miércoles, 15 de agosto de 2012

EL SENTIDO INTRAMUNDANO[1]DE LA UTOPÍA DE TOMAS MORO




La isla Utopía de Tomás Moro por Ambrosii Holbein.[*]

[] tengo necesariamente que confesar y admitir que hay muchas cosas en la república de Utopía que, más que confiar en ello, desearía para nuestras ciudades.(MORE 1984:200)



Por J. Michael Napán Napán
E.A.P. Historia - UNMSM
jianferal@hotmail.com

La Europa del Siglo XVI era una sociedad con grandes cambios a nivel político (autonomías y soberanías), a nivel económico se intensificaban  las relaciones en el mercado (el comercio), y a nivel social se daban duros cuestionamientos a la iglesia católica, que cada vez perdía legitimidad, de la misma manera  la ciencia y las artes se desarrollaron optando por modelos clásicos que significaban un renacer del hombre. Es en este contexto donde se dan las ideas seculares individualistas (la utilidad y beneficio). Ante esta situación los humanistas cristianos que abogaban por una renovación a nivel institucional de la iglesia (debido a que estaba perdiendo su legitimidad)  e influenciados la vez por ideas renacentistas (el humanismo cristiano pugna por seguir el modelo cristiano primitivo que se había perdido) y  las noticias del “Nuevo Mundo” hacen avizorar  la llegada de nuevos tiempos, es por eso que surgió la necesidad de fortalecer y renovar a la iglesia, y el instrumento guía para cumplir tales cometidos (cohesión) serán las utopías.

De esta manera las nuevas formas de relaciones sociales llevadas  a cabo en Inglaterra, llevarán a que Tomás Moro haga un cuestionamiento a la realidad de su época, producto de ello será la Utopía. En tal sentido el presente trabajo busca aproximarse a aspectos humanistas intramundanos dentro de la obra mencionada.

I.                   La Utopía en contexto.

Para poder contextualizar la obra de Tomás Moro, tenemos que empezar mencionando las nuevas formas de relaciones sociales que se están tejiendo en la Inglaterra del Siglo XV y XVI, Horkheimer lo sintetiza de la siguiente manera:

Los pequeños campesinos que por aquella época, fueron expulsados por los propietarios de las casas y las fincas porque se estaba procediendo a la transformación de comunidades rurales enteras en zonas de pastos para ovejas, con vistas  que el suministro de lanas   a las manufacturas textiles de Flandes fuera rentable. Un horrible destino esperaba a los campesinos que iban hambrientos de un sitio para otro dedicándose al primer pillaje (HORKHEIMER 1982:83).

Esta situación hace que se genere un caos interno, todos los desplazados del campo se verán forzados a ingresar a las manufacturas o estar condenados a la servidumbre y/o al robo. A esta realidad se refiere Moro en Utopía, y a todo este caos, propondrá la salida por medio de “una distribución equitativa y justa de todas las cosas y que aquella perfecta plenitud no existirá nunca entre los hombres a menos que esta propiedad sea proscrita y prohibida” (HORKHEIMER 1982:83). Esto significa la erradicación de la propiedad privada para el establecimiento de una propiedad de bienes comunes.

II.                La Utopía y el sentido humanista intramundano

Etimológicamente, utopía significa “lugar que no existe” o “lugar en ninguna parte”[3]. Pero lo importante es que esta inexistencia puede entenderse como “lo que aún no es”, o bien lo “que no puede ser”. Amable Fernández Sanz citando a Bronislaw Baczko señala que:

Las utopías manifiestan y expresan de manera específica una cierta época, sus obsesiones y rebeliones, tanto el campo de sus esperas como los caminos inventados por la imaginación social y su manera de considerar lo posible y lo imposible, rebasar o aventajar la realidad no implica que sea un sueño o una evasión, la utopía parte de una realidad y ofrece sobre ella un testimonio revelador (1995: 166)

En esta perspectiva Tomás Moro trató de denunciar el presente y señalar nuevos caminos que renovasen al hombre y a la sociedad (la presencia del sentido del progreso[4]). Un progreso que lleva hacia una sociedad justa. “La utopía triunfa en la certidumbre del reino del hombre; se convierte en ciencia- ficción, negando las miserias del presente para refugiarse en las mañanas encantadoras” (SERVIER 1969:227).

 Un aspecto que sin lugar  dudas ha tenido influencia en las diversas utopías, es la aparición inesperada e imprevista de amplísimos espacios y de poblaciones que se habían conservado en un estado de total “incontaminación” respecto del Viejo Mundo, esto  hizo creer a los Europeos que había llegado el momento de edificar el “Nuevo Mundo”, un mundo más humano donde era posible alcanzar ese deseo de paraíso terrenal: intramundano.

De esta forma podemos entender mejor, cuando Eugenio Ímaz se refiere a Utopía como “lugar que no hay”, porque se trata de “dos lugares, en Inglaterra y en América, en dos mundos, el Viejo y el Nuevo, es decir, en todas partes, como el Universal deseo Utópico” (ÍMAZ 1941:7). Así, esta utopía del renacimiento es la secularización del cielo de la Edad Media, la construcción de un mundo terrenal, al cual se podría acceder en vida, representa indudablemente, un giro radical respecto a épocas en las que sólo la muerte podía abrir al pobre las puertas para habitar en una sociedad justa.

III.             La sociedad en Utopía [5]

3.1.           Ubicación y descripción de la isla
La isla de Utopía – la contada por  Rafael Hythloday[6] -  y escrita por Tomás Moro, no tiene una ubicación exacta (ciñéndonos a lo narrado en la Utopía[7]) pero el autor pasa a narrar algunas descripciones geográficas donde resalta las bondades de su relieve, y debido a ellas mismas, los utopianos pueden establecer redes de comercio y a la vez defenderse de algunos ataques.

