lunes, 16 de septiembre de 2013

Presentación: 'La plebe en armas' en la Universidad Simón Bolívar

Presentación realizada el viernes 6 de setiembre del 2013 del libro 'La plebe en armas: la participación popular en las guerras de independencia' de Daniel Morán y María Aguirre. Realizada en la Universidad Simón Bolívar, con los comentarios de Juan Jose Rodríguez, Carmen Ríos de Coloma y Daniel Morán.

Juan Jose Rodríguez


Carmen Ríos de Coloma


Daniel Morán


sábado, 14 de septiembre de 2013

EL MODELO DE CABALLERO Y SU REPRESENTACIÓN EN PERVEVAL DE CHRÉTIEN DE TROYES

Por Luis Angel Romero
Estudiante de Historia-UNMSM

Momento crucial de la aparición del Grial. Ilustración del siglo XIV.[1]

Resumen: El objetivo de este trabajo es comprender el modelo de caballero y su representación en el Perceval de Chrétien de Troyes, tomando en cuenta el surgimiento de un código deontológico basado en la noción de honor en el siglo XII. Tomaremos en cuenta el contexto histórico del autor y el marco cultural en el que se desenvuelve, para relacionarlo con el ideal de caballero que se plasmó en la literatura y que consistía, más que en un mero reflejo unidireccional, en una interacción mutua entre el caballero del siglo XII y la literatura caballeresca.

1)      Marco histórico y cultural: “Segundo Renacimiento” del siglo XII
Para entender la obra del autor hay que ver el contexto de su aparición, conocer los objetivos de su escritura y saber a qué público iba dirigida.  Aparece en un contexto de renacimiento intelectual en el que se revalora la cultura latina y los clérigos que conocían el latín comienzan a hacer traducciones de los textos clásicos antiguos (así nace el roman antiguo o la materia antigua), para que luego los autores –como Chrétien- tengan más libertad en la elaboración de sus obras y la materia de Bretaña pase a Francia[2], por otro lado los objetivos  de la escritura de los roman tenían intenciones pedagógicas, dirigidos a los “jóvenes” en las cortes, además de que sus temas principales fueron la aventura caballeresca y el amor cortés (siempre en constante interacción ambos elementos).

En los siglos XII y XIII, las novelas de la Mesa Redonda constituyen una literatura destinada casi exclusivamente a un público aristocrático. Es una literatura militante, fuertemente ideológica que […]: celebra a los jóvenes, exalta la caballería, lamenta el poder en constante aumento del soberano –Arturo, contrariamente a los tres reyes capetos  y de la dinastía Plantagenet, es un rey feudal, que debe pedir consejos-, lamenta, sobre todo, el empobrecimiento político y económico de la mediana nobleza, desprecia a los villanos y aun más a las comunas, los comerciantes y la población urbana (PASTOUREAU, 2006: 324).

El renacimiento intelectual de los siglos XI y XII es uno de los tres renacimientos[3] que tuvieron lugar entre los siglos IX[4] y XV, también pertenece a una coyuntura de tendencia secular que se caracteriza por la expansión, es decir, la economía crece (actividades comerciales y roturación de tierras), hay una relativa estabilidad  del clima, hay un aumento demográfico producto de la estabilidad, pero en especial son resaltables los progresos de la escribalidad y la cultura (FLÓREZ, 2000: 69-110), este periodo está entre los siglos XI y XIII, conocida como la Edad de la Expansión.

Los valores aristocráticos y el espíritu caballeresco se afianzan por el contexto de las cruzadas, pero también por la literatura de caballerías. El producto de este esplendor cultural son tres materias en verso: 1) el ciclo Carolingio (Carlomagno y su gesta), 2) la Antigüedad clásica (sitio de Troya, Medea, Tebas, Eneas, Alejandro) y 3) la bretona (Caballeros de la mesa redonda y Merlín) (CIRIA, 2008: 59-82).

Chrétien de Troyes desarrolla su propia teoría literaria: la distinción entre matière y sens (argumento y sentido o tema) que producen la coyuntura. Un aspecto importante a tomar en cuenta es que con la aparición de los roman de Chrétien de Troyes, éstos son tomados como modelos para el desarrollo de las novelas de caballerías. Además, es el modelo al que se opone El Quijote cuando parodia a los libros de caballería. La importancia de estudiar a este autor francés es que nos puede mostrar el modelo de caballero medieval y la nueva concepción del amor –como creación del siglo XII francés (DE ROUGEMONT, 1938)- respecto a lo primero, la caballería surge antes del renacimiento intelectual del siglo XII y por eso nos puede brindar un excelente modelo (que posteriormente establece una relación bidireccional para que los nuevos caballeros sigan el modelo de la novela), mientras que para el caso del amor, este hay que entenderlo como enlazado al primer elemento mencionado. Estas son pues las innovaciones de esta obra literaria y en específico de Chrétien.

Como señala Victoria Cirlot, el roman es un producto del norte de Francia que inicialmente era una traducción (por ejemplo de textos latinos como hagiografías y bestiarios a la lengua románica) y que luego pasó a ser una novela[5]. Esta actividad “condujo a la práctica del mecenazgo al atraer a los intelectuales a sus residencias [de los nobles] y ponerlos a su servicio” (CIRLOT, 1995: 11). El género coexistió con el cantar de gesta que era memorizado para ser transmitida vía oral, en este sentido el roman y el cantar de gesta fueron diferentes por la misma naturaleza de su difusión y porque el primero responde al surgimiento de la cultura cortesana, interesada en un primer momento en hacer accesible los textos en latín que eran monopolio del sector eclesiástico y que buscaban darle una naturaleza laica a la escribalidad (hay que tener en cuenta que la cultura cortesana es producto de la unión del clérigo por el manejo del latín y el caballero). Victoria Cirlot añade que en un principio el protagonismo lo tenía la materia antigua, es decir, las traducciones de los textos antiguos en latín que hablan de Troya, Eneas, Edipo, etc., debido a que fueron mandadas hacer por el rey Enrique II (esposo de Leonor de Aquitania y ella María de Champaña[6]) para justificar su poder como perteneciente a la dinastía normanda y conectarse así con la antigüedad greco-romana:

[…] todas estas obras […] parecen construir una historia en la que ya se perfilaría el ideal cíclico característico de la literatura medieval: el mundo troyano, seguido de la historia de Eneas, el antepasado de Bruto que se trasladó a la isla de Bretaña, hasta Arturo y sus descendientes con el fin de enlazarlos directamente con la dinastía normanda (CIRLOT, 1995: 16).

