martes, 8 de enero de 2013

Historia Política


Historia política[1] y narración: El positivismo[2] de Moreira César en La guerra del fin del mundo[3]

Luis Angel Romero Argomedo
Estudiante de 4to año de Historia (UNMSM)


"La poesía de la historia reside en el casi milagroso hecho de que una vez, en esa tierra, en este familiar trozo de suelo, caminaron hombres y mujeres tan reales como nosotros hoy en día, pensando en sus propios pensamientos"


Por el momento se nos ocurre dos formas de relacionar la Historia y la Literatura, la primera tiene que ver con el uso de fuentes de carácter literario para entender e interpretar el universo mental de una época o de un individuo, mientras que la segunda es utilizar las técnicas literarias como un medio para la mejor narración de la historia tan necesitada y agobiada de “estructura” para lo cual analizaremos lo que nos dice Peter Burke y Simon Schama al respecto.

Dentro de la primera relación ya señalada un ejemplo puede ser el caso de la novela Los Sertones de Euclides Da Cunha, pero me centraré en el segundo punto que planteamos líneas arriba, es decir, la novela histórica o narración como modo de hacer entendible el discurso histórico, pero sin olvidar el análisis y la explicación del problema histórico. Entonces las principales preguntas serán, cómo se relaciona la narrativa de la literatura y la historia, y cuáles son los componentes ideológicos del positivismo en Brasil de fines del siglo XIX a partir del análisis de La guerra del fin del mundo y de la reconstrucción de un prototipo de personaje: Moreira César. Como preguntas secundarias tenemos: ¿cómo se introduce el positivismo en la Escuela Militar brasileña? y ¿porqué los militares brasileños apoyaron al sistema republicano?  

Aquí no propongo hacer una narración detallada de La guerra del fin del mundo debido a que esta novela tiene un universo muy rico y diverso de temas como para  tratarlos en su totalidad en este espacio, para tener una comprensión más amplia es necesario ir a la obra misma, no estaría demás decir que es altamente recomendable por la manera de entender la política de cada uno de sus personajes – especialmente el Consejero, Moreira César, Galileo Gall, el Barón de Cañabrava y Epaminondas Gonçanves-  devela y por la trama no lineal que nos ofrece Mario Vargas Llosa, no para distraer al lector, sino para hacer uso de un recurso técnico literario perfectamente válido. A menudo los historiadores buscan alejarse de la literatura argumentando que lo que hacen es ciencia, tal vez si hubiera un acercamiento conveniente a la literatura y a sus recursos técnicos la comunidad académica de historiadores en el Perú tendría un público lector más amplio, todo esto sin olvidar la rigurosidad del método que dé sustento a sus afirmaciones y argumentos.

Historia política y narrativa

Peter Burke[5] nos habla del renacimiento de la narración y que desde una visión estrecha se contrapone a la historia estructural, pero la vuelta del relato histórico no viene sola, sino que también vuelve el acontecimiento[6]. Según este autor:

 “[…] la llamada “revolución copernicana” en historiografía, encabezada por Leopold von Ranke a principios del siglo XIX, parece más una contrarrevolución, en el sentido de que volvió a situar los acontecimientos en el centro de la escena”[7].

Esta contraposición entre acontecimiento y estructura surge con los Annales desde Febvre hasta Braudel. Si queremos ver los puntos extremos, por un lado tenemos el interés por tomarse más en serio a las estructuras que a los acontecimientos y por otro lado a los que siguen pensando que el trabajo del historiador es contar historias[8], claro está que no podemos dejar de lado ni lo uno ni lo otro. Finaliza dando algunas luces sobre una posición conciliadora “[…] una vía para escapar de este enfrentamiento entre narradores y analistas”[9]:
Entre las vías que señala destacamos una que va acorde con la estructura de La guerra del fin del mundo, esta es “[…] el modelo [en] que los novelistas que cuentan sus relatos desde varios puntos de vista, [abría] la posibilidad de hacer más inteligibles las guerras civiles y otros conflictos”[10]. Dicho recurso se llama heteroglosía cuyo objetivo es mostrar y establecer las diferencias de perspectiva, en nuestro caso muestra los diferentes puntos de vista de los personajes. Otro método posible es “[…] escribir la historia hacia atrás […] La ventaja del experimento es […] forzar al lector, a sentir la presión del pasado sobre individuos y grupos”[11]. En La guerra del fin del mundo realmente no tiene un sentido lineal ni hacia adelante, ni hacia atrás.

La idea es que las técnicas de narración ayuden a los historiadores a “[…] revelar las relaciones entre acontecimientos y estructuras y presentar los puntos de vista contrapuestos de los personajes históricos”[12], porque como lo entendió R. G. Collingwood “[…] estudiamos lo que ha hecho un hombre para descrubrir lo que es el hombre”[13]. Para hacer este problema de la relación entre historia y narración aún más dramático, nuestra disciplina necesita de estos recursos literarios debido a que – excluyendo a la comunidad académica de historiadores- “la historia no se hará evidente por sí misma”[14], nos referimos a que para el público en general la importancia de la historia ya no es un supuesto, sino que es cuestionada.

La recepción del positivismo en Brasil

La tradición positivista europea desde la teoría social parte de que el orden y el progreso son los elementos constituyentes de la dinámica social, y esta es el estudio del proceso de evolución social. Según Augusto Comte la única manera de entender la totalidad es a partir de la física social (sociología) que tiene dos elementos: dinámica social y estática social (estudio de las interrelaciones de las instituciones en la sociedad)[15]. Hay un elemento en particular que nos ayudará a entender la visión de la idea de progreso en los positivistas, es la ley de los tres estadios que forma parte de la dinámica social y que cimenta las bases del pensamiento de los militares brasileños de fines del siglo XIX.

El positivismo tiene una serie de dificultades una de ellas por ejemplo, es que no puede explicar la diversidad ya que todo lo concibe como unidad, debido a que tiene que desembocar teleológicamente en el estadio positivo (su filosofía se restringe a eso)[16]. Una idea interesante que menciona Raymon Aron sobre Comte es que: “desvaloriza lo económico y lo político en beneficio de la ciencia y la moral”[17], hace recordar a Moreira César cuando se expresa sobre las luchas políticas en el parlamento brasileño.

Las características del positivismo según Pablo Quintanilla[18] (desde la epistemología) son:
-    Monismo: hay un solo método científico que utiliza la inducción y que lo corrobora con la experiencia para elaborar leyes.

-         Cientificismo: todo el conocimiento es científico, lo que no es científico no es conocimiento.
-          Teleologismo: con fuerte raíz cristiana, concibe a la historia en un sentido lineal que avanza inexorablemente hacia el progreso, hacia una utopía futura.

Su recepción en América Latina tuvo una serie de matices, generalmente entre los de tradición Comteana y los de Spenceriana. En este espacio asumen el positivismo incluso más tiempo y de forma más transcendental que en Europa, porque los valores fundamentales de esta filosofía son el orden y el progreso, de manera que si buscan esos ideales es porque hay carencia de realidades. La razón era un presupuesto de los positivistas en América Latina:

la razón, cuya objetivación es la ciencia, es lo que ha permitido que Europa y EE.UU. lleguen a ser lo que son, mientras que es la insuficiencia de racionalidad y de ciencia lo que ha hecho que las culturas nativas hayan sido conquistadas”[19].

La influencia fue desigual en periodos, entre ortodoxas y heterodoxas, así que nos centraremos en el caso brasileño:

[…] al inmenso Brasil, ocurrió algo muy curioso. Por un sorprendente giro de la historia, se transformó de colonia del imperio portugués, en capital del imperio, pero sin Portugal, en poder de los franceses. Sacudido por incesantes levantamientos y revoluciones, produjo republicanos, místicos, rebeldes y hasta socialistas […][20]
Por lo general, las disputas entre liberales y conservadores desembocaban en guerras civiles que daban paso al sistema político caudillista, pero el caso brasileño es excepcional ya que se independizaron de manera pacífica y sin guerras con Portugal a diferencia de los virreinatos hispanohablantes con España. En Iberoamérica hay un cambio en la concepción de la soberanía, antes estaba sustentada en el Rey, después de la independencia siguiendo a la Revolución francesa la soberanía residía en el pueblo. Después de que se haya retirado el rey Juan VI a Portugal, en 1820 deja a su hijo Pedro I en Brasil para que gobierne y en 1822 éste declara la independencia de Brasil[21]. Décadas después cuando se instaura la república (1889) inician las luchas entre republicanos y los terratenientes que defienden sus intereses (no está probado que sean promonárquicos, pero se les identifica como tales).