La isla de Utopía tiene una anchura de doscientas millas en su parte media (que es la más ancha).Esta anchura continúa por la mayor parte del suelo salvo que poco a poco se adentra y se estrecha hacia ambos extremos. El perímetro, con un circuito o ruedo de quinientas millas conforma la isla como una luna nueva (ver imagen). Entre estos dos cuernos penetra el mar, que los separa en una distancia de once millas aproximadamente y allí se extiende en un vasto y ancho mar que por razón de que la tierra a ambos lados les circunda y protege de los vientos no es encrespado ni invadido por grandes olas sino que fluye casi sin moverse, no muy distinto de un gran lado y convierte así todo el espacio dentro del cinturón de tierra en una especie de puerto y , de gran beneficio para los habitantes, recibe barcos de todas las direcciones.(MORE 1984:119)

Desde ya podemos dar cuenta que se trata de ubicar geográficamente a Utopía en una parte de la esfera terrestre donde existen todas las relaciones humanamente posibles de vivir.[8]

Utopía fue fundada por Utopo, este personaje aparece, no como un héroe fundador, sino como un reformador de la vida y las relaciones, pues antes de él, Utopía no tenía leyes justas en beneficio común.
Pero el rey Utopo, cuyo nombre, como de su conquistador, lleva la isla (pues antes de su reinado se llamaba Abraxa) quien además condujo al pueblo rústico y salvaje a la excelente perfección de todas las buenas costumbres, humanitarismo y civilización en que superan actualmente a todas las gentes del mundo[] (MORE 1984:120)

La isla se distribuye en  cincuenta y cuatro ciudades (se trata de ciudades - estado confederadas, ninguna de estas desea extender las fronteras y límites de sus demarcaciones), todas tienen una misma lengua y costumbres, instituciones y leyes parecidas. De todas las ciudades, las que se encuentran más cerca entre sí, están a 24 millas de distancia y a pie, no más de un día. La cuidad capital es Amaurota, esto debido a encontrarse ubicada en el centro de la isla  y es por tanto la más adecuada para todos los habitantes del reino (por ejemplo, para llevar a cabo reuniones).

La distribución de la sociedad evidencia la presencia del renacimiento,  en la cual “estaban movidos e inconscientemente guiados por la necesidad de belleza, en el antiguo sentido clásico, derivada del orden del cuerpo humano simétricamente equilibrado, organizado y animado”(KHALER 1946:154)

En cada ciudad,  “Han construido en el campo, en todas las partes de la demarcación, casas o granjas bien situadas y provistas de toda clase de instrumentos y herramientas propias de agricultura” (MORE 1984:121). Estas casas son habitadas por ciudadanos que van a vivir allí por un determinado tiempo (dos años seguidos) luego van a la ciudad y rotan. “Estos campesinos aran y cultivan la tierra y crían ganado y proporcionan y cortan leña que transportan a la ciudad por tierra o por mar según les resulte más conveniente” (MORE 1984:122). Siembran granos solo para el pan (es decir no para la cerveza), el ganado les sirve para su propio consumo y si hay un excedente se la divide entre sus propios vecinos.

En cuando a las ciudades mismas, el que conoce una conoce todas, tan parecidas son la una a la otra:
 “Cada casa tiene dos puertas, una a la calle y una secundaria en la parte posterior, que da al jardín. Esas puertas están hechas con dos hojas nunca cerradas ni con el cerrojo echado, tan fáciles de abrir que responden al mínimo tirón del dedo y se cierran solas de nuevo. Quien quiera puede entrar pues no hay nada dentro de las casas que sea privado propio de nadie. Y cada diez años se cambia de casa por sorteo.” (MORE 1984:125)

3.2.          Organización política y Social:

3.2.1.   Autoridades.
Cada treinta familias o granjas eligen a un representante llamado sifograntes, cada diez sifograntes a la vez dependen de una autoridad que se llama filarca. Con lo concerniente a la elección del príncipe, “[]todos los sifograntes, que son en número doscientos, juran elegir al que creen más idóneo y conveniente. Entonces por elección secreta nombran príncipe a uno de los cuatro que el pueblo les propuso antes.” (MORE 1984:127), el cargo de los príncipes es vitalicio, y solo puede ser depuesto en el caso de sospecha de tiranía. Las decisiones se toman previa consulta y debate (mínimo unos tres días).

3.2.2.   Economía y Sociedad.
Todos los habitantes se dedican a la agricultura (tanto hombres como mujeres),  se les instruyen desde la infancia “como jugando”, pero no solo se dedican a la agricultura, si bien esta actividad es  común a todos, existe el oficio propio (se entiende propio no como suyo de pertenencia, sino como propio de una relación única, pero a la vez complementaria; además se practican otros oficios como la textilería, la herrería y la carpintería).  Las mujeres por su condición más débil, se dedican a actividades menos rústicas (como trabajar la lana y el lino) mientras que las ocupaciones más fatigosas están reservadas para los hombres. En esta parte se refleja la idea de propiedad de bienes comunes, por la cual se orientaba la crítica cristiana humanista, que recalcaba la idea de la cooperación y repartición de bienes.

La jornada laboral es de solo seis horas de trabajo, ocho al sueño y el resto de tiempo al descanso la recreación y otras prácticas.
Dividen el día y la noche en veinticuatro horas justas dedicando y asignando solo seis de estas horas al trabajo: antes del medio día tras el cual van directamente a comer, y después de almorzar , cuando han descansado dos horas, trabajan tres horas más y después van a cenar. Sobre las ocho de la tarde (contando la una a partir de la primera hora después del mediodía)  van a la cama; conceden ocho horas de sueño. (MORE 1984:129)

El tiempo libre puede ser aprovechado para satisfacer cualquier otro placer que deseen, pero estos “placeres” no tienen que ser inútiles, sino por el contrario beneficiosos. En utopía, esto parece ser posible debido a la ausencia de juegos de dados, considerados  perniciosos y absurdos. Además “no hay tabernas, ni cervecerías ni burdeles escondidos, ni lugares para malos consejos o reuniones ilegales sino que ellos están a la vista y bajo la mirada de todos” (MORE 1984:140). Esto en contraposición de la realidad de su tiempo, la pugna contra los vicios.

Como hemos dicho, todos están obligados a trabajar, tanto en trabajos manuales como en intelectuales, sin embargo esta última actividad es realizada únicamente por los sifograntes y los filarcas, todos ellos exentos de cualquier tipo de trabajo manual. Ahora, si no cumplen con las expectativas son cambiados.
Entre ellos están los sifograntes, quienes, aunque están privilegiados por la ley y exentos del trabajo, no se eximen de ellos mismos, con la condición de incitar más bien con su ejemplo a que otros trabajen. […]Pero si alguno de ellos no responde a las esperanzas y confianza en él depositadas, es sin tardanza devuelto al estamento de los artesanos. (MORE 1984:131)

3.2.3.   Vida y sus relaciones mutuas.
Como decíamos las sociedad (las ciudades) se componen por familias, las familias por parientes y todos ellos tienen a la cabeza al padre mayor y más anciano, en otras palabras se basan en un sistema patriarcal donde “las esposas dependen de sus maridos, los hijos de sus padres y, para resumir de los más jóvenes de sus mayores” (MORE 1984:135). Si existe un  exceso de integrantes  en una familia (cada familia debe tener un mínimo de diez integrantes y no más de dieciséis), se equipara con las otras familias, y si hay un exceso en una ciudad se equipara con otras ciudades y si aún así persiste el exceso, se envía a esas personas a habitar otras tierras fueras de la isla.

