacción radica en entender cómo se va desarrollando este proceso a lo largo del tiempo y cómo cambian y se modifican en dicho lapso. Pero no solo basta con establecer un plano meramente descriptivo, sino que también busca analizar las relaciones que se van gestando dentro del mismo grupo humano para cumplir sus objetivos trazados (léase urbanizar dicho espacio) y como construyen y autodefinen en ese trayecto categorías de análisis tan esenciales en la actualidad como lo concerniente a identidad y sociabilidad. Puesto que, citando a los autores de Conquistadores de un nuevo mundo… (1986), es en esta nueva coyuntura que muchos peruanos logran generar su propia identidad no solo con relación al espacio natural de procedencia, si no que dentro de su nuevo espacio urbano construyen su propia ciudadanía e identidad local y nacional (pp. 156-157). Por último, este primer eje nos permite a su vez entrar en un tema actualmente vigente en la historiografía como lo es lo relacionado al ambiente y al impacto de las acciones humanas en la transformación y alteración de dichos espacios, pertenecientes a un determinado ecosistema, en su deseo de poder cumplir sus metas materiales.
El segundo eje que proponemos es, una vez entendido y desarrollado las relaciones entre los pobladores y su nuevo medio ambiente, analizar cómo estos vínculos de autodesarrollo se confrontan con los intereses y políticas estatales y por parte de los grupos de “establecidos”. En este nuevo eje rescatamos los postulados de la teoría de marginalidad y de los establecidos (ELÍAS 1998) en la cual explica que la marginalización de diversos grupos sociales no solo se expresa desde la perspectiva marxista económica, si no que se da sobre todo por una reacción de defensa a lo que el grupo establecido (unidos por un vínculo íntimo de sociabilidad) considera un atentado contra sus normas sociales preestablecidas por parte de los grupos migrantes y relativamente nuevos en una sociedad. Se combina con otras teorías del poder, en donde para establecer la marginalidad se utiliza estos mecanismos para asegurar su supremacía. A ello debemos agregar la teoría del paternalismo estatal (COLLIER 1978), en la cual interpreta al surgimiento de las barriadas solo como una relación dinámica y dependiente entre los grupos de poder y las clases populares, donde el primero brinda las facilidades para la vivienda con tal de ser retribuidos con la sujeción política de estos grupos. Es decir, el grupo de pobladores establecidos desde varias décadas atrás en estas ciudades, al percibir como una amenaza al orden y las “buenas normas” las migraciones masivas del campo hacia estos nuevos espacios, y en pleno uso y control de los cargos públicos y privados de poder local y regional (incluso nacional), interactúan con estos nuevos pobladores a través de diversas acciones y políticas urbanas con el fin de marginarlos de todo centro de poder y controlarlos para sus propios fines. Es ahí que juegan un papel importante las instituciones públicas, privadas e incluso de índole religiosa, puesto que serán ellas las que ejecuten y respondan ante las políticas urbanas realizadas por estas elites  para cuidar sus propios intereses ante el paulatino “desborde” ocasionado por estos nuevos pobladores y reflejado en el primer eje de análisis.
La importancia de ello radica en entender estos choques político-culturales entre estos nuevos pobladores, que por un lado intentan materializar sus sueños urbanizando nuevos espacios, y los pobladores establecidos, quienes controlan los mecanismos de poder e intentan proteger sus intereses ante los nuevos desafíos que impone el desarrollo y modernización de las ciudades peruanas. El entorno urbano entra como contexto, espacio y sujeto de estudio, por ser éste el lugar donde se centran los principales procesos sociales, por ser el espacio que se modifica y transforma por acción humana en un lugar apto para la construcción de viviendas, y por ser éste el móvil por el cual los pobladores interactuarán con las autoridades e instituciones para conseguir su plena urbanización.
La importancia de abordar estos estudios desde una perspectiva histórica, mencionada en las primeras líneas de este trabajo, resulta una necesidad cada vez más imperante en vista de los continuos problemas urbanos que se desarrollan a nivel nacional. El desafío está afuera de nuestros hogares, depende de los historiadores abordarlo y empezar por entender las propias realidades de sus espacios urbanos del cual proceden. Es la oportunidad para que los trabajos históricos dejen de ser de utilidad erudita y ser más prácticas y dinámicas.

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[1] Ponencia presentada en el IV Coloquio de Historia Regional, Arequipa, desarrollado los días 5, 6 y 7 de diciembre del 2012.

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