Prototipo de Moreira César

Fue un coronel del Séptimo regimiento del ejército de Brasil de fines del siglo XIX, entre los promonárquicos le decían el “Robespierre nacional” o que era como un “jacobino” y en general era conocido como el corta pescuezos[22]; en el bando de los Republicanos fue admirado por ser un hombre símbolo [es más se le reivindica por haber puesto fin a la monarquía]. El Barón de Cañabrava decía que era un fanático (junto con Galileo Gall y Antonio el Consejero), porque llevó sus ideas al extremo, ya que era un militar de línea positivista, recordemos que estos creen en la idea del progreso inexorable guiados por la ley de los tres estadios, su aspiración era: “la república dictatorial”. Al respecto cito el libro de Vargas Llosa cuando menciona la idea que los periodistas tenían de él:

[…] Lo recuerdan  […] defendiendo, en ese periódico incendiario, O Jacobino, sus tesis a favor de la República Dictatorial, sin parlamento, sin partidos políticos y en la que el Ejército sería, como la Iglesia en el pasado, el centro nervioso de una sociedad laica volcada furiosamente hacia el progreso científico[23]
Estamos en los inicios del periodo republicano cuando todavía se creía que el problema en Canudos era un complot monárquico para destruir la república y esto era lo que pensaba Moreira César. Nuestro personaje concebía a los seguidores del Consejero como una ola de fanáticos, bandidos y retrógrados. En el imaginario se nos presenta una dicotomía entre civilizados y bárbaros, y en ese sentido similar al conflicto entre el Estado chileno y los mapuches en el siglo XIX[24][25].

Según Leslie Bethell el positivismo que no tiene una definición como tal, puede ser expresado de la siguiente manera: “[…] teoría del conocimiento, en la cual el método científico representa el único medio de conocer que tiene el hombre […] [tiene especial énfasis en] la observación y los experimentos [y] la búsqueda de leyes de los fenómenos”[26]. La idea de este trabajo es señalar las características a manera de prototipo de un militar, sin embargo, Moreira no es un militar cualquiera ya que presenta una serie de matices que lo separan del militar tradicional, por ejemplo, la idea común de militar señala que este deber ser obediente a las órdenes que vienen de “arriba”, es decir, desde la elite. Moreira no era del tipo de personas que aceptaban las órdenes de los altos mandos políticos, sino que lo hacía porque tenía un ideal de sociedad, una donde el gobierno sea dirigido por los militares. Sin embargo, el militar siempre [salvo casos excepcionales] se ciñe a las órdenes de un superior dentro de su círculo de influencia que es en este caso el ejército, en ese sentido se muestra que el militar tiene una percepción vertical de la esfera donde se desenvuelve.

Otra característica que tiene el militar es su amplio sentido del patriotismo y la defensa de la nación, con lo que se desprende lo siguiente: el militar del siglo XIX, principalmente, tenía la idea de defender la civilización, en todo el contenido homogenizante e impositivo del término. Sin embargo, en la obra de Vargas Llosa también se muestra una contradicción respecto a esta afirmación [lo que no le quita su validez]:

[…] Tuetonio duda que vuelva a ver la ciudad donde nació, estudió y donde se alistó en el Ejército por este idealismo romántico: servir a la Patria y a la Civilización. En estos meses, ciertas creencias que parecían sólidas, se han visto profundamente socavadas. Por ejemplo, su idea del patriotismo, sentimiento que, creía antes corría por la sangre de todos estos hombres venidos de los cuatro rincones del Brasil a defender la República contra el oscurantismo […][27]
Para Moreira César el progreso se conseguía a base de máquinas, técnica y dinero, además critica a los monárquicos el hecho de que hayan mantenido al Brasil en la “prehistoria”. Menciona reiteradas veces que el ejército no se mete en rencillas políticas locales, porque se centra en su objetivo que es acabar con Canudos. Las ideas de Moreira se podrían sintetizar en la siguiente frase: “Para eso está el ejército, para imponer la unidad nacional, para traer el progreso, para establecer la igualdad entre los brasileños y hacer al país moderno y fuerte”[28].De lo que se desprende que este personaje desdeña completamente al pasado, y que la única mirada deseable y posible es la del avance (el progreso).

[…] la pervivencia de un enquistamiento “bárbaro” […] en el seno de la experiencia moderna: el ejército reprime con un furor “atávico” que incluye el degüello (típica práctica “salvaje”), mientras en las calles de Río la multitud delira irracionalmente contra los monarquistas (acusados de apoyar la rebelión de Canudos), o enceguecida por la fetichización de sus líderes (Floriano Peixoto o Moreira César), y por el odio fanático (que alcanza el clímax con la recepción final de la cabeza de Antonio Conselheiro […])[29]
A continuación presentamos la caracterización del positivismo de Moreira César, al que estamos utilizando como modelo para representar al militar positivista brasileño, se resumen en lo siguiente:

A.   La ley de los tres estadios: Moreira César era un fanático. Es identificado con el positivismo ortodoxo comtiano ya que era entendido como la religión de la humanidad: 1) el teológico, 2) el metafísico y 3) el positivo; según está lógica los brasileños después de la independencia se encontraban en el segundo estadio, porque se lucha por disolver las instituciones coloniales. Además, los grupos políticos estaban solo en pequeñas disputas, lo que favoreció mantener medianamente el orden hasta la llegada de la república (3er estadio). Los conservadores apostaban por el orden para que se mantenga la unidad[30], mientras que los liberales buscaban la democratización del país para lograr el progreso[31]. Lo que llevaba a considerar al “otro” como “bárbaro”, el así denominado es aquel que aún no se somete a la imposición de los valores positivistas y que posteriormente se puede traducir en aculturación:

 […]las contradicciones de la modernización y su costo social, como la propia crisis del sujeto modernos (del intelectual secularizador y urbanocéntrico, perturbado no solo por el arcaísmo retrógrado del “otro”, sino también por los excesos bárbaros de la civilización, y por el descubrimiento de los valores trascendentes que anidan en el seno de la supuesta “barbarie”)[32]
B.   La evolución contra la revolución (las ciencias y la modernización): Comte consideraba que la revolución es una enfermedad de la sociedad. La llegada del positivismo se produce por la influencias francesa en Teixeira Mendez bajo la influencia ortodoxa de Pierre Laffitte, y forma su grupo denominado Apostolado Positivista Brasileiro, apostaba por el desarrollo gradual y sus tareas más apremiantes eran: La abolición de la esclavitud y la constitución de la república. Los “cadetes filósofos” jugaron un papel importante en la caída de la Imperio (1889)[33].
[…] la mentalidad de la mayoría de oficiales del ejército republicano estaba poderosamente imbuida por el positivismo científico y, en menor medida, por el evolucionismo; veían, entonces, en la rebelión de los yagunzos una seria amenaza para el orden que trataba de imponer el recientemente fundado –y por lo tanto frágil- sistema republicano: una fuente de inestabilidad que era la antítesis del precepto de armonía social que preconizaba el positivismo científico como condición indispensable para el progreso de la sociedad[34]
C.   El orden y el progreso: El positivismo era donde se conciliaban estas ideas, incluso bajo consideración del Apostolado se coloca a la bandera Ordem e Progresso. Dentro de las tendencias de positivismo, ninguna estaba afiliada al Partido Republicano, porque el Apostolado tenía un concepto diferente de república, relacionado más con la “dictadura virtuosa”. Los “cadetes filósofos”, se oponían a la dictadura. En la elaboración de la constitución republicana de 1891 las propuestas de los positivistas fueron tomadas en cuenta como: la separación del Estado y la Iglesia, el matrimonio civil, etc.[35]. Por las descripciones que tenemos del Apostolado se deduce que Moreira César era de la tradición Comteana ortodoxa.

En algunos pasajes [de Los sertones], Moreira César es presentado como un personaje equivalente a Antonio Consejero (o incluso inferior, dada incapacidad para el liderazgo). Proveniente del grupo jacobino, opuesto a Euclides Da Cunha, es descrito como un ser enfermizo e inepto para la carrera militar, aquejado por una epilepsia que lo vuelve violento. Así como se describe al consejero como expresión de la patología del líder religioso, podemos decir que Moreira César expresa la patología de la modernidad progresista, lineal, positivista y “civilizadora”. Sin embargo, en la novela de Vargas Llosa se le presenta como un militar imponente, era un líder carismático (en el sentido weberiano del término) y legítimo.
Canudos constituye la inversión especular y fantasmática de la moderna capital, al perturbar los principios de la razón ordenadora y desestabilizar las dicotomías lógicas fundamentales sobre las que se asienta la percepción de la sociedad y del espacio[36]. Quizás el positivismo como paradigma y articulador de los militares fue efectivo en los logros económicos en Brasil, pero en Canudos dejó una huella imborrable: “[…] lo que el litoral ha llamado civilización es un préstamo, un conjunto de ideas ajenas tomadas en ciega faena de copistas, instrumentos inadecuados para la realidad sobre la que se trata de incidir”[37].

Conclusiones

1.    La literatura tiene elementos técnicos que pueden enriquecer la narrativa histórica, asimismo con un buen uso de las mismas propiciaría que el público lector se aboque más a los textos históricos. Además se puede llegar a un punto medio entre “estructura” y “acontecimiento” de manera que la historia sirva como una forma de autoconocimiento.