Cada ciudad está dividida en cuatro partes iguales o barrios y al centro de cada barrio hay una plaza de mercado con toda clase de productos. Allí:

Son transportados a determinados edificios los frutos del trabajo de cada familia y cada tipo de cosa se guarda respectivamente en graneros y almacenes. Allí el padre o cabeza de cada familia va a buscar todo lo que él y los suyos necesitan y se lo lleva sin dinero, sin intercambio, sin fianza, prenda ni garantía. (MORE 1984:135)

En Utopía no utilizan la moneda, pero sí la guardan para una posible eventualidad (como por ejemplo las guerras[9]) que puede darse como puede ser que nunca llegue a ocurrir. En este aspecto, nos dice Magdalena Vexler que “los utopianos acumulan oro y plata en contradicción con el principio de que estos metales carecen de valor económico” (2001: 74). Al parecer hay un cierto rechazo a las relaciones de intercambio monetarias, pero paradójicamente se termina aceptando su importancia en uso.

3.2.4.   Moral y  educación
El postulado de la moral en Utopía pasa por reconocer el vivir de acuerdo a la naturaleza,  donde yace la única y principal felicidad humana. Todo esto se logra con una vida ordenada de acuerdo con la naturaleza (la virtud) y la complacencia del placer, que la entienden como “todo movimiento y estado del cuerpo y del espíritu en el cual el hombre se encuentra deleite por la naturaleza” (MORE 1984:151). Hacen la distinción entre  los que tergiversan el placer y los que en verdad deleitan el placer. El falso placer no cree en las esencias naturales  espirituales, lo material tiene importancia por la cual se funda esta idea de superioridad, vanidad y avaricia, esto se puede ver reflejado en el siguiente párrafo:

Pues  si consideráis de utilidad práctica los vestidos ¿Por qué ha de pensarse que la lana tejida con un hilo más fino es mejor que la lana tejida con un hilo más basto?(sic) Sin embargo ellos como si uno superara al otro por naturaleza y no en el error se pavonean y creen que el valor de sus propias personas se ha incrementado en gran manera con esto.(MORE 1984:152)

Por otro lado, la deleitación del placer se puede distinguir en dos clases: la del alma y la del cuerpo. La de alma es la contemplación de la verdad por medio de la inteligencia, también se encuentran en ello los recuerdos placenteros del pasado. El placer del cuerpo supone a la vez dos cosas: la primera es el deleite obtenido por las percepciones de los sentidos y lo segundo sería en el estado sano del cuerpo (una buena salud). Pero hay que recalcar el placer fundamental pasa por el deleite espiritual, y este solo se logra por “la adquisición de los principios morales a través de la educación”. Una educación que es inculcada desde niños y tiene como base espiritual  la religión.

La religión[10] en utopía refleja la necesidad de los críticos humanistas por establecer el carácter universal de la iglesia frente al surgimiento de cismas o separaciones de la iglesia madre, aunque hay que decir que su idea de tolerancia pasaba en el respeto a las otras religiones, pero al final se aceptaba solo una, como la verdadera y rectora de todos. Moro describe:

Hay diversas clases de religiones en Utopía, no solo en las distintas partes de la isla sino también en los diversos lugares de cada ciudad. Algunos adoran como Dios al sol, algunos  a la luna, otros a algunos planetas. Pero[]  creen que hay un cierto poder divino, desconocido, eterno, incomprensible, inexplicable, muy por encima de la capacidad de la inteligencia humana, extendido por todo el mundo no por tamaño sino en virtud y poder. Le llaman padre de todos. A él solo atribuyen los principios, desarrollo, progresos, cambios y fines de todas las cosas y no ofrecen honores divinos a nadie más que a él. En verdad aunque todos los demás sean de diversas opiniones, en este punto también coinciden en conjunto con los más sabios en creer que hay un dios fundamental y principal creador y soberano a todo el mundo[](MORE 1984:181 -182)

El Dios en Utopía tiene por nombre Mitra, y nadie es castigado por creer en otros entes, salvo aquellos que son ateos.
Moro  la vez hace hincapié en la necesidad de que Utopía se vea reflejado en otras ciudades de la época o que pongan en práctica el tipo de organización.
 []forma y organización del estado  es la mejor, y su propia religión la más verdadera y perfecta, entonces ruega a Dios que le conceda  una firmeza constante y que guíe al resto de la humanidad hacia el mismo orden de vida y hacia la misma idea de Dios[] (MORE 1984:194)
Algo que no se ha mencionado es que se considera que Utopía desciende de los griegos:
Pues pienso que esta nación tuvo sus orígenes en los griegos puesto que su habla en todos los restantes no es muy distinta del persa, muestra distintos signos y muestras de lengua griega en los nombres de sus ciudades y de sus magistrados (MORE 1984:159)
De lo mencionado se puede desglosar el carácter renacentista de la obra que toma modelos clásicos. Así vemos como Utopía se vuelve en un ideal a seguir, se convertirá en la brújula que necesitaba Europa.

IV.              A modo de conclusión:

La Utopía descrita por Tomás Moro, a diferencia de la Utopía de Platón, no se encuentra ininteligiblemente, es decir en el mundo de la ideas y por la cual su realización no sería plena, por el contrario Moro parte de un total convencimiento de que Utopía  se encuentra ubicada en un lugar de la esfera terrestre, esto refleja la secularización del cielo de la Edad Media. Así mismo, la construcción de un mundo terrenal, al cual se podría acceder en vida, representa indudablemente, un giro radical respecto a épocas en las que sólo la muerte podía abrir las puertas para habitar en una sociedad justa.

El carácter Humanista cristiano se hace sentir en Utopía, en esta idea del bien común y el respeto a la opinión de todos. En este sentido la idea de tolerancia será importante, ya que se acepta las diversas creencias religiosas. Si bien es cierto, en utopía se trata de plasmar una sociedad justa y equilibrada (influencia clásica), esto no es del todo cierto.  Utopía no es el paraíso terrenal, existen leyes que no se pueden infringir, y si los habitantes las infringen están condenados a la esclavitud (no es eterna felicidad de Agustín en la Ciudad  de Dios).  Más que ser una sociedad totalmente armónica, es una aproximación  un modelo “más justo”, “más equitativo” tratando de negar la realidad de su tiempo.
Solo para culminar tenemos que decir que las Utopías pueden ser objeto de interés como aproximación a futuros, como proyectos, pero que no deben ser totalmente cerrados (es decir modelos fijos e inevitables) sino de carácter abierto.


