sábado, 26 de marzo de 2016

Arriba, abajo, al centro y pa’ dentro: Control social, resistencias y cultura popular a través del alcohol en el Chile Colonial


Ignacio Tapia Gatica
 Pontificia Universidad Católica de Valparaíso


Chingana en Tres Puntas, 1852

El consumo de bebidas alcohólicas es tan antiguo como lo pueden llegar a ser  las sociedades, y más aún, estas bebidas  han llegado a convertirse en elementos primordiales en ciertas culturas. La bebida alcohólica, básicamente proviene de cualquier alimento que pueda ser fermentado, es así como podemos encontrar tantas bebidas alcohólicas como culturas existan. Casos como el sake japonés de la fermentación del arroz, el vodka ruso que proviene de la papa, o la tradicional chicha de uva en Chile, dan cuenta de algunos ejemplos de la diversidad y facilidad con la que se pueden producir estas bebidas.

El uso de los brebajes también varía mucho dependiendo de quienes sean los que la utilicen. Y precisamente, luego del choque cultural que implicó la Conquista, del encuentro de estas dos tradiciones frente al alcohol, surge una nueva forma de cultura y por lo tanto, un nuevo sistema de relaciones entorno al alcohol que encontraríamos en el grueso del “bajo pueblo” de la sociedad colonial americana: los mestizos.

He considerado que en los estudios sobre la Colonia en Chile, los temas relacionados con el alcohol han sido abordados mayoritariamente en relación con el relato lúdico y pintoresco que significaron las chinganas y ramadas en correspondencia con el surgimiento de tradiciones nacionales y, en menor de medida, episodios de violencia y la condena por parte de las elites hacia este tipo de costumbres. Pero en mi caso quiero abordar esta temática haciendo énfasis en que en todo este proceso de la Colonia y re-significación del uso del alcohol, siempre ha estado vinculado a las relaciones de poder (en las distintas elites del momento), que independiente del jolgorio o las prácticas cotidianas, ha sido constante el control social mediante el alcohol, desde los indígenas de la encomienda, pasando por los peones de la hacienda, hasta los mineros del norte, y también el descontrol producto del consumo de éste.

La interrogante es pues ¿Fue efectivamente el alcohol un medio de control social utilizado en contra del “bajo pueblo” por parte de las elites? O en vista de las fuentes halladas ¿es posible ver el alcohol como un medio de resistencia (directa o indirecta) del “bajo pueblo” por formarse en contra de lo pretendido por las elites? La respuesta podría ser doblemente afirmativa, en cuanto efectivamente hay momentos en donde se exteriorizan de manera más fuerte los propósitos de la elite a través del disciplinamiento u otros métodos. Y por otro lado, también existen momentos donde es posible apreciar esta “resistencia” –de manera mucho más inconsciente- en dejarse formar por la elite, especialmente en aquellos momentos que del control efectuado por el alcohol se pasa al descontrol que ni las autoridades logran contener. En esta dialéctica se mueven los actores sociales. Hacia la búsqueda y explicación de estos momentos apunta esta investigación.

El trabajo estará dividido en tres grandes apartados divididos en sub-apartados. El primero con el título de Arriba, dedicado al control social a través de la manipulación del alcohol en distintas instancias de la Colonia, con un preludio a la sociedad colonial, se comenzará por las relaciones del mundo indígena con el alcohol y las repercusiones de la Conquista, del cómo se impone la noción occidental acerca del alcohol y el sistema de encomienda del siglo XVI, que pasa por la hacienda de los siglos XVII y XVIII, y con los trabajadores nortinos de fines del XVIII e inicios del XIX, a la vez que se relacionan estas instancias con el control que también se da en la ciudad, en pocas palabras, las relaciones de poder existentes por parte de las elites locales entorno al alcohol. La segunda parte del trabajo designada Abajo, que vendría a analizar a la cultura sub-urbana que se va gestando fuera del trabajo, de actividades colectivas, y en la creación de tradiciones como consecuencia de su contexto, en donde también se analizarán las relaciones de violencia y evasión producto de las condiciones de vida del “bajo pueblo” colonial. Una vez estudiada la esfera de la elite y la esfera del “bajo pueblo” (del primer y segundo capítulo respectivamente) se abrirá paso al tercer apartado denominado Al centro y pa’ dentro, dedicado al choque de estas dos esferas, a la oposición de la elite por las prácticas del “bajo pueblo” y a las resistencias de este mismo por dejarse moldear por ellos.