En este contexto nace un nuevo grupo denominado los “jóvenes”, no precisamente por su edad, sino que hace referencia a un estado de celibato. A este grupo pertenecían los caballeros errantes que no tenían ni tierras ni esposa, que fueron producto de la institucionalización del matrimonio, según la cual solo se podían cazar los primogénitos para que los reinos no tengan que dividir sus tierras, por lo tanto los “jóvenes” se dedicaban a la errancia y a la vida de torneos.

Respecto a la obra de Chrétien de Troyes, Fernando Carmona advierte tres etapas de este literato, en primer lugar están las obras donde pretende aclimatar la nueva concepción cortés con la pasión amorosa adúltera de dos mitos medievales: Tristán e Iseo y Lanzarote y Ginebra, en segundo lugar pretende armonizar el sentimiento amoroso con la ideología feudal y cortés, tal es el caso de Erec y Enide e Yvain. Finalmente se produce “la transformación del amor cortés en amor espiritual y cristiano […] con su última e inacabada obra [Perceval]” (CARMONA, 2006: 152). Chrétien escribe el Perceval entre 1181 y 1190 cuando está bajo la protección del conde Felipe de Flandes, y es característico de la obra que no presente el tema del amor cortés de forma tan marcada, pensamos –a diferencia de Fernando Carmona– que el amor cortés si se presenta, solo que no es un tema central. Antes de continuar, veamos, qué dice Georges Duby sobre el amor cortés. Señala que este se encuentra fuera del amor matrimonial, ya que es un amor refinado que “es un juego […] de las aventuras de la libertad […] constituye el precio de una competición, de un concurso permanente entre los jóvenes de la corte, […] el amor refinado, ese juego educativo, está reservado a los varones solteros” porque al estar casado obviaban las reglas del amor refinado y simplemente fornicaban (DUBY, 1992: 43-44). Además, el amor cortés era un ritual que contribuía al mantenimiento del orden, un juego amoroso que promovía la educación de la mesura (DUBY, 1992: 71). Vemos que en Perceval la temática del amor se presenta, porque “siguiendo la concepción de Chrétien de sus novelas anteriores, no hay caballería si no se armoniza en la aventura la proeza con el sentimiento amoroso” (CARMONA, 2006: 154) y justo cuando hace caballerías para obtener el amor de Blancaflor, el caballero se va en busca de su madre, lo que evidencia que “la armonización de amor y caballería no parece interesar ahora a Chrétien” (CARMONA, 2006: 154).

No hay que olvidar que la novela artúrica es un conjunto de textos literarios que tienen su desarrollo en contexto específicos, por esto mencionaré a los principales, siguiendo a García Gual:

Geoffrey de Mommouth un gran monarca de grandeza imperial, parecido a Enrique II de Plantagenet, Wace insistió en la opulencia de su corte refinada, Chrétien de Troyes otorgó el papel de protagonistas  a sus más distinguidos vasallos y dejó a Arturo su aura de gran señor […]. Fue la imagen de la corte de Arturo un espejo ejemplar de cortesía, generosidad y justicia, entendidas como las normas del momento (GARCÍA, 2003: 9)

Podemos notar que poco a poco el rey Arturo va quedando al margen de la acción heroica, de las gloriosas aventuras que lleva a cabo los caballeros. Al parecer esto era porque los reyes que eran idealizados con estos valores no eran guerreros –a diferencia de la tradición céltica–, en su lugar la labor era encomendada a los caballeros, pero esto responde al contexto de la Francia del siglo XII.

2)      El modelo de caballero y su representación en Perceval[7]
La caballería es una institución que formó parte de un ejército de élite, porque mantenían un caballo (esto suponía tener recursos para mantenerlo). Desde niños eran preparados por caballeros, luego llegaban a ser escuderos[8], hasta haber aprendido las técnicas necesarias para convertirse en caballeros. En la lucha se seguían ciertos códigos para pelear en igualdad de condiciones. Esta institución iba de la mano con otras de igual importancia como el homenaje, que era la ceremonia en la que se establecen relaciones sinalagmáticas entre el señor y el vasallo, también tenemos a la investidura que constituye la entrega del bien concedido, tiene que ser un elemento material que represente al feudo[9] (FLÓREZ, 2000: 92-93), finalmente está el espaldarazo que está más relacionado con la caballería. El origen de la caballería es sumamente oscuro, pero lo podemos encontrar en dos tradiciones “la tradición militar romana de los équites y la germana de los jinetes vinculados al séquito del caudillo” (MARTÍN ET AL, 1985: 4). El ideal de caballero medieval es la imagen del eterno viajero (errante) al servicio de los débiles y guardián de un código ético y unas estrictas normas de conducta.

Jean Flori afirma que, el elemento más influyente en la formación de la mentalidad caballeresca fue la literatura que le inculcó ideales –llámense valores– y una forma de comportamiento cortés, por otro lado también fue importante la ideología de la Iglesia (FLORI, 2001: 12) que fortaleció la visión de los tres órdenes –que se ceñía a un plan divino y justificaba divisiones sociales– como bien lo señala Georges Duby, pero también dice sobre los bellatores (caballeros) que “Su vocación es la guerra, y el primer uso que hacen de su riqueza es procurarse los medios más eficaces de combatir, mediante el entrenamiento físico al que consagra todo su tiempo, […] al perfeccionamiento del equipo, […] a la mejora de las condiciones del caballo, […] a procurarse mejores armas ofensivas y defensivas” (DUBY, 2009: 220).