 BIBLIOGRAFÍA

FERNANDEZ SANZ, Amable                        (1995) “Utopía, progreso y revolución como categorías explicativas en la historia del pensamiento” En: Annales del seminario de historia y filosofía, n°12. Servicio de Publicaciones: UCM. p. 165 – 189.
HORKHEIMER, Max                                        (1982) “la Utopía” En: Historia, metafísica y escepticismo. Madrid: Alianza Editorial. p. 83 – 99
ÍMAZ, Eugenio                                                 (1941)   Utopías del Renacimiento. México: Fondo de Cultura Económica. p. 7 – 35
MORE, Thomas                                                (1984) Utopía.  MALLAFRE, Joaquim (Trad.) Barcelona: Ediciones Orbis.200 pp.
SERVIER, Jean                                                  (1969) Historia de la Utopía. España: Monte Avila  Editores. pp. 225 - 251
VEXLER TALLLEDO, Magdalena                  (2001) “La concepción del ser humano y la sociedad en  Utopía”. En: Yachay, revista de filosofía, n°5, año 7. p. 60 - 87
WERNER Plum                                                  (1975) Utopías inglesas, modelos de cooperación social y tecnológica. República Federal de Alemania: Hildesheimer Druck. p.  26 – 66,





[1] lo que para el pensamiento judeo - cristiano era la liberación de la miseria y limitaciones de la tierra, por un paraíso celeste, convertirá por convertirse para los humanistas cristianos, en liberación de miserias y necesidades humanas, en función de un paraíso intramundano (el sentido de liberación y superación y la fe en un progreso). Pero en el fondo, la estructura intelectual  sobre la que se apoyaba este hecho era idéntica

[2] lo que para el pensamiento judeo - cristiano era la liberación de la miseria y limitaciones de la tierra, por un paraíso celeste, convertirá por convertirse para los humanistas cristianos, en liberación de miserias y necesidades humanas, en función de un paraíso intramundano (el sentido de liberación y superación y la fe en un progreso). Pero en el fondo, la estructura intelectual  sobre la que se apoyaba este hecho era idéntica.
[3] “Utopía: no hay al lugar, traduce Quevedo en el prólogo a  la versión, expurgada, que en 1627 hizo don Gerónimo Antonio de Medinilla y Porres de la obra de Tomás Moro” (ÍMAZ 1941:7)
[4]  Werner Pum en su  tres formas de entender la utopía (entre la escatológica, una visión quiliástica que describe una utopía que se inicia en este mundo y continúa más allá;  la nostálgica, añoranza de restablecer un estado originario, pero que no deja de ser idílico y; la proyectante) ubica a la Utopía de Tomás Moro en la última menciona, aseverando que parte de bases realistas para proyectarse al futuro. (WERNER 1975: 26 – 66.

[5] Se publicó en 1516 bajo el título De Optimo Reipublicae Statu deque Nova Insula Utopia Libellus Vere Aureus (La mejor república y la nueva isla de Utopía)
[6] Hay que aclarar que Rafael es un persona ficticio, ya que no existió, en la novela era un portugués que ha viajado con Américo Vespucio al Nuevo Mundo, y en dicho viaje a visitado muchos lugares totalmente distintos a los de Europa, entre ellos Utopía, fue presentado por Peter Giles a Tomás Moro.
[7] Moro escribiéndole a Peter Giles dice: “no puedo decir por culpa de quién, si de mí o de ti o de Rafael. Pues ninguno de nosotros nos acordamos de preguntarle ni él decirnos en qué parte del Nuevo Mundo está situada Utopía” (MORE 1984:71)
[8] Otra afirmación de Moro podría avalar esta propuesta: “[]pero ciertamente creo esto: que sean como fueren esos decretos, no hay en ningún lugar en el mundo ni un pueblo más excelente ni una república más floreciente” (MORE 1984: 158)
[9] “Para este único propósito conservan en el país todo el tesoro que tienen: para que les ayude y socorra en caso de riesgo extremo o de peligro repentino. Pero especialmente y sobre todo para alquilar con él, y esto por unos salarios desmesuradamente grandes, a soldados extranjeros. Pues prefieren poner a extraños en peligro que sus compatriotas, sabiendo que con dinero suficiente pueden comprar o vender muchas veces a sus mismos enemigos o bien hacer que anden a la greña entre ellos mismos por medio de la traición.”  (MORE 1984:142)
[10] Un característica del orden institucional religioso, es que no solo hay sacerdotes varones, sino también sacerdotisas ( pocas son las elegidas, entre las viudas y las mayores de edad) 

jueves, 2 de agosto de 2012

Entre pensamientos y otras cosas...


UN VISTAZO SUBJETIVO DEL CIEH 2012:
A RESALTAR, MEJORAR Y RECHAZAR

Por Gonzalo Paroy Villafuerte



Entre el 18 y 22 de junio del presente año se observó el mayor movimiento de estudiantes de la escuela de Historia de la UNMSM, en lo que fue el evento más importante organizado y llevado a cabo por el Centro de Estudiantes de Historia (CEHIS), me refiero al Congreso Internacional de Estudiantes de Historia en su tercera edición (III CIEH). El recuerdo que se tiene sobre dicho evento en general es muy bueno, pero, siempre se debe señalar lo que se debe mejorar, fortalecer lo que se hizo bien y rechazar las malas prácticas que se hicieron sobre y durante el mismo.

En esta ocasión, basándome en testimonios, en la experiencia vivida, en las publicaciones "oficiales" de la página web, de las redes sociales, del programa y demás, bajo mi subjetiva percepción, aquellos aspectos que se pueden y deben mejorar, fortalecer o rechazar para alcanzar los estándares internacionales que se pretenden, el convertirse en "un referente obligatorio para los estudiantes peruanos y extranjeros" y la muestra, a través de la exposición y el debate de "la alta calidad de su formación y del entusiasmo con que ellos [los estudiantes de la EAP de Historia] asumen su carrera profesional", en palabras (muy) generosas y animosas de nuestro director de escuela[1].
 
A RESALTAR

A grandes rasgos, la organización, al menos en tanto lo que estuve al tanto, cumplió con lo esperado. Las 40 mesas estudiantiles, los 5 días de ponencias, los comentarios de las redes sociales, entre otros, permiten afirmarlo. Mención muy honrosa merece la correcta difusión que se hizo del evento y la capacidad de congregar a los distintos historiadores de nuestro medio, quienes participaron como comentaristas y/o ponentes magistrales.