Entendiendo a la Colonia como un periodo que fluctúa entre el siglo XVII (cuando se estabilizan las fronteras) y hasta la formación de la República (durante el primer tercio del siglo XIX) haciendo el reparo de que a pesar de no tratarse de la Colonia propiamente tal, muchas prácticas que se realizaron durante ella se mantuvieron durante la incipiente República, y entendiendo que se vive de manera distinta dependiendo del lugar, se hará uso del estudio de casos. Por lo que esta  investigación no busca crear descripciones o leyes generales de la vida en todo este periodo, sino que a través de estas pequeñas muestras de casos, construir una idea sobre las relaciones sociales a través del alcohol en la Colonia.

***

Arriba
“Tomamos drogas de esclavos: son drogas para trabajar mucho y pensar poco.
La cafeína estimula los músculos, pero no el cerebro,
y el alcohol embota la mente.”
Joseph M. Fericgla.
Un breve preludio al Chile Colonial

La relación de los pueblos precolombinos con el alcohol dista mucho de la relación que nosotros podríamos tener con él. Tanto en sociedades mesoamericanas como andinas el vínculo con el alcohol era más bien espiritual, con un predominio en el uso de la chicha en el caso andino, se utilizaba para hacer posible el alcance de estados de inconsciencia y éxtasis en los cultos, de manera que su consumo era imprescindible para conectarse con su mundo espiritual y en los diversos actos colectivos[1].

Los mapuche preparaban el muday, que es un brebaje producto de la fermentación del piñón o el maíz[2], el cual se utilizaba con fines sociales y religiosos, teniendo en cuenta que lo espiritual se hacía presente en gran cantidad de aspectos de la vida del mapuche, vemos esta chicha presente como parte de las ceremonias comunitarias como el nguillatún, funerales, machitún, etc., o en festividades entre linajes para mantener y reforzar la cohesión étnica[3] y simbolizar la unidad entre las familias[4].       

Con la llegada de los españoles, junto con la entrada de tragos más fuertes también trajeron su diferente cultura entorno al consumo del alcohol, mucho más terrenal que con la Conquista, a los indígenas que quedaron bajo el sometimiento español o que mantuvieron relaciones “amistosas” con ellos, banalizó las concepciones frente al alcohol, lo que les hizo caer en el vicio, como muchos otros pueblos que tuvieron contacto con los occidentales. La encomienda en América favoreció la introyección de prácticas culturales y de dominación hispana (también a los descendientes mestizos), lo cual no implicó tan solo un dominio de tierras usurpadas a ellos, sino que también –por el trasfondo sociocultural recién visto- conllevó a una conquista espiritual.

El problema actual del alcoholismo en los pueblos indígenas no es un problema local de cada uno,  sino que responde a este importante papel que tomó la utilización del alcohol como herramienta de control de las mejores tierras y servidumbre de ellos. Necesitando una mano de obra cautiva, se les pagó en alcohol, desde entonces el alcohol debe ser entendido como un elemento que oprimía y sometía a los indígenas manteniéndolos atados en sus terrenos sin que pudieran rebelarse, a través de métodos sincréticos como la manipulación de la religión y la ley, perpetuándolos como una gran masa trabajadora[5]. Este patrón de prácticas y de control a través del alcohol lo veremos presente por mucho tiempo en los siglos posteriores a la Conquista.

Antes de continuar con el estudio en la Colonia propiamente tal, es necesario señalar que el actual problema del alcoholismo en los pueblos indígenas, es percibido como un problema ahora, como consecuencia de un proceso histórico-social, donde el código de valores predominantes y lente sobre el cual miramos el asunto, es el occidental. Si entendemos esto, es posible comprender lo que dice el antropólogo, y es especialista en materia de enteógenos, Joseph M. Fericgla sobre cómo se percibía el consumo de drogas (en nuestro caso, alcohol) en las culturas precolombinas: “...en los pueblos habitantes de nuestra América precolombina, el consumo de drogas constituiría un elemento central al momento de comprender los métodos de subsistencia, las relaciones ayuda y curación, la memoria colectiva y los sistemas de toma de decisiones (…) en la población indígena y mestiza americana.” Por lo que “el problema” del alcoholismo no existiría aún, sino hasta la llegada de un nuevo orden cultural que significó el proceso de Conquista y Colonización[6].

Alcohol y poder

Comprendiendo que estas relaciones se remontan a los orígenes del contacto hispano-americano, será más fácil asimilar por qué luego estarán tan vinculados por un lado los grupos dominantes con la producción, monopolio y mantención de la industria alcoholera, y por el otro, los grupos subalternos que, vinculados al sistema impuesto[7], también serán factor impulsor de la creación de una persistente tradición etílica.