Cabe resaltar que, como dice Flori, la literatura tenía aspiraciones más laicas, a diferencia de la intencionalidad de la Iglesia. Además, menciona que es en el siglo XII cuando la caballería se dota de un código deontológico, basado en el honor, que “humanizará”, en cierto modo, “las leyes de la guerra”. Para Jesús Rodríguez-Velasco, “[…] la creación de la caballería es el proceso mediante el cual la violencia desordenada se puede transformar en el soporte de todos los valores civiles de una sociedad pacificada o de la violencia institucionalmente regulada” (RODRÍGUEZ, 2009: 10), esta definición resalta el papel social que cumplía el caballero en una sociedad en expansión y –a la vez– violenta.

Fleckenstein cuando habla de los orígenes de la caballería, resalta que en primer lugar esta surge como un ejército de guerreros, es decir, de milicias y que ésta se convierte en caballería, “la milicia tuvo, en general, sus raíces en la gentilidad y estuvo vinculada a la gens, la <> o unidad étnica, mientras que la formación de la caballería coincidió con la integración en el contexto europeo […] como un fenómeno general de Europa que […] constituye una gran unidad” (FLECKENSTEIN, 2006: 4), de aquí se entiende que la importancia de la caballería es su forma supranacional o Europea. Además, se diferenciaron por su vinculación a formas y normas nuevas, pues allí está la importancia del código deontológico de la caballería. García Gual ya mencionaba que “El código de honor, el ámbito de la cortesía, los ideales éticos (con un fundamento cristiano) son universales” (GARCÍA, 2003: 69).

La narración del Perceval resulta ser paradójica, porque en la parte donde se supone debía completarse como caballero –y donde se suponía debía acabar la obra- falla, esto sucede en el castillo del grial donde en vez de preguntar por el significado de las reliquias que pasan frente a él, simplemente se queda callado por atenerse al código caballeresco y es que “Perceval desde el primer momento representa al héroe poderoso e invencible (la fortitudo) pero ha de completarse con el conocimiento y el saber (la sapientia)” (CARMONA, 2006: 158). En este sentido Perceval tiene una dimensión espiritual y trascendental que no tiene Gauvain, ya que el amor trasciende a una contemplación mística con la imagen de las gotas de sangre en la nieve y la aventura caballeresca trasciende en la búsqueda del grial, Fernando Carmona llama a esta transformación: del caballero cortés al guerrero de la caballería celeste. Desde este punto de vista podemos decir que el caballero Perceval tiene tres momentos: 1) el estado natural donde es ingenuo, usa el venablo y vive en el bosque, es decir, se encuentra en un estadio salvaje, 2) el estado cortés en el cual se traslada por varios castillos, y 3) el estado espiritual y cristiano, este último es aquel momento en que “[…] oyó el servicio  y experimentó gran gozo. Después del servicio, adoró la cruz y lloró sus pecados” (DE TROYES, 1961: 169), pues recordemos que este acercamiento a Dios ocurrió cuando Perceval se dio cuenta que “pasó cinco años sin acordarse jamás de Dios” (DE TROYES, 1961: 163), entonces el ermitaño atribuyó su dolor y sus fallas al pecado. Además, los tres momentos se corresponden con tres espacios y tres consejeros, en el primer caso: el bosque de la Yerma Floresta, la corte artúrica y el castillo del Grial, y el templo cristiano, en el segundo caso tenemos a: la madre, el caballero y el ermitaño. 

Al respecto mencionaremos algunas precisiones para establecer el modelo de caballero, el manual de caballería más conocido es el de Raimundo Lulio (o Ramón Llull)[10], dice que, en primer lugar hay que jugar limpio, esto implica nunca atacar a un enemigo desarmado, mostrar autodisciplina y administrar justicia y merced cuando sea necesario, en segundo lugar tenemos el valor, implica mostrar coraje en las palabras y en los hechos, vengar a los agraviados y defender a los débiles e inocentes y nunca abandonar a un amigo, aliado o causa noble, en tercer lugar está el honor, implica que siempre mantiene su palabras, sus principios y nunca traiciona una confidencia o un compañero, en cuarto lugar está la cortesía, es decir, practica las reglas del decoro y es muy respetuoso con su huésped, la autoridad y las mujeres, en quinto lugar tenemos la lealtad, es decir, ser fiel al soberano, al rey, al reino y al código, mostrar respecto por la autoridad y las leyes, y es fiel a la amada, en sexto lugar tenemos la generosidad, es decir, es generoso tanto como es posible y demuestra hospitalidad ante los extraños, finalmente -y no menos importante- está la piedad, es decir, tiene bien sostenida su fe, depende de Dios, los santos y María, y se opone al infiel (LLULL, 1996).

El Perceval de Chrétien de Troyes tiene dos partes claramente diferenciadas, en primer lugar están las aventuras del caballero Perceval y por otro lado está Gauvain que es el modelo de caballero que encarna los valores corteses, de entrada decimos que el ideal de caballero se encuentra mejor representado en Gauvain que en Perceval, porque el primero es parte de la nobleza al ser sobrino de Arturo, esto se sabe debido a que a lo largo de la obra se refieren a él como “mi señor”, pero hay que tener en cuenta que el libro no habla de la infancia de Gauvain y sabemos que Perceval pasó del estado natural al cortés o caballeresco en tan solo 15 días. Por otro lado, tenemos a la corte del rey Arturo, de todos ellos en El Cuento del Grial destaca Keu, por ser un caballero, orgulloso, fanfarrón, descortés y tosco, en resumidas cuentas es todo lo contrario al modelo de caballero. Fernando Carmona –citando a Alvar– señala una característica de Gauvain que no podemos dejar pasar y es que: “se caracteriza por su frivolidad, <>” (CARMONA, 2006: 152-153). Además, analiza el significado de los títulos, por un lado señala que Perceval el galés es un oxímoron porque galés significa ignorante, pues “Como bruto y necio es calificado por uno de los caballeros que encuentra al principio de la narración” (CARMONA, 2006: 157), por otro lado Perce-val es:

[…] el que atraviesa el valle, el que traspasa la oscuridad, la bruma, es un ascenso hacia la luz […] marca el paso del espacio acultural del bosque al de la corte artúrica, de la profundidad oscura del valle a la luz de la altura del castillo de Arturo o del Grial; de la oscuridad de la ignorancia a la luz del conocimiento” (CARMONA, 2006: 157)

Probablemente para muchos resulte desconcertante no saber cómo termina la obra, qué pasa con Perceval o con Gauvain, pero hay que notar que justo con esta obra se produce un cambio en la narrativa de Chrétien porque “Perceval no encuentra en el amor cortés su realización como caballero, lo requiere (episodio de Blancaflor), pero tiene que trascenderlo (episodio de las gotas de sangre en la nieve), ya que su verdadera búsqueda no queda en el erotismo ni en la idealización amorosa, está más allá, en la búsqueda del grial” (CARMONA, 2006: 157).

Carmona menciona una hipótesis sobre la significación histórica de Perceval, y es que el caballero de la armadura bermeja pudo estar representando a Felipe de Flandes (a quien Chrétien dedica su relato). Además, la estancia de Perceval en el castillo del Grial la asemeja a la de Felipe de Flandes en Jerusalén para ayudar a su tío el rey Balduino IV, quien estaba aquejado de lepra, por otro lado el reino de Jerusalén de su tío estaba en un estado decadente al igual que el castillo del Grial (CARMONA, 2006: 160). Felipe de Flande, finalmente, muere en 1191 en Acre, año en el que Chrétien deja incompleta su obra.

3)      Conclusiones
El modelo de caballero en El Cuento del Grial es representado de dos maneras, primero la del joven ingenuo y en estado natural como fue Perceval que sale de la Yerma Floresta siguiendo a los caballeros de la corte del rey Artús o Arturo para responder a su vocación como caballero, en él destaca su paso por varias etapas hasta llega a una trascendente –que no se logra concretar porque la obra está incompleta– en la que el amor terreno se convierte en un tema secundario. Por otro lado, tenemos a Gauvain, que se desempeña como caballero parte de la familia real, pero que está más atraído por intereses terrenales. En concreto, ambos presentan los valores propios del modelo universal de la ética caballeresca que son: el juego limpio, el valor, el honor, la cortesía, la lealtad, y la generosidad, pero en ambos estos valores se manifiestan de forma distinta. En el caso de Perceval estos valores son aprendidos y es que parece que este libro está destinado a dar a conocer el proceso de aprendizaje de los valores de la caballería[11]. Mientras que en el caso de Gauvain el código deontológico de la caballería corresponde con él, pero en un sentido más terrenal.

4)      Bibliografía
a.      General
CIRLOT, Victoria, La novela artúrica. Orígenes de la ficción en la cultura europea, 2da edición, Barcelona, Biblioteca de Divulgación Temática, 1995.
DUBY, Georges, “El orden feudal”. En: Guerreros y campesinos. Desarrollo inicial de la economía europea 500-1200¸ Madrid, Siglo XXI Editores, 2009, pp.213-232
FLECKENSTEIN, Josef. “Introducción”. En: La caballería y el mundo caballeresco, Madrid, Siglo XXI editores, 2006, pp. 1-10
FLÓREZ DÁVILA, Cristina, “La Europa feudal: sociedades en expansión (1000-1270)”, en Sociedad y cambio en occidente: siglos XI-XX, Lima, Fondo de Desarrollo Editorial Universidad de Lima, 2000,  pp. 69-110
GARCÍA GUAL, Carlos, Historia del rey Arturo y de los nobles y errantes caballeros de la tabla redonda: análisis de un mito literario, Madrid, Alianza Editorial, 2003.
MARTÍN, José Luis et al, “Los caballeros medievales”, Cuadernos historia 16,  Madrid, 1985
RODRÍGUEZ-VELASCO, Jesús. “Introducción. Poéticas del ordo”. En: Ciudadanía, soberanía monárquica y caballería. Poética del orden de caballería. Madrid, AKAL, 2009, pp. 9-19.
b.      Específica
CARMONA FERNÁNDEZ, Fernando, “Perceval: literatura, mito e imágenes”. En: Pervivencias medievales: Chrétien de Troyes, Boccaccio y Cervantes, Murcia, Universidad de Murcia, 2006
CIRIA SANTOS, Carmen, “Chrétien de Troyes y la literatura caballeresca. Códigos estéticos y elementos estructurales del roman courtois”, en Carmen Segura, José Carballar y Antonio Castro (Coords.), Anuario de los cursos 2000-2008, Sevilla, Asociación Andaluza de Profesores de Español Elio Antonio de Nebrija, 2008, pp. 59-82
FLORI, Jean, “Caballería y literatura caballeresca”, en Caballeros y caballería en la Edad Media, Barcelona, Paidós, 2001, pp. 235-263
LLULL, Ramón, Libro de la orden de caballería, Madrid, Alianza Editorial, 1996
c.       Complementaria
DE ROUGEMONT, Denis, Amor y Occidente, México D.F., Editorial Leyenda, . Consultado: 15 de abril a las 21:05 hrs.
DUBY, Georges, El amor en la Edad Media y otros ensayos, Madrid, Alianza Editorial, 1992
PASTOUREAU, Michel, “Jugar al rey Arturo. Antroponimia literaria e ideología caballeresca”. En: Una historia simbólica de la Edad Media occidental, Buenos Aires, Katz Editores, 2006, pp. 321-338  
d.      Fuente:
DE TROYES, Chrétien, Perceval o El cuento del Grial. Traducción del texto francés del siglo XII por Martín de Riquer, Madrid, Espasa-Calpe, 1961