Las ponencias estudiantiles a las que pudimos asistir estuvieron dentro de los esperado en cuanto sustento científico, la variedad temática y las variopintas perspectivas, que hicieron del evento un verdadero encuentro del conocimiento histórico. Inicialmente sí nos preocupó que el subtítulo del evento ("Nuevas lecturas sobre el proceso de independencia iberoamericana: de las Cortes de Cádiz a la Batalla de Ayacucho") hiciera del Congreso un aburrido evento monotemático, contrario a la variedad del conocimiento histórico, pero, primó para bien, los varios temas, más notorio en las mesas estudiantiles que en las llamadas mesas "magistrales".

El ambiente fue correctamente empleado, la Casona del Parque Universitario, el auditorio Ella Dumbar Temple son perfectos escenarios para estos eventos. Cuatro ambientes en la Casona permitieron un correcto desempeño de todas las ponencias, la "señalización" fue apropiada y los intermedios con bebidas calientes perfectos. La inauguración y la clausura abarrotaron de gente, los danzantes de tijera, el grupo de danzas de San Marcos hicieron correctamente lo suyo, llamando la atención de la concurrencia y dejando bien la cultura peruana.  

Los materiales estuvieron también en lo correcto. El día final se entregaron los certificados, negando así la posibilidad de mayores problemas. El equeco nos pareció muy apropiado, aunque no reemplaza el maletín esperado. Lo más importante sin duda, el disco de las ponencias, aunque incompleto, sobre todo en las ponencias magistrales, entendible. Da la posibilidad de leer la ponencias que no pudimos atender, de observar efectivamente la variedad de los temas y de comparar la calidad de nuestros pares latinos con los nuestros.

 A MEJORAR Y RECHAZAR

Algunas muy notorias, otras mínimas pero importantes, mejorar debe ser la consigna de este tipo de eventos. Sabido es que a veces la desorganización lleva a retrasos, aceptables en tanto sean solo algunos minutos. La puntualidad no fue el fuerte en este caso. Las mayoría de las mesas iniciaron con varios minutos de retraso, en algunos casos, de más de una hora, sin explicaciones. Nunca entenderemos porqué la mesa en la cual participamos demoró 68 minutos más en iniciar de las 11 am, hora programada, con tres de los cuatro ponentes programados, el moderador y el Dr. Joseph Dagger Alva esperando todo ese tiempo. Con una ponente más de lo detallado en el programa, con un tema que se hacía llamar "análisis del discurso", pero ninguno de ellos detalla en su introducción dicha metodología, salvo algunos postulados teóricos como en nuestro caso. En fin, programado a las 13.00 como hora de fin, se convirtió en una pesada y maratónica presentación que terminó casi a las 14.30 horas.

Si bien los diseños de Vanessa Cavero Lazo nos parecieron muy buenos, los distintos materiales que se imprimieron para la ocasión debieron tener mayor cuidado, una revisión de un corrector de estilo en obligatoria, y de esta manera no tener la necesidad de una tan larga "fe de erratas". A su vez, creemos que las "sumillas" pudieron ser mejor elaboradas, que al menos se debió exigir mejor redacción y más claridad a quienes nos encontramos en la cercanía de la organización, es decir de los sanmarquinos que participamos para no leer algunas barbaridades que se observan.

Las "cabezas" (es decir, los cinco miembros directos de las cinco secretarías) de la organización desde un principio despertaron sospechas y molestias por la manera que fueron elegidas, en un cambio brusco del estatuto, que priorizaba a la "base mayor" que extrañamente correspondía a las base 07 (sexto año). Curiosidad aparte de que algunos de sus miembros aun llevan cursos muy retrasados y eran inexpertos en ponencias estudiantiles, supieron responder a las exigencias, lo que podrían permitir un balance favorable y buenos ingresos para el CEHIS. Pero se debe exigir una mejora en la "selección" de los mismos, que la llegada a otras bases sean mejores, superar las rencillas que se observaron entre las bases 07 y 08, lo que llevó sin duda que la base a la cual pertenecemos (2008) se alejara de la organización, con participaciones individuales y no como debería ser, grupales y orgánicas. Ni las bases ni la organización cedieron para un diálogo. Inaceptable, lo que se observó en la curiosidad de que solo pocos estudiantes de quinto año (justamente la base 2008) participara como ponentes o moderadores. De las 39 ponencias peruanas, 27 fueron sanmarquinas, solo 2 de estudiantes de la "base mayor". Esta estadística deja entrever la poca acogida como ponentes de estudiantes de otras universidades. Solo cuatro aportes villarrealinos, tres desde Trujillo, dos desde  Cuzco, uno desde Arequipa, uno desde "La Cantuta" y uno desde Huamanga.  

Recordar los días de demora del programa del evento, recién a la luz, pocos días antes del inicio, lo que generó más de un inconveniente y que no debería suceder, y los temores de que la toma de la facultad impida la realización del Congreso, lo cual no iba a suceder.

Quizás nuestro mayor rechazo a esta organización se deba al poco conocimiento que se tuvo sobre la manera de evaluar, la corta información del blog oficial del evento, el poco tino de comunicar en las asambleas sobre los avances, gastos, problemas, etc. Quizás solucionables de manera interna, es obligación de la organización informar a su centro de estudiantes, a sus bases que la conforman. Las ponencias aceptadas o rechazadas no se supieron hasta la (también) demorada publicación de los ponentes y no se supo las razones de su aceptación o rechazo respectivo, generando sospechas entre compañeros nuestros.  Estas dudas se incrementaron -para sorpresa de no pocos- cuando en la revisión del disco donde figuran las ponencias aprobadas por el comité académico, no figuran, para mala imagen de la escuela en general, sospecha y sorpresa general, los textos de quien fue el presidente del CIEH Jonathan Vega y de la anterior "cabeza" del CEHIS, la ex-secretaria general, Judith Ortega. Aunque no en desmedro de su papel a nivel organizativo, creemos que si no se estaba en la posibilidad de realizar un escrito, una ponencia, no debieron participar como ponentes y mantenerse al margen de las mesas estudiantiles. Más aun si una ponencia es sobre el tema central del Congreso y la otra es sobre la historia de nuestro CEHIS. No dudamos de su conocimiento sobre el tema, sino, de su poco tino que se tuvo al no incluir dicho conocimiento en el disco, y de responder con el silencio o con un "yo lo incluyo mi ponencia si quiero o no"[2]. No están demás las sospechas vertidas sobre al rededor de ello.[3]

 FINALMENTE...