La hacienda, expresión del poder rural durante la Colonia, nos da luces de la relevancia que tomó el alcohol en las relaciones laborales dentro de ella. El siguiente caso a estudiar corresponde a ser de San Juan de la Frontera, ubicada en la actual Argentina, que correspondía a ser parte del Chile trasandino colonial hasta el 1776 (año en que la Intendencia de Cuyo fue separada de la Gobernación de Chile y fue integrada al Virreinato del Río de la Plata, como parte de la provincia de Tucumán).

En San Juan de la Frontera como en otras regiones, era común  la práctica de que los peones de la hacienda cobraran una mitad de su salario en plata y la otra en productos de la pulpería, de estos últimos en las cuentas de los peones en las pulperías es posible apreciar que el aguardiente formaba parte del consumo común de ellos, el cuadro adjunto es de un peón conchabado en una hacienda en marzo de 1757, bajo este sistema de pago[8].

Por lo tanto es posible observar aún que, después de la encomienda con los indígenas, el alcohol sigue funcionando como medio de pago ahora con los mestizos. Es claro que en una localidad tan alejada del centro (por la cordillera de los Andes) y en tiempos donde lo urbano aún está en estrecha relación con lo rural, el poder de las elites se ve incrementado cuando estas, siendo dueñas de las haciendas y pulperías son también participantes en la toma decisiones de los cabildos. La reglamentación y disciplinamiento de la vida social en la ciudad dependiendo de ellos, es total.

La concentración del poder político y el monopolio los recursos lo eran todo, por lo que poco le quedaba al pueblo de instancias de verdadera autonomía frente a los hacendados. Por su parte, los mecanismos de control que tenían los propietarios de las haciendas sobre el campesinado no se quedaban tan solo en el plano rural, como en el caso de San Juan, las elites se valen de todos los medios posibles (instituciones, espacios, objetos, etc.) para perpetuarse en el poder y ejercer su control sobre la población, como veremos a continuación.

Siendo la producción de vino y aguardiente la base sobre la cual se sostenía la aristocracia señorial, ésta se expandió hacia otros puntos desde los cuales dominar. El primer espacio –formal- desde donde esta oligarquía local actuaba era el cabildo, es decir, los mismos productores de viñas, aquellos que eran dueños de pulperías en las cuales a los trabajadores les pagaban una parte en dinero y la otra en productos de la pulpería (únicos locales donde abastecerse en aquella aislada localidad, recuperando así el dinero empleado en salario), eran los mismos quienes tomaban las decisiones respecto a los asuntos de la ciudad. Llegando así la reglamentación y el disciplinamiento a espacios de sociabilidad popular como lo eran las pulperías, teniendo a su disposición a la fuerza policial y a la justicia para determinar el cómo se va a llevar a cabo la vida dentro (horarios de uso, cierre de algunas, prohibiciones de venta, etc.) y fuera de las pulperías (celebraciones religiosas y populares)[9]. El cuadro anexado muestra las rotaciones y relaciones entre los cargos, en los cabildos y ser dueños de una pulpería, recalcando la importancia de estos almacenes y su lazo con el poder político[10]:

Es necesario destacar que siendo en aquel entonces San Juan de la Frontera parte de la Gobernación de Chile, podían pasar muchos meses con el paso por la cordillera cerrada por las condiciones climáticas, por lo que el poder y autoridad de la que gozaron estos hombres se vio ampliamente incrementada, por lo que tampoco sería de sorprender los casos de abusos de poder y evasión a las leyes  por la falta de fiscalización (como con los impuestos, aprovechándose de su aislamiento)[11].

Ya vimos cómo el alcohol pudo formar parte de la normalización de la vida laboral a través del salario con los campesinos en las aisladas haciendas de San Juan, y ahora paralelo a esta ciudad, encontramos el Corregimiento de Coquimbo, ubicado en el Norte Chico de Chile. Allí  se extraían recursos de tipo agrícolas y mineros, en donde vamos a encontrar este mismo patrón de pagos en alcohol, y cuyas fuentes nos podrían ayudar a respondernos del cómo hacían para mantener a los trabajadores en sus puestos de trabajo.