[1] Tomado de: http://www.bbc.co.uk/history/british/hg_gallery_01.shtml. El 13 de setiembre a las 23 Hr.s
[2] Aquí habían dos regiones claramente diferenciadas por el lenguaje, el sur que era la región Occitana cuya lengua era Oc  y el norte donde utilizaban el Oil (francés actual). Además, habían dos formas de difusión de la cultura, la oral y la escrita, en esta última se distinguen el latín que era usado por el mundo religioso y por los laicos que estudiaban en la universidad, y los romances que van ganando cada vez más fuerza. Hasta aquí aún no podemos hablar de naciones, porque estas se comienzan a distinguir –Francia e Inglaterra– hasta después de la Guerra de los cien años.
[3] Aunque también se habla de un renacimiento Otoniano, pero tomaremos en cuenta tres (Siglo IX, XII y XV), siendo el último un tránsito entre la Edad Media y Moderna.
[4] Renacimiento Carolingio del siglo IX.
[5] Esto de novela es discutible, pero tiene características que nos permite decir que el roman es su ancestro más antiguo.
[6] La Condesa María de Champaña fue la protectora de Chrétien de Troyes –antes de que fuera a la corte de Felipe de Flandes– era hija de Luis VII de Francia y Leonor de Aquitania [se divorció primero del francés] casada con Enrique de Champaña. Ella solía residir en el palacio de Troyes, capital del condado de Champaña y sin duda el lugar de nacimiento de Chrétien.
[7] La edición que usaré es la de Matín de Ríquer que es la que edita Willian Roach como Le roman de Perceval ou le Conte du Graal de 1959. El traductor también utiliza la edición crítica de Alfons Hilka titulada Der Percevalroman (Li contes del Graal) de 1932 y la traducción en prosa francesa moderna de Lucien Foulet titulada Perceval le Gallois ou Le Conte du Graal. Chrétien afirma que la narración que hace es una especie de adaptación en verso de un libro que le dio el conde de Flandes.
[8] Su “deben aprender el oficio actuando de […] servidores de un caballero, cuya misión es mantener y defender la fe católica, contribuir a la gobernación de la tierra, … desempeñar oficios reales, mantener y defender a su señor, hacer cumplir la justicia, ejercitarse con las armas, mantener la tierra, defender a viudas, huérfanos y hombres desapoderados, tener castillo y caballos para guardar caminos y defender a los labradores, perseguir a los traidores y ladrones” (MARTÍN, 1985: 6)
[9] “El feudo puede ser de varios tipos; principal pero no el único, una tierra (feudo territorial), un bien religioso (feudo de altar), un cargo (feudo de honores), determinados cobros (feudos de rentas) y en ciertos casos, pero no fue común, una cantidad de dinero (feudo de bolsa)” (FLÓREZ, 2000: 93)
[10] Esta es una fuente del siglo XIII, pero guarda relación con la caballería del siglo XII en sus valores morales.
[11] Además Gornemant de Goort le enseña a usar las armas y armaduras de los caballeros, es ese sentido, aprende de la cultura material y de los valores, es un aprendizaje completo.

jueves, 5 de septiembre de 2013

¡Sin sangre de jefe rebelde! Un problema grave en la escuadra gironista de 1553.

EL “LÍDER” Y “CAUDILLO” MILITAR  SIN MANDO POLÍTICO. EL CASO DE FRANCISCO HERNÁNDEZ GIRÓN Y  LA ÚLTIMA RESISTENCIA ENCOMENDERA (1553-1554)[1]
Por Javier Enrique Robles Bocanegra[2]
Universidad Nacional Mayor de San Marcos