Esperamos que si este escrito tiene alguna acogida, no se crea con malas intenciones. Si bien es una visión subjetiva, son cuestiones que resaltan, quienes asistimos toda la semana, quienes nos relacionamos con el CEHIS, quienes participamos con ponencias y vivimos el evento, hablando, observando y escuchando, lo podemos notar. Lo irrepetible e inaceptable se de rechazar y evitar, lo "mejorable" hay que mejorar y decidir por que así sea, y desde luego, lo elogiable y resaltante se de ben mencionar y mantener, que son justamente los que nos da los estándares y el epíteto de "internacional" con el "alto nivel académico" que añora nuestro director de Escuela.

Sin más, nuestras felicitaciones a quienes aportaron de alguna manera a la realización de tamaño evento, a los representantes ponentes peruanos y sobretodo sanmarquinos que dejaron en alto nuestra casa de estudios, y el agradecimiento de los "terceros", docentes, especialistas y auspiciadores.[4]





[1] Dr. Francisco Quiroz, "Palabras del director de la EAP de Historia", en el "Programa oficial" del evento.
[2] Paráfrasis del presidente del CIEH en una asamblea del centro de estudiantes.
[3] Razón por la que apoyamos un manifiesto desde mi grupo de estudios, denunciando las que observamos como prácticas inaceptables en una organización y evento como el vivido.
[4] Disculpen si hay desinformaciones o faltas en redacción y "acontecimientos" el apuro de otras actividades, la lejanía de nuestra PC personal (y de internet) no permitieron mayores datos y análisis.


domingo, 29 de julio de 2012

VISIÓN PROVIDENCIAL DE LA HISTORIA EN AGUSTIN DE HIPONA


Por: Silvia Pablo Caqui



Este trabajo es parte de una monografía que hice en conjunto con los alumnos de historia 2010 Juan Carlos Ponce Lupu y Moshé Abensur Vargas para el curso de Filosofía de la Historia I, aunque tiene algunas modificaciones la esencia es la misma. Agustín de Hipona (354-430 d.C)

“Para la comprensión de una mente como la de San Agustín, tenemos que olvidarnos de las normas de la Historia, en cuanto ciencia, y de su suprema ambición de regir los acontecimientos futuros, y tenemos que recordar la autoridad de la Biblia, en particular la de las predicciones proféticas y la Providencia divina, que no admite direcciones”[1]

Esta cita, es el punto de partida, es decir que  lo planteado por San Agustín, debe tomarse en primer lugar, no como una filosofía de la historia sino como una “teología de la historia”, aunque el objetivo es mostrar cómo se desenvuelve la historia en el proyecto de San Agustín, conviene aclarar que para él la historia como tal no posee una importancia inmediata a sus intenciones. Es necesario, además, dilucidar que esta teología de la historia es una interpretación dogmático-histórico del cristianismo, como lo señala Löwith, pues es esencialmente cristiana, es asimismo una teodicea, una justicia de Dios y una justificación de esa justicia. Del mismo modo, no olvidemos que, como lo dice Ferrater Mora, en su libro “Cuatro visiones de la historia Universal”, hasta que San Agustín desarrolle su teoría, el cristianismo marcaba a la población en la tendencia de que era más sentida, más vivida, pero con la aparición de este personaje el cristianismo, además de ser sentido, será sobre todo, pensado. Hablar de que sea pensado, nos hace retomar la idea de que San Agustín si bien desarrolla varios puntos de divergencia con la cultura grecorromana, pensaba el cristianismo precisamente con la tradición griega, esta era una herramienta central en él, ya que hace uso del helenismo, principalmente.

En San Agustín, aunque lo central haya sido Dios y el alma, su programa también incluía el tiempo y la historia, así estos sólo cumplan los mandatos de la divina providencia, pues la teología de la Historia que él propone, es a la vez una teología de la sociedad humana, que  está ligada a una misma naturaleza, que sería dado por Dios. Aquí interviene un tema clave para entender su proyecto, el uso que hace del “creer para comprender”, pues en San Agustín no hay una contradicción entre fe y razón, ya que se trata de pensar la fe por la razón y justificar esta por aquella, pues la fe y Dios mismo, requieren más de la fe que de la razón misma, o en todo caso que la fe dé una razón a la creencia que se sostiene.

“De Civitate Dei contra paganos”, nos deja en claro que su objetivo es marcado por la penetración de los pueblos bárbaros en el Imperio romano en el 413 d.C., su meta era demostrar que el discurso de estos era equivocado, ya que los paganos criticaban a los cristianos alegando que era por la culpa de estos que el imperio estaba en crisis; sin embargo para San Agustín, hay un objetivo que  trasciende, demostrar que todos los acontecimientos, formaban parte del orden establecido por Dios y su providencia, como lo señala Ferrater:

“Ante el gran teatro del mundo, en medio de las ruinas del pasado y con la esperanza y el temor de ese juicio final, escribe San Agustín su teología de la historia, y todo el contenido de esa visión de nuestro “visionario” debe ser entendido partiendo de esa única situación”[2]

De esta manera se cristaliza el concepto de “Providencialismo Histórico” dentro de la obra de San Agustín, ya que toda la existencia del mundo depende en todas sus dimensiones de Dios, e incluso el mismo significado que le ha otorgado al hombre, que es su creación divina, el orden de todo es resultado del orden providencial que Dios le concede, allí radica el sentido de la historia para San Agustín.

3.1. El sentido de la Historia
El hombre tendría sentido en la medida que ese sentido le es establecido por Dios y su divina providencia, en primera instancia ello demuestra la diferencia, del cristiano con el griego, ya que este último no le estipula ningún rumbo a la historia, ya que para él sólo existen realidades como la naturaleza, la razón, el cambio, etc. es decir, estas realidades no muestran un cambio con grandes consecuencias, de allí que se derive la crítica al sustancialismo del griego, mientras que para San Agustín la historia sí posee un objetivo, como por ejemplo el de alcanzar el reino de los cielos o la llegada del juicio final; por ejemplo en cuanto a la concepción del tiempo, para los griegos hay tiempos locales, en donde no suceden hechos importantes sino triviales, mientras que para los cristianos si se dan incidentes de gran alcance, como la llegada del mesías, es decir hay grandes acontecimientos que dividen el tiempo, como el nacimiento de Cristo, etc. Todo esto refleja que en la teología de San Agustín hay una preocupación por el acontecer humano, y por su historia profana en sí misma, en vista que evidencia la justicia y la misericordia de Dios, que se manifiesta principalmente en el momento del pecado cometido, de donde se origina propiamente la historia humana, aquí se llega al punto esencial de la historia ya que “La historia es, para San Agustín, historia del gran drama de la salvación”[3]