2.    Moreira César fue un militar positivista con fe en el progreso y el desarrollo industrial de Brasil. Apostaba por la dictadura “virtuosa” de la tradición ortodoxa del positivismo de Pierre Laffite. Además, tenía un liderazgo carismático y legítimo, el primero porque a pesar de haber perdido en la 3er expedición la opinión pública lo ovacionaba y todos los líderes políticos lo respetaban, y  sus principales valores fueron el orden y el progreso.

3.    Los componentes ideológicos del positivismo en Brasil son: la ley de los tres estadios, creencia en el progreso de la educación y las ciencias, entender el orden y el progreso como dos elementos fundidos para el desarrollo social.

4.  El positivismo entra a las escuelas militares de Brasil por la influencia de Émil Litre continuador de las teorías de Comte en París que influenció a Miguel Lemos, mientras que Pierre Laffite de la tradición ortodoxa del positivismo influenció a Teixeira Mendez que funda el Apostolado, por último Benjamín Constant que tiene influencia directa en la Escuela Militar por ser profesor de matemáticas formador de los “cadetes filosóficos”, opuestos a la dictadura “virtuosa”.

5.    Los militares apoyan a la república porque es el modelo más cercano al espíritu positivo, a pesar de que no estén de acuerdo con la existencia del parlamento. Además porque eran buenos aliados para combatir a los terratenientes y buscar el desarrollo industrial de Brasil.

BIBLIOGRAFÍA
1.    BURKE, Peter (ed.) (2003). “Historia de los acontecimientos y renacimiento de la narración”. En: Formas de hacer Historia. 2da edición. Madrid: Alianza Editorial, pp. 325- 342

2.    BURNEO, Raúl Antonio (2009). Lo monstruoso en dos novelas contemporáneas: Una indagación de la modernidad en Latinoamérica. Para optar al grado de Doctor de Filosofía: Faculty of Arts and Sciences/ Georgetown University, 211 pp.

3.    GIDDENS, Anthony (2001). “El positivismo y sus críticos”. En: BOTTOMORE, Tom y NISBET, Robert. Historia del análisis sociológico. Buenos Aires: Amorrortu, pp. 273-279

4.    GRAHAM, Richard (1999). “Ciudadanía y jerarquía en el Brasil esclavista”. En: SÁBATO, Hilda (coord.). Ciudadanía política y formación de las naciones. Perspectivas históricas de América Latina. COLMEX/FCE, pp. 345- 370

5.    HALE, Charles (2000). “Ideas políticas y sociales en América Latina”. En: BETHELL, Leslie (ed.). Historia de América Latina. 8. América Latina: Cultura y sociedad, 1830-1930. Barcelona: Crítica, pp. 1-64
6.    HORVÁTH, Gyula y SZABÓ, Sára (2005). “El positivismo en Brasil y México. Un estudio comparativo”. Tzintzun. Revista de Estudios Históricos. Nº42, pp. 9-32

7.    MAILHE, Alejandra (2010). “Imágenes del otro  social en el Brasil de fines del siglo XIX Canudos como espejo en ruinas”. Prismas. Revista de historia intelectual. Vol. 14, no.1, pp. 37-56

8.    PÍA LÓPEZ, Maria (2012). “La civilización al descubierto. En diálogo con Los Sertones, de Euclides da Cunha”. Nueva sociedad. Nº238, pp. 16-27

9.    PINTO, Jorge (2003). La formación del Estado y la nación, y el pueblo mapuche. Santiago: Centro de investigación Diego Barros Arana, 319 pp.

10. RAMOS, Jorge (1968). Historia de la nación latinoamericana. Buenos Aires: Peña Lillo.

11. SCHAMA, Simon (2002). “Clío tiene un problema”. En: Confesiones y encargos. Ensayos de arte. Barcelona: Ediciones península, pp.168-178.
12. VARGAS LLOSA, Mario (2005). La guerra del fin del mundo. Madrid: Alfaguara, 719 pp.






[1] Este trabajo estará enfocado desde la historia política, porque pretendemos realizar un prototipo de personaje en La guerra del fin del mundo. Este personaje será el coronel Moreira César debido a que en la obra representa una manera de concebir la sociedad y la política, asimismo en el contexto del Brasil de fines del siglo XIX en tránsito de la monarquía a la república simboliza el arraigado positivismo de los militares de esa época.
[2] Nos situamos en el siglo XIX, caracterizado por acoger a un crisol de ideologías no solo en Brasil, sino en general en América Latina y Europa.
[3] Novela histórica del novel de literatura peruano Mario Vargas Llosa que data de 1981. Esta obra se caracteriza por ser una novela total con una cantidad asombrosa de personajes.
[4] SCHAMA, Simon (2002). “Clío tiene un problema”. En: Confesiones y encargos. Ensayos de arte. Barcelona: Ediciones península, p. 173. Aquí Schama cita a G. M. Trevelyman.
[5] BURKE, Peter (ed.) (2003). “Historia de los acontecimientos y renacimiento de la narración”. En: Formas de hacer historia. 2da edición. Madrid: Alianza Editorial, pp. 325-342
[6] Lo que despectivamente se llamó “histoire événementielle”.
[7] Ibíd., p. 325
[8] Ibíd., p. 328
[9] Ibíd., p. 331
[10] Ibíd., p. 333
[11] Ibíd., p. 339
[12] Ibíd., p. 342
[13] SCHAMA, Simon. Op. Cit., p. 173
[14] Ibíd., p. 174
[15] GIDDENS, Anthony (2001). “El positivismo y sus críticos”. En: BOTTOMORE, Tom y NISBET, Robert. Historia del análisis sociológico. Buenos Aires: Amorrortu, pp. 273-279
[16] ARON, Raymon (1976). Las etapas del pensamiento sociológico. Buenos Aires: Siglo XX, pp.95
[17] Ibíd., p. 152
[18] QUINTANILLA PÉREZ, Pablo (2006). “La recepción del positivismo en América Latina”. Logos Latinoamericano. Nº6, p. 66-69
[19] Ibíd., p. 70
[20] RAMOS, Jorge (1968). Historia de la nación latinoamericana. Buenos Aires: Peña Lillo, p. 14
[21] GRAHAM, Richard (1999). “Ciudadanía y jerarquía en el Brasil esclavista”. En: SÁBATO, Hilda (coord.). Ciudadanía política y formación de las naciones. Perspectivas históricas de América Latina. COLMEX/FCE, pp. 347-348
[22] Por su participación en la Guerra del Paraguay.
[23] VARGAS LLOSA, Mario (2005). La guerra del fin del mundo. Madrid: Alfaguara, p. 196
[24] PINTO, Jorge (2003). La formación del Estado y la nación, y el pueblo mapuche. Santiago: Centro de investigación Diego Barros Arana, 319 pp.
[25] Resulta interesante ver esta comparación porque nos muestra la búsqueda de imposición de los valores de la idea del progreso en América Latina, el positivismo como producto de exportación quería desaparecer las sociedades “tradicionales”.
[26] HALE, Charles (2000). “Ideas políticas y sociales en América Latina, 1870-1930”. En: BETHELL, Leslie (ed.). Historia de América Latina. 8. América Latina: Cultura y sociedad, 1830-1930. Barcelona: Crítica, p. 14
[27] VARGAS LLOSA, Mario. Op Cit., p. 573
[28] Ibíd., p. 287
[29] MAILHE, Alejandra (2010). “Imágenes del otro  social en el Brasil de fines del siglo XIX Canudos como espejo en ruinas”. Prismas. Revista de historia intelectual. Vol. 14, no.1, p. 42
[30] Esto se evidencia en que antes de la abolición de la esclavitud (1888), el censo de 1872 arrojaba que las ¾ partes de afrobrasileños eran libres. GRAHAM, Richard. Op Cit., p. 345
[31] HORVATH, Gyula y SZABÓ, Sára (2005). “El positivismo en Brasil y México. Un estudio comparativo”. Tzintzun. Revista de Estudios Históricos. Nº42, pp. 11-13
[32] MAILHE, Alejandra. Op Cit., p.37
[33] Ibíd., p. 13-19
[34] BURNEO, Raúl Antonio (2009). Lo monstruoso en dos novelas contemporáneas: Una indagación de la modernidad en Latinoamérica. Para optar al grado de Doctor de Filosofía: Faculty of Arts and Sciences/ Georgetown University, p. 51-52
[35] HORVATH, Gyula y SZABÓ, Sára. Op Cit., pp. 19-25
[36] MAILHE, Alejandra. Op Cit.,  p. 42
[37] PÍA LÓPEZ, Maria (2012). “La civilización al descubierto. En diálogo con Los Sertones, de Euclides da Cunha”. Nueva sociedad. Nº238, p.22

sábado, 5 de enero de 2013

EL DICIEMBRE DE ESE ENERO


EL ESTUDIANTE COMO ACTOR Y PROMOTOR DE DEBATE.