El capitán Francisco Hernández había sido ferviente soldado de la bandera monárquica contra la rebelión gonzalista. Siempre actúo de lado de la Corona, así que él se consideraba presuntamente como uno de los principales beneficiados en el reparto de Guaynarina. Sin embargo el reparto que ordenó Pedro de La Gasca no colmó sus enormes expectativas de verse envuelto de riquezas como premio a su fidelidad al rey.
Se señaló como premio a Francisco Hernández el repartimiento de Jaquijahuana que rentaba 11.000 pesos anuales en una segunda instancia porque en el primer momento de finalizado el reparto – argumentaba Girón – su nombre no aparecía en la lista de los beneficiados[3]. Entendemos esta actitud astuta de Gasca por cumplir su objetivo de mantener por el más mínimo aspecto el espíritu de las Leyes Nuevas que recaía en la reducción de la encomienda a un poder moderado[4] que no afecte en la conservación y buen gobierno de los indios.
Gasca se disculpó con Hernández Girón y es ahí entonces cuando le concede el repartimiento de Jaquijahuana – anteriormente de propiedad del rebelde Gonzalo Pizarro – con la tasa rentable fijada. No obstante Gasca que quería engañar a los confiados aspirantes de Guaynarina[5], le fue reduciendo la renta a 9.000 pesos. Esto provocó un recelo en Girón que ocasionó un pequeño motín en el Cusco lo cual no le permitió nunca disfrutar de su repartimiento señalado[6]. Sin duda este indicio será la primera causa para su revuelta gironista que representará el último foco de resistencia encomendera ante las Leyes Nuevas.
El sistema de retasas fue la segunda causa para el levantamiento gironista ya que se procedió a una drástica disminución del servicio personal y a la reducción severa de la renta del trabajo en las encomiendas[7]. La baja masiva del monto del tributo con las retasas consiguió que las rentas de los encomiendas se vieran perjudicadas al reducirse en una cantidad considerable limitándose así el servicio personal de los indios para dentro en casa y traer solamente leña y yerba[8].
Estas dos razones poderosas ocasionaron un descontento en Francisco Hernández que unió a su causa a un buen número de soldados pobres que también fueron engañados con el reparto de Guaynarina. Su hilo conductor de adhesión fue el deseo de ser ricos y el odio radical a la pobreza[9]. Tanto el desigual reparto de Guaynarina y el sistema de retasas ilustraban la pobreza general de los conquistadores y soldados perjudicados en esas medidas. En consecuencia, expresaron como último recurso para rescatar sus privilegios legítimos la preparación de una insurrección militar contra dicho reparto que ejecutaba la Real Audiencia de Lima.
En esas circunstancias Francisco Hernández Girón prepara su ejército para reclamar sus privilegios correspondientes y la de sus demás compañeros (encomenderos y soldados empobrecidos). Sin embargo esta insurrección fracasó por un motivo principal: la precariedad de liderazgo militar de su “caudillo” que además de no conocer de tácticas guerrilleras no poseía capacidad de decisión política pragmática para ejecutar ordenanzas.
En primer lugar, los gironistas tenían la cierta confianza de contar con el apoyo de todas las ciudades del Perú. Por el contrario la memoria intacta de la ejecución de Gonzalo Pizarro seguía en pie y por esta razón solo consiguió que dos ciudades le siguieran: Huamanga y Arequipa[10]. Aquel recuerdo malévolo no fue premisa en el pensamiento de Girón al rebelarse apareciendo como una errónea táctica apelar a la memoria histórica. Ya los desertores gonzalistas estaban bien premiados por Gasca y no querían por ningún motivo verse envueltos en rezagos militares contra la Corona. Su reclutamiento sin bien es cierto contó con un respetable número de adeptos no estaban en la capacidad militar para batirse con un ejército altamente preparado por la Audiencia. Desde ese momento ya la revuelta daba indicios de debilidad de convocatoria y estaba encaminada a la derrota.
En segundo lugar, Hernández Girón carecía de los dotes de todo buen comandante general[11]. Esto se apreció con exactitud cuando los gironistas estando en Pachacámac y pudiendo avanzar hacia Lima, Girón declinó el avance por hacerle más caso a supersticiones suyas que a tácticas militares[12]. Tenía prácticamente a su merced para tomar por sorpresa la capital del virreinato, no obstante ordenó el retroceso de sus batallones.
A pesar de ello en la primera etapa de la revuelta Girón tuvo un saldo favorable. El 12 de noviembre de 1553 marcó el inicio de su levantamiento siéndole favorable las batallas de Villacurí y Chuquinga.
Influenciados por sus parciales victorias los gironistas solicitaban a la Audiencia la supresión de la prohibición del servicio personal así como favores en beneficio de los encomenderos que para Lohmann tenían ser una especie de señorío libre[13]. Girón quería que el encomendero residiera dentro de las tierras de sus feudatarios. Esta acción de libertad le otorgaba una idea de señorío libre el cual la Audiencia no ejercía fiscalidad alguna.
Sin embargo el proyecto de Girón no tuvo la convocatoria que él esperaba porque el fresco recuerdo de Gonzalo Pizarro seguía latente. Algunos vecinos se le unían pero solo con el deseo de desertar luego porque los traidores serían mejor recompensados con encomiendas[14] como aconteció con los gonzalistas desertores. Este tercer factor sería el detonante político para su posterior fracaso. Dada la mala imagen de Girón en Pachacámac como la del “caudillo” débil, el “jefe” miedoso, el “comandante” supersticioso, sus propios hombres estaban desertando porque si el líder no actuaba como tal, menos esperaban que cumpliera con su proyecto político que prometía.
Estas razones llevaron al fracaso a la rebelión que día a día se iba debilitando con la pérdida de sus soldados y con las precarias tácticas de Girón. El 8 de octubre de 1554 en Pucará vio nacer su triste final siendo derrotado por un ejército al mando de la Audiencia donde se reflejó esta conclusión: Hernández Girón no encarnaba al líder y caudillo militar idealizado por sus descontentos soldados que esperaban a un Girón pragmático, calculador, carismático y negociador.



[1]  Este breve artículo es un pequeño fragmento de mi próxima tesis de licenciatura en proceso “El licenciado Lope García de Castro y la estructuración y organización primaria del Estado virreinal peruano. Su obra política, económica y social en el corregimiento de Lima 1564-1569”. El artículo forma parte del primer capítulo ya finalizado nombrado El Virreinato en “Infancia”. La problemática política y económica en la formación del Estado virreinal (1542-1564). Agradezco a mi asesor de tesis, el Lic. Raúl Adanaqué Velásquez, al Dr. Francisco Quiroz Chueca y al Dr. José Diego Rodríguez Cubero por sus orientaciones en este capítulo.

[2]  El autor es estudiante del 5°año de la Escuela de Historia en la UNMSM, miembro del grupo Annalicemos Hist8ria y fundador del grupo Plvs Vltra. Es autor de 8 artículos publicados en el Perú y España para diferentes revistas, compendios y semanarios. Entre sus últimas publicaciones se destacan: Trujillo bajo la lupa de un gobernador Berciano. Las ordenanzas políticas del licenciado Lope García de Castro en el corregimiento de Trujillo (I). En: Bierzo 7, 2013, Año 28 N° 1.485, Ponferrada (España), pp. 16-17. Ha participado como ponente en 15 eventos tanto nacionales como internacionales. Es investigador para el semanario Bierzo 7 de Ponferrada (España), en el Archivo Regional de La Libertad y recientemente ha sido escogido como ponente en el próximo VII Encuentro Latinoamericano de Estudiantes de Historia en Puebla, México a desarrollarse entre el 7 al 11 de octubre del 2013.

[3] Loredo, Rafael. El reparto de Guaynarina. En: Revista Histórica Tomo XIII, Lima, pp. 76-124, consúltese la pág. 114. Hernández Girón no aparece en la lista ni con su nombre oficial ni con su segundo nombre que también le daban que correspondía a Francisco Hernández
[4] De la Puente Brunke, José. Encomiendas y encomenderos del Perú. Estudio social y político de una institución colonial. Sevilla, Diputación Provincial de Sevilla, 1992,  p. 27

[5]  Paredes, Luis. Juicio crítico de la acción de La Gasca en el Perú. La acción política y la acción moral del presidente. Lima, UNMSM, Facultad de Letras y Pedagogía, 1942, p. 20
[6]  Véase sobre el estudio de esta rebelión en la tesis de bachiller de López Martínez, Héctor. Francisco Hernández Girón, el último de los caudillos. Lima, PUCP, 1962
[7] Assadouriam, Carlos. Transiciones hacia el sistema colonial andino. Lima, IEP, El Colegio de México, 1994, pp. 188-189

[8]  Ibídem, p. 192

[9]  Del Busto Duthurburu, José. La pacificación del Perú. Lima, Studium, 1987, pp. 120- 123.  Argumentaban los gironistas que la conquista del Perú se había hecho con el esfuerzo de los conquistadores y sin que al Rey le costara un maravedí.