Así este drama, tiene un guión escrito por Dios, todo lo conduce y orienta la divina providencia, la que pre ordena todos los sucesos, de allí que el providencialismo es una de las características más resaltantes de la teología de la historia de San Agustín. Es importante notar que por el hecho de que es un drama la historia, se halla ya prevista en la mente del autor, más que guionista se puede hablar del director, ante esto San Agustín saca a la luz el papel del libre albedrío, que será tratado en un siguiente punto, sin embargo así sea cualquier actuación Dios es conocedor de cualquier acto de antemano, aunque afirma que el desarrollo de este drama, comedia o incluso tragedia humana, no sería posible sin la actuación del hombre, ya que se trata de la historia de este personaje, esta historia que se inicia en el pecado, por el accionar libre del humano para luego conseguir la misericordia y la salvación. Este drama ocurre una sola vez, ya que la meta de este drama escrito se halla en conseguir la salvación, o en todo caso significa la victoria de la ciudad celestial (donde se hallan los hombres de Dios y Dios mismo) sobre la cuidad terrenal (donde habitan los hombres de la tierra, los pecadores). Se trataría también de un providencialismo universal, como lo señala Collingwood[4], ya que al tratarse de un drama escrito por Dios, implica que este drama abarca a toda la humanidad de tal modo que no excluye a nadie, ni posee un pueblo elegido, de manera particular.

Este drama, una vez iniciada, queda dividida, como Ferrater lo menciona, por las “eternas disposiciones del cielo”, reflejada en las divisiones o grandes periodos que acepta San Agustín, que son los principales acontecimientos de este gran drama de la Salvación, antes de mencionar las seis etapas, señalar que el progreso en la historia aquí mostrada, no se da con un mayor dominio o alcance de poder, sino que es posible en relación a las “revelaciones del Dios desconocido”, es decir cuando estas se dan en mayor cantidad se está más cerca del mundo celestial, ya que la meta es llegar a ella, ese es el sentido del progreso para San Agustín. Continuando con las etapas de este gran drama, es de notar que toma esta división de la misma Sagrada Escritura, así la primera corresponde desde Adán hasta el Diluvio universal, la segunda desde el diluvio hasta Abrahán, la tercera desde Abrahán hasta David, la cuarta desde David hasta el cautiverio de Babilonia, la quinta desde el cautiverio hasta el nacimiento de Cristo y la sexta es el presente de ese momento, al que San Agustín no le da una fecha determinada, que concierne a la segunda venida de Cristo y con ello el fin del mundo, cabe resaltar la fe y  esperanza que el hombre tiene en cuanto a la providencia de dios, como lo señala Ferrater:

“Esa justicia de condenar a todos y esta misericordia de salvar a algunos es lo que da su angustioso sentido a la vida agustiniana de la historia y lo que de ella, al tiempo que el reino de la desesperación, el fundamento de la esperanza”[5]

Esta esperanza, que está detrás del sentido providencial de la historia se refleja con la victoria final de la ciudad celestial, ya que si bien la historia es un drama de la salvación, esta se expresa en la constante lucha de las dos ciudades; en el mundo terrenal, es principalmente la disputa entre los hombres de ambas ciudades, que son de alguna forma los descendientes de dos personajes antagónicos de la biblia, aludo en este caso a Caín y Abel, el primero fundador de la ciudad terrenal, mientras que el segundo perteneciente a la ciudad de Dios, es esta lucha la que va desarrollarse para la concretización del drama de salvación, donde se terminaría la historia del hombre cuando venza el hombre de fe.

3.2.  Dios y la creación
Iniciaré con una cita del propio San Agustín que define a Dios de la siguiente manera, de acuerdo a su actuación con su divina providencia:

“[…] un solo Dios todo poderoso, criador y hacedor de todas las almas y de todos los cuerpos, por cuya participación son felices todos los que son verdadera y no vanamente dichosos, […] y el que así mismo concedió al alma irracional memoria, sentido y apetito, y a la racional, además de estas cualidades, espíritu, inteligencia y voluntad; […]”[6]

Dios, es el principal orientador de la historia, es este en primera instancia quien le da un sentido a la historia, en la medida que el dios cristiano es un arquitecto, no un “trabajador obrero” como lo era el dios griego, ya que la misión de este residía en que sólo debía dar forma, no crear, sino darle contextura, el Dios de San Agustín no solo es el arquitecto en el sentido de que es el creador de todo en cuanto existencia posea, como lo expresa la cita anterior, sino que es también en vista de ser el iniciador, de hacer de la “nada” un ser, es a la vez el que ha construido el destino del hombre, en vista de que es Dios quien hace sentir su mandato imperioso, rigiendo la vida a través de la divina providencia, este Dios cumple un rol activo, más no pasivo como los dioses principales que caracterizaban a la cultura griega. Por otro lado, el universo creado por este ser supremo es menos que su creador, así como nada se puede equiparar a su constructor, además que el universo está dentro de un tiempo determinado, ya que es producto de la misma creación, esta creación que posteriormente da origen a la historia humana, como tal, cuando se da el “pecado”, aquí entra el otro rol que cumple Dios, en cuanto a la acción de justicia y misericordia que impera en Dios, esa disposición que muestra al momento de salvar e incluso condenar al hombre.

Otra característica esencial es que este Dios, es invisible, como ya se dijo anteriormente, este se muestra a través de revelaciones, de allí que sea inaccesible al hombre, así sea el sujeto  su creación, el acceso a Dios es restringido, este ser supremo es también inmutable e intemporal, en el sentido de que es omnipresente, así como es él quien ha hecho posible el tiempo, de la misma forma que ha creado a la naturaleza, al universo, y todo cuanto existe en general.

Es Dios quien mueve todos los ámbitos de la vida en la Teología de la historia de San Agustín, pues es el motor principal, este punto es primordial porque, nos muestra que ante los problemas suscitados en su contexto él opta por una solución con paliativos generados por un discurso menos agresivo, más alentador, y hasta más integrador que aquellos exhibidos por los paganos.