Por Luis Rodríguez
Historia UNMSM

Hay una errónea consideración acerca del papel del estudiante en el desenvolvimiento de las Ciencias Sociales. Lo anterior va de la mano con su función de investigar, pero eso es un aspecto para el cual ya me he desenvuelto mucho, ahora la consideración se debe a ¿cuál es su función en relación al debate?. Considerando el “debate” como una discusión de ideas antagónicas sobre un problema determinado. En las Ciencias Sociales podemos entender el debate como la confrontación de propuestas metodológicas, teóricas o informativas con el fin de enriquecer el campo para entender un problema determinado. Sin embargo, esto último ha sido dejado de lado por el estudiante por muchos factores, considero principalmente cuatro, que lo ha llevado a ser un mero espectador.

El estudiante como alabador de ídolos
Lamentablemente los estudiantes de hoy han perdido la capacidad de discernir con profesionales consagrados. Y esto último no debe entenderse sólo en relación a la diferencia ideológica sino, considero, científica. Se discute mucho más si tal o cual es neoliberal, o “fujimorista” o “nacionalista” si sus aportes a la Historia o Ciencias Sociales deben ser considerados fundamentales. Las discusiones [si las hay] se entraban en la consideración de la persona llegando hasta caer en el vició del chismoseo y el ataque personal. Y para darse cuenta de ello bastaría ver las innumerables referencias que se hicieron a Manuel Burga cuando fue rector de la Universidad San Marcos hasta el 2007.

Esta incapacidad de discernir científicamente puede ser considerada falsa por aquellos que caen dentro de la ortodoxia metodológica, es decir aquellos que descalifican una teoría o una propuesta porque no cumplen la función de transformar la realidad. Así, entendía Lukács la función de la teoría, y así justificaba la ortodoxia marxista, pues si la teoría no afectaba a las masas y se convertía en un camino de la revolución era una herramienta burguesa[1]. Actualmente muchos se amparan en ello para invalidar cualquiera propuesta, desde las Ciencias Sociales, o simplemente ignorarlas. Esto último viene a ser la génesis de la falta de actualización de ciertos estudiantes y formas de organización en el ámbito académico.

Pero si la falta de debate en relación a profesionales consagrados se encuentra en los estudiantes más políticos expresados en la descalificación de las propuestas de los primeros o del ataque personal, esto es expresado a su vez en los estudiantes considerados “solamente académicos”, pues muy pocos se dedican plenamente a proponer, cuestionar o situar alguna propuesta de los anteriores. Muy poco ha quedado de los estudiantes que proponían y cuestionaban históricamente algo, de hecho hay un exceso de respeto. Alberto Flores Galindo, en su última carta, mencionaba que la generación de jóvenes posterior a la suya tenía un excesivo respeto hacia ellos, reclamando él que se ejerciera un pensamiento crítico sobre ellos[2]. Sin embargo, esta capacidad de criticar, de renovarse generacionalmente y de discernir con los consagrados se ha perdido. No hay necesidad de entusiasmar a los jóvenes – a nosotros mismos – con lo que ha sido generaciones pasadas, me parece que los mejores homenajes se dan en aquellas situaciones donde los estudiantes aprenden a superar a sus maestros, pero lo último no se logrará mediante la alabanza excesiva sino mediante la lectura crítica.

Han pasado ya casi veinte o treinta años desde que la generación del 68, tal vez la más ilustre que ha tenido nuestro mundo intelectual, dio sus mejores aportes a las Ciencias Sociales, muchos de ellos lamentablemente ya han fallecido, vale decir Alberto Flores Galindo y Carlos Iván Degregori. Las generaciones posteriores han dado un buen impulso a las Ciencias Sociales, las que ejercieron su labor en la década de Fujimori, muchos de ahora están en oficio y han dejado grandes estudiantes; pero el carácter confrontacional de ideas y de propuestas ha perdido brillo. Los eventos nacionales no ayudan mucho, salvo excepciones individuales muy marcadas, estos eventos que pueden tener como rótulos “Congresos, Seminarios o Encuentros” no intensifican ni aportan a la discusión nacional o científica por el contrario se vuelven aparatos monolíticos donde la exposición vale más que la reflexión. Lejos parece la realidad donde en los congresos nacionales discutían y exponían intensamente José María Arguedas o el mismo Flores Galindo, éste último también debatía y polemizaba mediante sus escritos en cualquier medio que encontraba, sea en forma de libros, artículos o notas de periódicos. A Flores Galindo le importaba bastante poner en el centro del debate una idea para que fuera repensada, este gran ejercicio intelectual le hizo confrontarse académicamente con otros intelectuales como Luis Millones, Fernando Iwasaki y el mismo Degregori, con el cual discute tendidamente sobre el mundo andino y la utopía, un debate lamentablemente inconcluso.

Esta capacidad de discernir no es únicamente de este conjunto de intelectuales, es una herencia de los maestros de generaciones pasadas, es merecido el testimonio de Raúl Porras Barrenechea que describe una crónica de un debate que él protagonizó junto a Paul Rivet y Hermann Trimborn sobre la consideración del nombre del Perú, hecho ocurrido en el Primer Congreso Internacional de Peruanistas en Lima en 1951[3]. Cuando no ocurría estos eventos de gran trascendencia, las universidades u organismos particulares generaban el debate, es memorable la mesa del 23 de julio de 1965 que organizó el IEP alrededor de una obra literaria, Todas las sangres. La discusión se dio en relación a las consideraciones del mundo andino expuesto por José María Arguedas, y que fue severamente criticado por Anibal Quijano, Henri Fabvre, Jose Matos Mar, Sebastian Salazar Bondy, entre otros. Las actas del evento fueron publicadas por la misma institución, acción que ha sido imitada muy poco. La misma institución para 1972 publicó su serie Perú Problema de donde se editaría el famoso ensayo de Heraclio Bonilla y Karen Spalding “La independencia en el Perú: las palabras y los hechos” como parte de una antología de textos recopilada por el primero. José Matos Mar y Bonilla en las primeras líneas de su presentación dejan en claro el objetivo de la obra, “[…] su propósito es ofrecer al lector los planteamientos de la moderna investigación histórica sobre el tema. Los análisis e interpretaciones que formulan los autores de estos ensayos constituyen serios intentos para reexaminar y cuestionar la versión que tradicionalmente existe entre nosotros sobre la Independencia[4]. La importancia de esta obra fue que se convirtió en el paradigma de la historia que revisaría todo lo que se consideraba consagrado en las canteras de la historia. Se editó en un momento crucial, ya que se acababa de celebrar el sesquicentenario de la independencia del Perú, el mensaje oficial seguía viendo la independencia como una gesta heroica de todos los peruanos, Bonilla ofrece su visión de una independencia concedida lograda por los ejércitos extranjeros, lo que lo convirtió en el “aguafiestas” de las celebraciones nacionales. Esto ahora parece imposible, a pesar de que estemos a poco para llegar el Bicentenario nacional. Me parece que una de las últimas mesas redondas en torno a una obra que generó mayor polémica fue la suscitada en la Universidad Federico Villarreal en torno al libro Contrahistoria de José Ragas y Eduardo Dargent y que comentaron tanto Cecilia Méndez como Mario Meza. Todo lo anterior son esfuerzos memorables dignos de admirar e imitar, pero el mejor recuerdo es aquel que se reproduce constantemente con nuevos actores y nuevas discusiones, es tétrico ver un ambiente académico donde la discusión es lo último que se piense, y donde haya un exagerada devoción hacia los grandes intelectuales, esto último a veces solo de nombre.

El debate es otra de las cosas perdidas de las revistas no solo de docentes, sino también de los estudiantes, estos últimos que buscan el espacio excesivo de los primeros para llenarse de prestigio; a su vez se ha perdido publicaciones serias que critiquen seriamente el manejo del gobierno nacional, de la universidad, o que repiense las propuestas académicas de los últimos tiempos. En el caso de los primeros solo encontramos panfletos llenos de consignas, y entre los segundos a lo mucho podemos pedir reseñas, tal vez los espacios de crítica e intercambio de ideas que se daban en revistas como la Revista Andina del CERA de Cuzco se ha perdido, Allpanchis en la dirección de Flores Galindo presentaba esta característica como el mismo autor señala “[…] se busca, además, artículos contrapuestos sobre un mismo tema, e incluso se ha establecido una sección destinada a inaugurar polémicamente nuevos territorios de investigación […]”[5], ni que decir de la única revista que tenía dentro de su nombre la palabra “debate”, vale decir Márgenes fundada por SUR y por el mismo Flores Galindo, y cuya última edición se dio en el año 2000, dato curioso a saber que fue ese año cuando cayó el régimen fujimorista, que suponía que la libertad de discusión y crítica se intensificaría. 