[10]  Lohmann Villena, Guillermo. Las Leyes Nuevas y sus consecuencias en el Perú. El virreinato del Perú. En: Separata de la obra Historia General de España y América Tomo VII. Madrid: Ediciones Rialp, 1982, pp. 525-546.  Consúltese las págs. 526-527
[11]    Ibídem
[12]  Del Busto Duthurburu, José. La pacificación del Perú…, pp. 124-125

[13]  Lohmann Villena, Guillermo. Las Leyes Nuevas y sus consecuencias en el Perú…, pp. 527

[14]  Lockhart, James. El mundo hispanoamericano 1532-1560. México, Fondo de Cultura Económica, 1982, p. 26

lunes, 19 de agosto de 2013

Reseña de LAS ALMAS DEL PURGATORIO: El diario espiritual y vida anónima de Úrsula de Jesús, una mística negra del siglo XVII.

Por Viviana Paola H.[1]


Nancy E. van Deusen publicó en el 2004 el libro Thesouls of Purgatory: The Spiritual Diary of a Seventeenth-Century Afro-PeruvianMystic, Úrsula de Jesús y fue traducido al español por Javier Flores Espinoza por el Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú el año pasado.
Este libro está constituido por dos partes, la primera aborda el mundo de Úrsula de Jesús –aquí la autora realizó una introducción sobre este personaje-, y en la segunda parte se encuentra el Diario espiritual de la venerable Úrsula de Jesús –escrito por ella misma, y por otras personas  cercanas a ella en otras oportunidades.

Lima amurallada
Podemos encontrar en esta lectura una recreación de cómo fue Lima en 1612, se la presenta sumida bajo una segregación social así como los personajes que se encontraban dentro de ella y sus alrededores. Ella pudo observar las distintas instituciones que adornaban aquella ciudad como palacios, conventos, iglesias, beaterios, etc. Por otro lado, hallamos descripciones sobre la mentalidad de la población de aquella época, había un ánimo muy desaforado sobre el purgatorio –donde se encontraban en constante sufrimiento las ánimas-, y esto generaría diferentes consecuencias determinando el comportamiento de los hombres. Se desarrollará la necesidad a recurrir a ciertos personajes para dar soluciones a estos problemas, serán las místicas las encargadas de ello, ya que ellas tendrán los dones para aliviar estás almas atormentadas, y poder liberarlas. Eso demostraría que en este periodo el purgatorio se había ganado bastantes adeptos, ya que el solo pensar que podían llegar ahí y sufrir determinó ciertas conductas de los hombres.

Convento de Santa Clara[2]
Podemos observar diversos pasajes que nos describen la la organización de este convento, así como sus características. El propósito es ejemplificarnos la mirada sobre  uno de los lugares más significativos para Úrsula de Jesús. Se nos manifiesta la posible influencia de los jesuitas, y eso debido a los diversos libros encontrados ahí. En cuanto a su organización, estaba constituido por  las monjas de velo negro y de velo blanco,  y la servidumbre estaba constituido por las donadas, las  criadas y las esclavas. En consecuencia, hablamos que entre la servidumbre se originó un estatus. Esto conllevó a la diferenciación en el momento de realizar determinadas tareas. Por otro lado, según las normas de ese tiempo, los sirvientes y esclavos no podían traspasar al número de monjas. Esto no se cumplió, y esto lo comprueba Van Deusen al mostrarnos un cuadro poblacional del Convento de Santa Clara de Lima en el intervalo de 1625 – 1669, donde ocurría una desproporción, ya que el número de monjas era igual al de las sirvientas y esclavas. Otra normativa que se erigió lo dio el Concilio de Trento ya que prohibió a las monjas individuales  tener propiedades, y si en caso lo hacían debían manifestar en un documento que donaban a sus esclavas, esto significaba que ellas estarían al servicio principalmente de la comunidad, y que en sus tiempos libres, podían dedicárselos a su ama. Es así que bajo esta condición Úrsula de Jesús ingresó al Convento. Ante esta situación, una monja, la cual sabía los dones especiales de Úrsula, pagó una dote al Convento para conseguir su condición de donada.  Luego, se pasaría a promover su candidatura como novicia ya que demostraría “[…] sus votos  de pobreza, castidad obediencia y clausura, y obedecer  todas las reglas de la Orden de Santa Clara” (DEUSEN 2005: 22).  Pero, en el texto se nos aclara que antes que Úrsula brinde sus votos, ella ya era confesada y tenía padres confesores. En esa época a ella le habían indicado que debía realizar anotaciones de sus visiones. Así, mismo, se observa que estas visiones guardaban similitudes con los contenidos que se hallaban en los diarios de las místicas medievales y contemporáneas a ella. Este proceso de selección, estaría  bajo la dirección de un capellán. Esta nueva condición que adquiría significaba gozar de un estatus más alto, es decir, estaría exenta de ciertas tareas - no muy pesadas; Úrsula asumirá una labor de redentora, es decir, ayudaría a las almas que se encontraban en el purgatorio