3.3. El papel del Hombre
La historia humana comienza  por la actuación de Dios y su divina providencia,  sin embargo, la actuación del hombre es esencial, porque al cometer el “pecado original” da inicio a la historia del hombre regido por los mandatos de Dios, es decir, no podría haber una historia donde el hombre sea insustancial, porque es este el protagonista del drama, tal vez no sea quien lo determine, pero es, para que el individuo se salve, como lo señala Löwith, el hombre es “una creación única y absoluta”; allí radica la esencia de la historia, donde guiada por la divina providencia el hombre de fe se salva con la victoria de la cuidad celestial. En cuanto al papel del hombre en el gran drama de la salvación, Ferrater nos dice lo siguiente:

“Más un drama que, no tiene espectadores, sino únicamente actores. Estos actores son los hombres, “todos” los hombres. Por eso el hombre es, en el fondo, únicamente un actor, un ser que lleva la máscara y que por llevarla es llamado precisamente lo que, al parecer, significa “máscara”: una persona”[7]

Es, entonces, para San Agustín muy importante el hombre dentro del desarrollo del drama, el hombre es un actor no un simple espectador, así el “libre albedrío” puede ser interpretado como la facultad que Dios le ha dado únicamente al hombre; en suma, este es de alguna forma privilegiado frente al resto de los seres creados por Dios, ya que con esta aptitud el hombre mismo decide que rumbo seguir, o bien puede elegir la alternativa de seguir su rumbo a Dios o sino dirigirse hacia las vanidades del mundo terrenal, o decide irse a la luz o a la oscuridad de las tinieblas, como muchos lo señalan, el hombre además de ser una pieza clave, es ante todo “dueño de sí mismo”; sin embargo conviene aclarar que a pesar que San Agustín hable del libre albedrío, hay en realidad un dependencia, porque este no es libre del todo, pues actúe para bien o para mal, esa decisión ya la sabe Dios, y es justamente por ello que es posible la historia. Sin embargo, recordemos, que para san Agustín Libertad es actuar de acuerdo a los mandatos de Dios, o en todo caso, libertad es hacer libremente lo que Dios sabe que ha de hacer libremente, por lo tanto, con esa acepción de libertad, él puede hacer uso del libre albedrío del hombre. Así como el hombre le da sentido a la historia, del mismo modo le da sentido al tiempo, en la medida en que este se desenvuelve en él y su dramática historia, o “tragedia humana”, pues al final, sólo el hombre de fe o el escogido se salvará de tal manera que el ocaso es trágico, de allí que una de las características de la teología de la historia es el ser “escatológica”, porque la historia tiene un fin ya predeterminado por Dios, y el fin no sólo de la historia sino también del hombre pecador, con la victoria de la Ciudad de Dios; porque al final de cuentas al hombre sólo le preocupa la constante incertidumbre de ser salvado o condenado. Se concluye que en el pensamiento de san Agustín a pesar de que todo lo rija la divina providencia, el hombre también posee una cierta “autonomía”[8] dentro del orden que establece Dios; él nos dice en cuanto a los roles “[…] Por eso decimos que la causa que hace y no es hecha, o más claro, es activa y no pasiva, es Dios; pero las otras causas hacen y son hechas, como son espíritus creados, y especialmente los racionales”.[9] Es Dios quien tiene la última palabra, no el hombre sino Dios.

4.- La Victoria de la ciudad de Dios
Este último punto revela la mirada escatológica no sólo de la Teología de la historia de San Agustín, sino también de la historiografía cristiana en general. Como Ferrater Mora lo plantea, para el pensamiento de San Agustín y para toda la comunidad cristiana, la felicidad, en primera y última instancia se encuentra únicamente en aquella ciudad celestial, en la ciudad de los hombres de fe, que aquí en la tierra está representada por la iglesia. Como se dijo al inicio, la historia es el gran drama de la salvación, que está expresada en la lucha de las dos ciudades, para el cristiano la finalidad es salvarse y pertenecer a la patria de la Ciudad de Dios, hay en realidad una sola patria o nación verdadera y legítima en la que debe concluir su vida, a diferencia de los griegos y los romanos, pues en los primeros existía varias ciudades y una sola patria, mientras que en los segundos una sola ciudad y múltiples patrias.

Para San Agustín, aclarando, no hay una clara separación de estas dos ciudades en la tierra, porque si bien se conoce por medio de la revelación, el hombre sabe que hay un final, más no los detalles precisos, de allí que se ignora quienes son parte de la ciudad terrenal y quienes de la ciudad celestial, también nos muestra que en la ciudad celestial están los ángeles además de Dios, y se integrarán a ellos los hombres destinados a la salvación, es decir, los hombres de fe, mientras que en la ciudad terrenal yacen los ángeles caídos, y aquellos hombres que no fueron alcanzados por la gracia de Dios

Agustín persiste bastante en mostrarnos al final de su obra la Ciudad de Dios, la importancia de la resurrección, aludiendo que este final significa el descanso eterno, es decir una vez cumplido el rol de guiar el drama de la salvación, prescribiendo la victoria sobre la ciudad terrenal, se puede entonces hablar sobre un descanso que coincide con el “octavo día”. Pues el drama termina con la victoria de la Ciudad de Dios, y con ello concluye la historia de la humanidad porque ya la providencia ha hecho su parte, es decir, ya completó el destino que tenía asegurado para la humanidad.

Todo este discurso elaborado por Agustín de Hipona responde a su objetivo primordial, el responder la crítica de los paganos con el papel que Dios y su divina providencia asumen, pero más para hacer público de que todo lo que sucede, al menos en la vida del hombre, está ya marcado por su impronta, y a pesar de la libertad ya se posee un rumbo, ello en parte fue utilizado para exponer su posición en relación a la política que respaldaba, que no es tratado aquí. En tal sentido se ha tratado de mostrar el sentido de la historia para san Agustín de Hipona.


BIBLIOGRAFÍA:

COLLINGWOOD, R.G (2004) Idea de la historia. 3ra edición. México. Fondo de cultura económica (FCE)
FERRATER M., José (1982) Cuatro visiones de la historia Universal. San Agustín, Vico, Voltaire, Hegel. España. Alianza Editorial.
LÖWITH, Karl (1973) El Sentido de la Historia; implicaciones teológicas de la filosofía de la Historia. 4ta edición. España. Aguilar.
BIBLIOTECA CATÓLICA QUMRAN (2010) La Ciudad de Dios. San Agustín. Consulta: 26 de julio 2012.



[1] LÖWITH, Karl. (1973) El Sentido de la Historia; implicaciones teológicas de la filosofía de la Historia. España. Aguilar.  p.195
[2] FERRATER M. (1982) Cuatro visiones de la historia universal. San Agustín, Vico, Voltaire, Hegel. España. Alianza. p. 43
[3] Ibíd. p. 42. Ver también: COLLINGWOOD R.G. (2004). Idea de la historia. México. Fondo de Cultura Económica. p. 113
[4] COLLINGWOOD. Op. cit. p. 113
[5] FERRATER MORA, Op.cit., p. 59
[6] BIBLIOTECA CATÓLICA QUMRAN (2010) La Ciudad de Dios. San Agustín. Consulta: 26 de julio 2012.

[7] FERRATER MORA, Op.cit., p. 45
[8] El término es moderno, porque en la época de San Agustín no existía tal denominación, es utilizado aquí, sin embargo, por efectos prácticos.
[9] BIBLIOTECA CATÓLICA QUMRAN. Op. Cit.