El estudiante político y el debate muerto
Esto en parte se incrementa por la consideración del debate como espacio donde se elimina al enemigo, en este caso político. Esta mala concepción ha sido adoptada por las organizaciones políticas y su reproducción en espacios gremiales en nuestra Universidad. En estas últimas formas de organización que le queda a la institución, el “debate” baja de un nivel tremendo desde las instancias que aglomeran varias facultades, a las que solo conciernen a una “base” (conjunto de estudiantes que tienen como común denominador pertenecer a una determinada promoción). En este caso hablo de la Universidad San Marcos, y sus numerables espacios de decisión y organización que han sido creados por empuje de las organizaciones políticas, estas son la AGG (Asamblea General de Gremios), La Coordinación de Juntas Directivas de San Marcos, la Coordinación de Gremios (COOGRE para el caso de Ciencias Sociales), Asambleas de delegados de los Centros Federados, Asambleas generales de estudiantes de una facultad, la Asamblea General de un Centro de Estudiante (para el caso de Sociales y Letras), las Coordinaciones de representantes de un Centros de Estudiante, Coordinaciones ampliadas, reunión de base, etc, y últimamente se pensaba crear el Comité Directivo de la AGG, una propuesta basada en las experiencias del 2008 en la AGG y Ciencias Sociales. Todo este conjunto burocrático de instancias de decisión en vez de incrementar el debate, por el contrario lo asesinan al internarse en un conjunto de discusiones estériles sobre problemas que solo atañen a sus organizaciones políticas. No hace falta mencionar que las discusiones académicas son dejadas de lado por estos organismos [siendo la excepción las asambleas de estudiantes de una facultad y las asambleas de “base”], considerándose solamente político, meramente político. Y con discusión académica no nos referimos a la consigna de la “calidad académica”, o la de mayor logística, que es muy importante, sino me refiero al intercambio de ideas en relación a enfoques, disciplinas, teorías, metodología de las Ciencias Sociales, y otros.  

La calidad académica ha sido adoptado por estos espacios como una bandera, como un caballo de batalla, pero de hecho muy pocos de los estudiantes que se insertan en estos espacios tienen vida académica, más allá de asistir a clases, sin generalizar claro está. Por otro lado, es un error considerar que las discusiones que se generan en estos espacios son verdaderos debates por lo siguiente: a) lo que se discute es importancia de una pequeña cantidad de estudiantes, debido a que no son problemas que vinculen a la mayoría, b) cuando estos problemas son reales y vinculan a la mayoría son dirigidos de una mala forma, c) esta mala forma se expresa en combinar problemas reales y problemas políticos de espacios, d) los problemas políticos de espacios tiene que ver con las formas de captación y reproducción de sus discursos ideológicos, e) cuando los espacios políticos combinan la coyuntura del momento con sus discursos ideológicos, pesa más lo segundo – por un factor de supervivencia – lo que ocasiona que la discusión se quede en ese nivel, f) al quedarse en ese nivel, los espacios políticos recurren a niveles bajos de discusión como el insulto, apelan a atacar a la persona que da el argumento y la opinión que contrarrestar lo último, g) cuando la discusión queda en un nivel personal y donde prima la capacidad de eliminar y anular políticamente al otro, entonces se aleja al resto de estudiantes que no tienen intenciones políticas, meramente políticas, h) al alejarse las personas que no tienen estas intenciones, los espacios políticos siguen discutiendo hasta reflejar en las síntesis de las reuniones o asambleas sus pareceres y propuestas y no de la gran mayoría anulada en el camino, i) al quedar en las asambleas las propuestas de un pequeño grupo, la mayoría lo desconoce y lleva al fracaso a los primeros, j) para no quedar en el fracaso y demostrar su validez, entonces los espacios políticos toman acciones, por más descoordinadas que estén, a pesar que este lleve el peligro de el aislamiento, k) al pasar lo último se puede llegar a confrontaciones donde la gran mayoría al ser alejados de la decisiones decida hacer valer sus propuestas y puede ocurrir conflictos, l) al ocurrir conflictos los espacios son deslegitimados, vistos como una minoría, inservibles y donde se pierde el tiempo, por lo que la capacidad de estos espacios de generar el debate es muerto. El hecho de que el debate tenga su “clímax” en el ataque personal, supone mediante silogismos que la única forma de debatir es descalificando al otro para apropiarse de la razón mediante la anulación de la verdad de la otra persona, solo basta ver la cantidad de fuentes que en 8 años el llamado “movimiento” estudiantil ha generado, a saber de pronunciamientos, actas de reuniones [los pocos centros que tienen], volantes, prensa de campaña de tercios, etc; lamentablemente las pizarras por su carácter de no ser fuente permanente ha desaparecido, pero antes abundaban estos medios donde se hacían denuncias expresas a personas, solo por el hecho de descalificarlas de los ataques que se brindaba a un determinado espacio.

Situar históricamente el declive del movimiento estudiantil implica tomar en cuenta factores externos (la herencia de la década de la antipolítica y la criminalización de la protesta por ejemplo) e internos. En estos últimos ha de ser un factor clave la continua relación que existe entre consigna política y ataque personal como medio para ganar una discusión, tanto que ambas cosas han llegado a ser sinonímicas del debate. Sólo bastaría ver la relación de asistentes a asambleas que se dan en los espacios de decisión mencionados para ver el alejamiento de los estudiantes de estas prácticas y de los centros de estudiantes que la representan.

El apolitismo y el debate como sinónimo de pelea.
Admitir que el debate entre muchos de los estudiantes de ahora tiene una carga negativa es honesto, muchos no solo rehúyen sino lo niegan porque lo relacionan con las peleas sin sentido y los ataques personales, y hasta cierto punto tienen cierta justificación, pero el alejamiento, también, se debe al apolitismo que vive la Universidad, y sus estudiantes, esto último como consecuencia de la década de Fujimori que condenó todo tipo de protesta social, pero no es lo único. Grover Ponce[6] en un ensayo, bastante conocido, reconoció como factores de la antipolítica al discurso del mercado, el horror a la violencia política del SL y el MRTA, la crisis económica de los noventa, el cambio de la composición social en la Universidad y el ocaso del radicalismo universitario de los setenta y ochenta[7]. Esta contextualización hizo que las condiciones para el desarrollo de la organización y la acción política se vieran cada vez más complejas, lo anterior se expreso de una mejor manera cuando la reconstrucción de espacios gremiales después de la caída de Fujimori se dio de una forma desorientada, y cuyo proceso de fortalecimiento aún sigue en camino en contraste con las fortalecidas Federaciones de estudiantes que existió en la década del sesenta y setenta y que vieron su ocaso en los ochenta con la presencia de espacios políticos sin programa que destruyeron el debate, la revisión de ideas, de lo cual se desprendió y apropio el termino revisionista, cargándolo de un contenido negativo, entonces la crítica y el hecho de repensar se hizo revisionista, y el seguir el manual se hizo de los consecuentes. El mismo camino no demoró en aplicarse a los jóvenes gremios reconstruidos en San Marcos, ocurrió el mismo proceso de apropiación de espacios políticos, siendo consecuencia lógica ya que ellos habían sido sus fundadores e impulsores, pero la falta de un programa verdadero derivado de un pensamiento que reflejara la realidad del momento hizo que se cayeran en viejas consignas repetitivas que como en los ochenta alejo a la gran mayoría de estudiantes aislándose y convirtiéndose en una comunidad sostenida solamente por sus actores, estableciéndose una categoría entre aquellos que se dedican a “la lucha” como los “consecuentes” y aquellos que solo se dedican a estudiar como los “academicistas”. Convirtiendo y estableciéndose estereotipos del “estudiante político que no estudia”, y del “estudiante academicista que no se mete en cosas políticas”, siendo algo raro un término medio que aglomere ambas “posiciones”. Esta clasificación se vuelve más intensa cuando estas consideraciones se desarrollan en espacios políticos, siendo los primeros llamados “rojos”, y los segundos “amarillos”, donde el ataque personal vuelve aparecer. Lo anterior genera rechazo, un natural rechazo que hacen ver al debate como ataque personal, y una pérdida de tiempo generada por intereses partidarios.
           
El estudiante “tijeras y engrudo”
Robin George Collingwood entendía cómo el método de “tijeras y engrudo” a la necesidad de los historiadores helenísticos a recopilar información y materiales en base a “autoridades”, vale decir en base a la obra de otros semejantes[8]. El nivel de desarrollo de las redes sociales ha permitido una gran interacción entre personas de una misma comunidad académica o social, el desarrollo ha llevado a cabo a convertir sujetos sociales en sujetos virtuales. Pieré Lévy consideraba la virtualización como la mutación de identidad del centro real del ser a una expresión dinámica[9]. Esto equivale a mencionar que mucha de las expresiones reales del cuerpo como realidad son proyectadas a través de sus realidades virtuales, esto se puede reconocer en las redes sociales donde la capacidad de discernir pareciera aparecer, pero en realidad es otro de los tantos proyectos frustrados para encontrar medios para debatir. El facebook bien puede ser utilizado para confrontar ideas, pero no sirve porque los actores yerran al utilizar el debate como ataque personal, al condenarlo o al expresar una característica en el cual su falta de capacidad para repensar o proponer se llena con la copia de las ideas y propuestas de otros autores. Citar y utilizar a autores para sostener una discusión no es malo, pero es perjudicial cuando no se tiene otra forma de expresarse “académicamente”. Anteriormente se discutía de forma presencial y se repetía y leía citas textuales, ahora basta con pegar un link para decir algo, sea la nota de un diario, el artículo de un intelectual subido a la red, entre otras variadas formas de expresarse; de hecho este rasgo es peor cuando la capacidad para defender y mostrar una posición se expresa sólo a “dar like” a un comentario, un estado o cualquier forma, lo anterior anula la capacidad de expresarse con las propias palabras que uno pudiese concebir, lo que impide a su vez repensar. Claro, nunca hablando en generalidad.