Úrsula de Jesús
Fue una beata mística, hija legítima de la unión entre Juan Castilla y la esclava Isabel de los Ríos. Úrsula pasó al servicio de Gerónima de los Ríos –dueña de su madre-. Es decir, ella desde que pudo valerse por sí misma estaría bajo el régimen de la esclavitud. Luego, en el tramo de su  niñez –aproximadamente 6 o 8 de edad –pasaría a servir a la terciaria franciscana Luisa de Melgarejo Sotomayor, esta convivencia le valdrá tener una aproximación  a la religiosidad debido a que esta beata jesuita fue una de las místicas más cercanas a la primera santa americana, Santa Rosa. Por último, encontramos los hechos ocurridos tras su ingreso al Convento de Santa Clara.
Se nos muestra lo que significó este personaje místico, así como sus características,  y su desarrollo dentro de la orden franciscana. Encontraremos en el texto dos imágenes de ella, en una se puede dilucidar como manifiesta la autora,  el contacto posible que tuvo con la lectura; aunque algunas veces se pone en cuestionamiento si esta beata sabía escribir o leer, pero por las referencias señaladas, al estar bajo la dirección de Luisa de Melgarejo, suponía que si habría tenido acceso a libros religiosos, y a obras de diarios sobre místicas medievalistas. Además, se sabe que Luisa impartía sus conocimientos con otras mujeres. Entonces, sin ir más allá, era común que las esclavas negras que estaban al servicio de personajes místicos como estas, estuviesen prestas a encontrarse en un ambiente de espiritualidad. A esto, se sumará su desarrollo en este ámbito, cuando se encontraba en el monasterio de las clarisas; aquí ella empezó a tener sus visiones; su imagen empezará a generar un prestigio, respeto y generosidad por parte de otras monjas. En el texto se nos menciona que sus visiones empezarían luego de ocurrido un milagro que puso en riesgo su propia vida.
Para muchas místicas tener estás visiones representaba que familiares de aquellas almas sufridas solicitaran su ayuda, y así ellas podían proporcionar la liberación de las almas de sus parientes. Y si se prestaban ayuda a esta causa, algunas de ellas recurrían a la aplicación de torturas, y esto debido a que requerían obtener aquel dolor que había enfrentado Jesús a la hora de salvar a los hombres en la cruz. A esto se sumaba que los hombre de la época empezaron a realizar algunas medidas para expiar partes de sus culpas realizando algunos actos como la realización de rituales durante un  funeral; también se empezó a tener consideración a la hora de preparar  un testamento realizándose donativos a un convento, monasterio, o se liberaba a un esclavo o se entregaba algún beneficio para algún sirviente, y esto debido a que demostraría la bondad con su prójimo, se empezaron a fundar cofradías con el fin de servir a la liberación de las alamas en el purgatorio. Por ejemplo, en Santa clara se fundaron dos cofradías, una de las cuales la fundó Úrsula, bajo el nombre de Nuestra Señora del Carmen – sus miembros se especializaban en ser redentoras-. Por esa razón, se nos menciona que está beata mística poseía este don. Y esto último se debió a causa de la influencia que estás clarisas tendrían; así mismo la conducta de estás monjas místicas al servicio de Dios se debían a casusa de la influencia que recibieron por parte de los diversos escritos que leyeron, pinturas –representación simbólica- que obtuvieron de la Edad Media, etc. Por otro lado, podemos encontrar en este escrito unas referencias hacía Rosa de Lima, esta terciaria dominica fue la que se dedicó más a aliviar al sufrimiento de los difuntos en Lima del siglo XVII, ella se ponía en su lugar de ellos y aceptaba el dolor que esto implicaba, esto conllevaría a la gran aceptación y su popularidad.
Por otro lado, cuando nos referimos a la conducta y desarrollo de esta mística donada, encontramos que ella no sufrió tormento físico por estás almas, pero curiosamente tenía el dolor de ser engañada por sus visiones, y esto debido a la condición de la cual ella resultaba desde su nacimiento. Le provocaba incertidumbre pensar que cabía la posibilidad de que sus superiores religiosos cuestionaran la veracidad de sus visiones. Ante esta cuestión, en el texto se nos manifiesta los racismos que vivió y sintió. Pero, como nos señala la autora, esto no ocasionaba que en algún momento Úrsula se describiese como una mujer débil, contrariamente demostraba el hecho de ser fuerte, capaz de seguir fortaleciendo su alma, y sobre todo mostrando obediencia a Dios.
En la condición de donada, ella ante el cambio de estatus, encontró algunas reticencias, una de las cuales sería, aquella sensación de malestar que le provocaba cuando le pedían supervisar a las sirvientas y esclavas en la cocina o enfermería. Por esa razón, una vez más observamos una característica más de Úrsula a la hora de comprender el sufrimiento que podían atravesar estas personas , aquellas penas que atravesaba un esclavo, y de las cuales ella comprendía muy bien, ya que pasó aproximadamente cuarenta y tres años en esa condición. Sin embargo, podemos referirnos a otra característica contrapuesta, la cual luego de tener una enseñanza que Dios le dio, aprendió a mirar con otros ojos algo que ella creía correcto que era pensar el esclavo como propiedad, pero por las vivencias que tuvo cambio su postura.
Así mismo, este libro nos lleva a otro hecho interesante, y es la actuación que manifestará  la Inquisición –ya sea madrileña o limeña- referente a estos casos de misticismo y contacto con Dios. Esta institución religiosa vigilaba a las místicas y ellas debían probar que lo que decían era verdadero, y no era obra del demonio –es decir, una falsa santidad-. Pero no siempre se podía comprobar esto, por esa razón, existieron casos donde fueron enjuiciadas por el tribunal, como refiere Deusen al presentarnos algunos ejemplos de estás beatas.
Finalmente, puedo manifestar lo agradable que significó leer este texto, me llevó a una  sensación de saber y comprender cada vez más a estas mujeres místicas, las órdenes religiosas, la Inquisición, el castigo que se desarrollaron a lo largo de la época colonial del siglo XVII. Así mismo, considero que este libro  nos deja muchas reflexiones sobre la conducta y desarrollo de la terciaria franciscana Úrsula de Jesús.





[1] Estudiante de sexto ciclo de la Universidad Mayor de San Marcos. Miembro del Grupo de Estudios Annalicemos Hist8ria.
[2] Uno de los cinco principales conventos que tenía Lima en aquella época.