La idea de algunos estudiantes a recurrir siempre a “autoridades” para sostener un discurso o una postura se asemeja al método de los historiadores que cortaban citas, hechos y luego los pegaban en su obra, de ahí mi consideración a las “tijeras y engrudo”. Basta con revisar constantemente las redes sociales para darse cuenta que cuando sucede una coyuntura política, académica u otro evento que sucinte atención, basta que uno o dos intelectuales escriban alguna nota por ahí, para que esta sea rebotada de una gran manera por estudiantes que anulan su propia capacidad de expresarse. Pero retomemos lo anterior, no es mala la difusión de textos y artículos buenos, recientemente Roger Chartier en una entrevista en Chile, mencionaba que “[…] La técnica digital revoluciona al mismo tiempo el soporte de lo escrito, las relaciones con los textos y su inscripción y difusión […]”[10], vale decir que el apoyo de las redes de comunicación ha favorecido la difusión de una gran información, antes considerada muy imposible de conseguir, es decir libros editados en otros países e idiomas, así como acceso a diarios, revistas, libros y blogs donde autores del medio publican sus pareceres sobre las coyunturas que se viven, gracias a la técnica digital lo que escriben las personas se difunden de una manera masiva, gracias a esta misma técnica se puede conocer lo que sucede en otros países sin necesidad de depender de las cadenas de televisión, todo lo anterior es cierto. Pero ello no justifica bajo ninguna manera que los estudiantes nos quedemos solo con el papel de reproducir lo que escriben los intelectuales y mostrarlo como nuestra posición sin siquiera un comentario repensado o escribir algo, esto cómo dije no sólo anula el debate sino la capacidad de criticar que es la base de toda aquella institución superior que se reconoce como la entidad donde han de desarrollarse las soluciones de un país.

El debate no es sólo discutir sino proponer.
Al pensarse en “debate” en Ciencias Sociales, la mayoría se situaría en una Asamblea de estudiantes de facultad y una relación de dimes y diretes entre unos y otros. Esto debe considerarse como falso, porque el debate no debe solamente sujetarse a la esfera de lo político, debe pensarse el debate también en términos académicos. Así, es risible ver como en espacios como las “asambleas” muchos interesados hablan y prolongan reuniones por horas, mientras en otros espacios como auditorios ante conferencias, ponencias o en los mismos salones de clases, los mismos interesados prácticamente se quedan mudos. La capacidad de debatir académicamente no solo debe pensarse en términos de sostener ideas contrapuestas, sino también en la capacidad de proponer, y para realizar lo último es necesario ante todo leer e investigar. La capacidad de proponer admite a su vez sostener y argumentar lo que se menciona frente a otros que discrepan, génesis de un debate académico. Pero, esto se ha perdido, y los espacios no son muy adecuados. El protocolo pesa mucho más que armar estas escenas. En los congresos se le da al expositor un tiempo ínfimo para argumentar, y los compañeros de mesa casi no entablan relación entre sí, es peor cuando ante las palabras del comentarista, estos no tienen capacidad de replicas, en peores situaciones el moderador cancela la ronda de preguntas por tiempo, siguiendo el protocolo del evento, pareciendo ser más un engranaje de una maquinaría que un estudiante que invite a la reflexión. Disminuir la capacidad de preguntas de exposiciones, o por el contrario no permitir las replicas entre expositor e interlocutor asesina el debate, es casi imposible que se desarrolle de esa manera, pero estas situación son favorables, cuando por el contrario se ve que el debate se accidenta simplemente porque los oyentes de la sala no tienen nada que decir ni preguntar, vale decir un monólogo.

Pero hablando propiamente de estudiantes, me referiré a un caso concreto para demostrar en este como el estudiante debería encontrarse a sí mismo como un actor principal de la discusión académica y ser promotor y actor del debate, y no solo mero espectador. Esto ha de pasar por propuestas y por exposiciones, y para ello un buen espacio son los aniversarios de las Escuelas que organizan los Centros de Estudiantes en la Universidad San Marcos. Situar históricamente el debate de los estudiantes en Historia no pasa solo por referirnos a sus insufribles asambleas, sino pasa por la consideración de ¿Qué tanta participación tienen los estudiantes como actores que puedan desenvolver polémicas y aportar y a su vez proponer?, vale decir que tanto espacio se le da a los estudiantes en un evento organizado por estudiantes.

Ya me había referido antes a la falencia que tienen estos eventos al no poseer actas,[11]por lo tanto no existe un registro de lo que se discutió si uno no fue testigo presencial, siendo las únicas fuentes lo que se haya escrito en el momento y claro está la publicidad que se haya generado en torno al evento. En este caso nos referiremos a los últimos 5 eventos realizados por el CEHIS como Semana de Historia y la participación de estudiantes.

Para el año 2008 entre el 01 y 05 de diciembre se organizó la Semana de Historia que tenía como título “Visión histórica de las bonanzas y crisis sociales en el Perú”. A diferencia de otros eventos que se dieron en adelante, esta semana si mantenía una cierta tendencia a generar el debate, de hecho mesas como “Historia e historiadores, el perfil del historiador en torno a la Reforma curricular” con Manuel Burga, Francisco Quiroz y Héctor Maldonado eran buenas intenciones de generar la polémica, sin embargo esta mesa nunca se llegó a dar, otra mesa que llamaba la atención era la titulada “Marxismo y posmodernismo” con Augusto Ruíz Zevallos y José Trivelli, fuera de ello lo demás serían exposiciones, pero volviendo a la participación de estudiantes, hubo solo dos días dedicados a ponencias estudiantiles (martes y jueves). ¿Quiénes fueron y sobre que hablaron? Son interrogantes, pues la fuente no menciona. Esto último implica el hecho de que los estudiantes eran considerados anónimos, al no estar encarnada su participación, los espacios solo hacen mención a “ponencia estudiantil” sin ningún tipo de información sobre lo que se dijo evidenciando una falta de consideración hacia el estudiante, y la aceptación de que vale más las conferencias magistrales de docentes y profesores que el estudiante que no puede competir, y si bien esto se da en algunas instituciones y eventos, esta lógica se reproduce en el mismo centro de estudiantes. Esta situación cambio para el año 2009 que desarrolló la Semana de Historia en las semanas finales de noviembre, para este evento hubo 3 mesas de ponencias estudiantiles, lamentablemente no tan concurridas, los ponentes de estas mesas fueron Homero Quiroz, Jorge Mendoza, Emil Beraún y Manuel Rodriguez en  la mesa dedicada a Filosofía de la Historia, Johel Pozo en el apartado de Historia económica y Christian Rodríguez, Michael Mendieta y Alex Narvaez en la mesa titulada “Fascismo en el Perú”, la falta de actas y la poca concurrencia de público hizo que en estas mesas tampoco se generará mayor debate, pero la gran participación de estudiantes implicaba su consideración e importancia.

Para el año 2010, entre el 15 y 19 de noviembre se desarrolló la Semana de Historia titulada “Repensando la Historia: Nuevas miradas sobre los procesos históricos y la disciplina histórica en el Perú”, lamentablemente para este año solo hubo una mesa de ponencia estudiantil para el día martes sin consignar que y quienes discutieron esa edición implicando que a pesar del año agitado que significó el 2010, la consideración de un estudiante que proponga, exponga y debata era muy débil. El 2011 sin embargo cambio ello, ya que su Semana de Historia implicaba varios espacios dedicados a estudiantes debido a los buenos impulsos de particulares que se dieron, principalmente la Mesa de Grupos de Estudios que reunió a cinco organizaciones académicas de aquel año que eran Perspectivas, TEHIF, Annalicemos Hist8ria, TEM Yuyachkanchik y Plvs Vltra, a su vez las ponencias estudiantiles se dieron desde el martes hasta el viernes, vale decir 4 jornadas con estudiantes que expusieron sobre el Perú contemporáneo, región, cultura, política y proyectos de tesis, en total hubo trece estudiantes que participaron de estos espacios dedicados a la exposición, aunque esto no implique necesariamente el debate. Para el 2012, el evento titulado “Estudios histórico sociales y contemporáneos” mantuvo la mesa de grupos de estudios, en los cuales esta vez participaron Annalicemos Hist8ria, TEM Yuyachkanchik, Plvs Vltra, TEHIF y fue invitado Regionalicemos la Historia, pero el representante de este último espacio no pudo asistir; la cantidad de ponencias estudiantiles en tres días fueron de once, cifra casi similar a la de la edición anterior, considerando que se elimino el día viernes, debido a que se pretendió asegurar público asistente, lo que no ocurría en ediciones pasadas. Curiosamente fueron las ponencias estudiantiles las más concurridas, en sus tres mesas, por lo menos la asistencia fue más intensa, y por el contrario las mesas magistrales se veían un poco despobladas, esto puede implicar varias cosas, desde el sentimiento de fraternidad para escuchar a un amigo hasta el interés que puede suscitar la exposición de estudiantes y las propuestas que puede dar, pero más allá de ello implica la consideración de que el estudiante puede y debe ser el protagonista del ámbito académico que le rodea, y que las herramientas que tiene a su disposición debe servirle, principalmente, para que se mejore académicamente. El debate no se generó a su vez por el silencio del público que ha de cambiar si desea transformar el panorama que se puede venir si estas buenas acciones que se dan en Historia continúan y se insiste en dar el protagonismo a los estudiantes, claro no a cualquiera, sino a los mejores preparados. El evento a su vez tuvo un espacio dedicado a una mesa con el rotulo de “debate” en este caso una discusión historiográfica que se debía dar entre los representante/ estudiantes de las tres universidad de Lima que forman historiadores, es decir la UNFV, PUCP y la misma UNMSM, evento que sirvió de mucho interés para los estudiantes de las universidades invitadas, que luego formaron un comité para transformar este “Debate historiográfico” en un evento oficial de la comunidad de historiadores, haciendo que se repita constantemente en las universidades intercambiándose la sede.

Estas últimas iniciativas favorecen a los estudiantes porque da espacios para que se expongan y se posicionen al centro del debate y la discusión, es importante que el estudiante asimile que su función es ser actor no espectador, y que no basta con citar, sino se debe repensar, reflexionar y a su vez escribir, esto es necesario para que la comunidad académica aporte más de lo que hace, para que los cambios generacionales no sean tan abruptos y lentos, para que las Ciencias Sociales se beneficien del desarrollo de debates que promuevan cuestionar y revisar ideas, donde los profesores y maestros puedan discutir con sus alumnos de manera frontal y con toda la sinceridad académica que se pueda tener.





[1] George Lukács. Historia y conciencia de clase. México: Grijalbo, 1969. p. 4.
[2] Alberto Flores Galindo. “Reencontremos la dimensión utópica” en Márgenes. N° 7, 1989, p. 78.
[3] Raúl Porras Barrenechea. Antología de Lima. Lima: El Comercio, p. 353.
[4] Heraclio Bonilla (ed). La independencia en el Perú. Lima: IEP, 1972, p. 9. (El énfasis es nuestro.)
[5] Alberto Flores Galindo. “La antropología como encono” en Obras completas. V. SUR: Lima, 1997, p. 355. Publicado originalmente en La República, Lima, 18 de diciembre de 1982, p. 11. (El énfasis es nuestro).
[6] Grover Ponce. “El discreto encanto del desencanto. Jóvenes, política y régimen fujimorista en San Marcos de los noventa” en http://www.cholonautas.edu.pe/modulo/upload/Grover%20Ponce.pdf (Obtenido el 04 de enero del 2013).
[7]  A saber de esto consultar el libro clásico de Nicolas Lynch. Los jóvenes rojos de San Marcos.
[8] Robin George Collingwood. Idea de historia. México: FCE, 2004, p. 94.
[9] Pieré Lévy. ¿Qué es lo virtual?. Barcelona: Paidos, 1998, p. 19.
[11] Luis Rodríguez, “Las semanas de Historia de la UNMSM” En http://apecsinforma.blogspot.com/2011/10/las-semanas-de-historia-en-la-unmsm_17.html (obtenido el 05 de enero del 2013).

viernes, 28 de diciembre de 2012

EDICIÓN N° 4 DE LA REVISTA SÍNTESIS SOCIAL


(El nuevo número de la revista Síntesis Social estará a la venta en los eventos sobre Historia donde tengamos espacio, para lo cual avisaremos con la debida anticipación, a su vez puede comunicarse con el número 997314714 - Ronny Pariona - si desea acceder a un ejemplar en lo inmediato. El precio por cada ejemplar es de 15 soles.)

PRESENTACIÓN

Esfuerzo, compromiso y voluntad son actitudes que han permitido queesta revista salga a la luz. Pero, no son sentimientos abstractos, sino que ante todo son mecanismos efectivos y prácticos que nos mueven a cumplir las obligaciones y compromisos que se nos presentan en nuestra condición de estudiantes de pre grado; pero es sobre todo el amor a la Historia nuestro principal motor de producción y publicación. Annalicemos Hist8ria, el grupo de Estudios e Investigaciones Histórico- Sociales presenta a la comunidad de historiadores y científicos sociales el número 4 de Síntesis Social, esta vez dedicando parte de su contenido al Medio Oriente, su influencia, su historia y su alcance en nuestra sociedad. Agradecemos por ello la gentil colaboración del Centro Cultural Al Andalús que nos brindó orientación, nos recomendó temas e investigadores, en especial nuestro agradecimiento al profesor Martín Portillo que nos ayudó y se interesó por el presente proyecto. De este tema central se presentan 4 investigaciones: un artículo de Bernabé López García que desarrolla el siguiente debate: ¿La sociedades islámicas son abiertas o cerradas en términos culturales?, un importante aporte en una sociedad como la nuestra que se rige bajo estereotipos y estigmas; por otro lado el especialista en mundo islámico Ricardo Shamsuddin Elia publica un trabajo titulado “El síndrome del milenarismo”, un buen estudio sobre los orígenes de estas ideas en el mundo medieval, trabajo que es reproducido de la revista El mensaje de Az-Zaqalain, luego se tienen dos trabajos sobre la magia y la religión en el mundo islámico y una aproximación al estudio de los carpinteros mudéjares del siglo XVII en Lima.

(El Dr. Mario Meza y el Mag. Virgilio Freddy Cabanillas - Asesor del grupo - en la presentación de la revista el día jueves 13 de diciembre; como moderadora del evento la srta. Verónica Reyes.)

Las dos secciones clásicas de Investigación y Ensayo presenta sendos trabajos, en el primer apartado se encuentra un avance de la tesis de licenciatura de Gonzalo Paroy, uno de los fundadores del grupo y la revista, que trabaja el tema del discurso antichinista y la alteridad en la Lima de fines del XIX e inicios del XX, también está el buen trabajo sobre historia marítima militar de Javier Robles que desarrolla la expedición del cosario L´Hermite, esta sección la completa Luis Chávez Lara que desarrolla las imágenes de Satanás en la Colonia, Ronny Pariona que se adentra en los orígenes de la creación del Colegio de Medicina de San Fernando, Juan José Pacheco Ibarra, que en base al estudio de El Comercio, Variedades y la prensa de la época nos muestra como se da la llegada y el asentamiento de los gitanos en Lima, y por último desde la Universidad Nacional San Agustín, Helard Fuentes, junto su padre, nos presenta una investigación sobre Ximenes Abrill, un músico del siglo XIX.

Los ensayos incluyen un trabajo sobre el tema de la tesis de licenciatura de Miguel Antacabana, miembro del grupo y de la revista, que trabaja el fascismo en el Perú y en esta oportunidad desarrolla el devenir fascista de la Unión Revolucionaria, el profesor Virgilio Freddy Cabanillas ofrece un texto que fue difundido durante la exposición de imágenes y pinturas “El imaginario nacional en la colección del Seminario de Historia Rural Andina”, un evento desarrollado por la misma institución, el evento se convirtió en un acercamiento hacia un arte popular muy poco difundido y valorado. Daniel Morán y Marissa Bazán nos presentan buenos ensayos sobre la Independencia; y del siglo XX se encuentran los trabajos de Marty Ames sobre Leguía y Efraín Nuñez sobre la crisis de San Marcos en los años 60, termina esta sección con el estudio sobre el teatro colonial del siglo XVII a cargo de Jacqueline De La Cruz. En la sección de reseñas agradecemos las colaboraciones de Joel Pinto que resume una novedad bibliográfica de Carlos Aguirre sobre historiografía, y Mario Meza reseña el libro de Domenico Losurdo sobre la leyenda negra de Stalin en Occidente, y por último Angel Sandoval se encarga de la tarea de comentar una reciente publicación de José Ragas y Eduardo Dargent, Contrahistoria, es un texto polémico que en la última Feria de Libros se ubicó entre las joyas bibliográficas más vendidas.

En esta presente edición, se encuentran dos breves notas del profesor Francisco Quiroz Chueca, sobre el reciente V Congreso Nacional de Historia realizado en agosto del presente año, en el mismo evento se decidió en un plenario conformar una comisión encargada de crear la Asociación de Historiadores del Perú, motivo de la segunda nota. A su vez el profesor Miguel Maticorena, nos brinda unos de sus textos documentales para ser publicado, en esta ocasión un aporte conceptual sobre el vocabulario político del siglo XIX. Agradecemos a todas las personas que de muchas formas han colaborado para que este producto este tal y como está, al equipo técnico y gráfico, a los profesores que conforman nuestro comité evaluador que hace riguroso el contenido de esta publicación, a los maestros que siempre están ahí apoyándonos en todo y a las personas que nos dan su aliento y fuerza, ya que sin ellos no seriamos nada. Para terminar este escrito introductorio, queremos mencionar que el grupo Annalicemos Hist8ria, los editores de Síntesis Social, apuestan por la investigación, un principio que debería ser el principal motor a nivel institucional de nuestra escuela, lamentamos que la “investigación” esté vista como una actividad “extra-académica”, fuera de los contenidos de los cursos, y casi hasta como una actividad heroica, creemos que investigar debe ser ante todo una práctica cotidiana, común de los estudiantes de Historia. Reafirmamos nuestro compromiso en ello, ese es el principal objetivo de nuestro grupo que en el presente año ha crecido en integrantes, propuestas, valor y sobre todo en decisión para continuar este proyecto y camino.
(Producto final de la jornada, revista Síntesis Social 4)

ÍNDICE
INFLUENCIAS Y ALCANCES DEL MEDIO ORIENTE
EN EL PERÚ. HISTORIA Y ACTUALIDAD

TEMA CENTRAL

Walter Rojas Fox (UNMSM)/ “La magia, los magos y la religión en el mundo islámico: un acercamiento”
Bernabé López García (Universidad Autónoma de Madrid)/ “Islam y sociedad abierta: las fronteras culturales de la Unión Europea”
Ricardo Shamsuddín Elía/ “El síndrome del milenarismo”
Luis Rodríguez Toledo (UNMSM)/ “El arte mudéjar y los carpinteros en la Lima colonial del siglo XVII”

INVESTIGACIÓN

Gonzalo Paroy Villafuerte (UNMSM)/ “Las transformaciones discursivas del Antichinismo: El caso de Hildebrando Fuentes (1891)”
Javier Robles Bocanegra (UNMSM)/ “La campaña marítima militar de Jacques L´Hermite. Proyecto bélico de conquista holandesa y futura colonización contra el virreinato del Perú (1623-1624)”
Luis Chávez Lara (UNMSM)/ “La metamorfosis de Satanás: Una aproximación a la demonología andina de los siglos XVI y XVII”
Juan José Pacheco Ibarra (UNMSM)/ “La llegada de los gitanos a Lima (1887-1928)”
Ronny Pariona Medina (UNMSM)/ “La Medicina y la salud en el Perú:La creación del Real Colegio de Medicina y Cirugía de San Fernando”
Helard Fuentes Pastor y Helard Fuentes Rueda (UNSA) “Arequipa: Cuna del padre del yaraví y de la música andina, Pedro Ximénez Abrill (1780-1856)”

ENSAYOS

Virgilio Freddy Cabanillas (UNMSM)/ “Todas las identidades: El imaginario nacional en la colección del Seminario de Historia Rural Andina”
Miguel Antacabana Angulo (UNMSM)/ “La Unión Revolucionaria y su devenir fascista. Perú 1931-1936”
Daniel Morán Ramos (UNMSM – UBA)/ “De súbditos del rey a ciudadanos del capitalismo. Prensa y educación popular en el Perú entre la Independencia y el Bicentenario”
Marissa Bazán Díaz (UNMSM – Univ. Jame I de Castellón)/ “El proceso independentista en Hispanoamérica ¿Fue una revolución?”
Efraín Núñez Huallpayunca (UNMSM)/ “La Facultad de Letras y la crisis en San Marcos (1967-1969)”
Jacqueline De La Cruz Revata (UNMSM)/ “Palacios, plazas y corrales: Consideraciones para una historia social del teatro peruano durante la Colonia”
Marty Ames Zegarra (UNMSM)/ “La “Patria Nueva”: ¿Existió en el Oncenio de Augusto B. Leguía?”
RESEÑAS
Mario Meza Bazán (UNMSM – El colegio de México) “Stalin: Historia y crítica de una leyenda negra de Losurdo Domenico”
Joel Pinto Esquia (UNSA)/ “Historiografía del siglo XX. Historia e historiadores entre 1848 y ¿2025? de Carlos Aguirre Rojas”
Angel Sandoval Sanchez (UNMSM)/ Contrahistoria. Ensayos de historia política peruana de José Ragas y Eduardo Dargent.

NOTAS

Francisco Quiroz Chueca (UNMSM)/ “Sobre el V Congreso Nacional de Historia” y “La creación de la Asociación de Historiadores del Perú”

ESPECIAL

Miguel Maticorena Estrada (UNMSM)/ “El vocabulario político: las palabras comunismo, socialismo, rojismo, frente único de trabajadores”





jueves, 4 de octubre de 2012

NOTA DE PRENSA: VIERNES 05: MENTALIDADES Y RELIGIONES (SEMINARIO DE HISTORIA APLICADA)


SEMINARIOS DE HISTORIA APLICADA
ESTUDIOS DE POLÍTICA, SOCIEDAD, MENTALIDADES, RELIGIONES Y ECONOMÍA

AUDITORIO DEL 2DO PISO (FAC. CCSS)

 VIERNES 05

4.30 PM
MESA N° 3: MENTALIDADES.     
A cargo de la Dra. Cristina Flórez Dávila 

(PUCP/ Universidad de Lovaina/ UNMSM)
“Importancia de la historia de las mentalidades”





 6.30 PM
MESA N° 4: HISTORIA DE LAS RELIGIONES
A cargo de:
Mag. Carlos Carcelén Relúz (UNMSM/ Univ. Pablo de Olavide)
“Cultos andinos y el medio ambiente”

 


Mag. Juan Carlos La Serna (UNMSM/ Universidad de Lima)
"Las misiones de la Amazonia y la construcción de la imagen del indígena actual"



SEMINARIOS DE HISTORIA APLICADA
ESTUDIOS DE POLÍTICA, SOCIEDAD, MENTALIDADES, RELIGIONES Y ECONOMÍA

Annalicemos Hist8ria siguiendo su principal objetivo, considera que difundir la investigación y el desarrollo de las ciencias histórico-sociales es de gran importancia para todos nosotros que nos dedicamos al estudio de tan apasionada labor que es la Historia. Pero tan noble objetivo no puede concretarse con solo ofrecer oportunidades de publicación y financiación de proyectos. Es necesario un proyecto a largo plazo que abarque todos los ámbitos del porqué la deficiencia en estudios histórico-sociales en nuestra casa de estudios, no solo viendo por el problema de la falta de oportunidades para que los jóvenes historiadores muestren sus investigaciones ante la comunidad académica o creyendo que con una buena financiación de proyectos se logre incrementar el número de publicaciones e investigaciones. El problema es más profundo y tiene más matices de lo que uno pueda pensar, desde la limitada formación académica, las dificultades cognoscitivas y económicas que puedan presentar los aspirantes a historiadores (con raíces mucho más profundas que abarcan desde la formación elemental o primaria), entre otras.
Teniendo esto muy en claro, tenemos como objetivo contribuir como grupo de estudios a que dichas falencias se vean superadas con el tiempo y el apoyo de todos. En esta oportunidad, Annalicemos Hist8ria se ha comprometido a difundir con mayor claridad los conocimientos históricos realizados en las diversas áreas de esta disciplina social con el fin de ofrecer a los asistentes las diversas teorías y métodos empleados en cada una de éstas, así como los últimos avances historiográficos tanto en épocas coloniales como republicanas, con el objetivo de que sirva de inspiración para los futuros trabajos de investigación. La Historia es una disciplina muy amplia, puesto que abarca todos los hechos de la humanidad en sociedad, y con ese Seminario proponemos echar un vistazo a las principales áreas de esta disciplina para que el estudiante promedio vea las diversas áreas y campos de la historia en la que puede dedicarse a investigar.
Agradecemos a los profesores que tan amablemente han decidido colaborar con este proyecto y a la Dirección de Turismo del Centro Cultural de San Marcos que está auspiciando el evento de una manera responsable y desinteresada.
La Mesa 1 se dio el pasado lunes 17 de setiembre, el tema fue Historia política y conto con las participaciones de Rafael Sanchez Concha Barrios, Ricardo Portocarrero y Cristóbal Aljovín.
 
(Jiles Ugaz, representante de Annalicemos Hist8ria, dando inicio a la primera mesa de Historia Política)
 
(Dr. Francisco Quiroz, ex director de la Escuela de Historia presentando el evento, acompañado por Javier Robles, representante de Annalicemos Hist8ria como moderador)

           
(Mag. Rafael Sanchez-Concha Barrios con su exposición “Organicismo y corporativismo en el Virreinato del Perú”)
 
(Dr. Cristóbal Aljovín de Losada en plena exposición)
 
(Lic. Ricardo Portocarrero Grados – Director de la Casa Museo José Carlos Mariátegui – con su exposición sobre la Historia política, la historia intelectual y el pensamiento de Alberto Flores Galindo)
 
(El público asistente del evento)