El Corregimiento de Coquimbo durante el siglo XVIII llevó a cabo un importante desarrollo minero, lo cual provocó que la demanda de trabajo fuera mucha y la mano de obra poca, por lo que los grandes hacendados y empresarios mineros se hicieron de los mecanismos posibles para atraer y mantener la mano de obra existente. Al igual e incluso más que en San Juan, los empresarios hacían uso de la venta deliberada de licores a fin de mantenerlos en sus faenas, siendo conscientes de que aquello conlleve un aumento de la violencia y una disminución de la eficiencia en el trabajo (esto se entiende debido al temor a que se vayan a otras faenas). El alcoholismo aquí llegaba a niveles alarmantes, por lo que un factor que mantenía a los trabajadores fuertemente atados al patrón era precisamente la adicción. Se realizaban actividades de premiación con alcohol para retenerlos incluso los días festivos, donde ya no solo el vino era un incentivo por el cual trabajar (trabajar para beber), sino que se convertía en el motor para poder trabajar (beber para trabajar). Así es como atestiguaron Miguel José de Lastarria y Juan de Arcaya, quien dejó registros de situaciones en donde se utilizó el alcohol a beneficio de los empresarios y en perjuicio de los trabajadores. Lastarria, un funcionario público, describe la práctica de la venta de licores de las pulperías las cuales son dueños los mismos empresarios, mientras que por su parte Juan de Arcaya, un vecino del mineral Petorca, detalla que: “…elevó una representación en nombre de su hijo Gaspar, pidiendo que se le permitiera vender vino y aguardiente en su estacamina, argumentando que la fuerte inversión que había hecho, lo obligaban a retener, por todos los medios, a los peones[12].

No es tan descabellado pensar que este tipo de prácticas son más comunes de lo que parece si miramos el contexto y panorama general  de la América Hispana. Por ejemplo en el Nuevo Reino de Granada hacia el siglo XVIII, las autoridades coloniales, después del fracaso en la prohibición del consumo de chicha y de las chicherías (lucha que duraría un largo periodo de tiempo), al darse cuenta que era un negocio rentable, tanto el Cabildo como el Hospital San Juan de Dios de Santafé (de la Iglesia) desarrollaron muchos locales de chicherías, es decir, promovieron su venta. Por las ganancias, les favorecía la venta de éste, por lo que se toleró, pero aun así no se dejó de criticar su consumo, demostrando las contradicciones de la elite entorno al asunto[13].

Abajo
“¿Y qué mejor manera de superar una barrera cultural
que a través del murmullo de una botella,
especialmente una botella de algo local?”
Lawrence Durrell.
Creación

Sabemos que el proceso de mestizaje no consiste tan solo en la mezcla genética de distintas razas, sino que también implica la confluencia de tradiciones y gestación de una cultura nueva. Las instancias para generar esta nueva cultura puede tener muchas aristas; desde los encuentros de tipo violentos con el Otro (como el cambio en tácticas militares), hasta algunos más “pacíficos” y largoplacistas (como los sincretismos religiosos), por lo tanto todos estos cambios responden a tiempos y espacios en específico. Sabiendo que el objeto del presente estudio es el alcohol, me he atenido para este subcapítulo a acotarme principalmente en un solo espacio social: la chingana.


Las chinganas, más propias de la zona centro del país, eran espacios de encuentro y sociabilización mucho más improvisados y menos reglamentados que las pulperías, y por ende, en su mayoría eran clandestinas, claro que las habían unas de tipos más formales que otras, por lo que habiendo chinganas para grupos más adinerados, se podían hacer diferenciaciones sociales a través ellas. Pero para la masa de campesinos, la chingana era el principal espacio de diversión para la época en estudio. De predominante tradición rural, éstas, tenían mucha relación con las temporadas y tareas agrícolas, ayudándoles a los campesinos a sobrellevar la dura vida, y a veces para contenerlos, los hacendados dejaban el funcionamiento de chinganas en la hacienda. En las chinganas principalmente se bailaba, se cantaba y se bebía, llevándose claramente el protagonismo el alcohol[14]. Las chinganas como espacios identitarios populares, tomaron un rol fundamental en la  concentración de la cultura campesina[15], desarrollándose de manera autónoma muy por el contrario a lo que podían pretender las elites (que las consideraban “inmorales” y fuente de desmanes), a tal punto se introdujo en la cultura popular que no pudiendo contra éstas, fueron integradas como parte de la cultura nacional nacional[16], trayendo consigo a la zamacueca, las payas,  las fondas (que fueron las que redujeron y desplazaron las chinganas finalmente), etc.

Violencia

Si bien, a lo largo de todo el trabajo se puede encontrar de manera explícita o implícita el tema de la violencia, en este apartado denominado Abajo y dedicado al “bajo pueblo” (en función del alcohol) se analizará pues, este tema.

Diversos son los trabajos, en que ya queda más que comprobada la relación alcoholismo y violencia. El historiador Jorge Pinto para el caso chileno en el norte del país (Corregimiento de Coquimbo) en el siglo XVIII, como causantes de la desproporcionada violencia en esa zona, suma a otros factores externos como la dureza de la vida (condiciones laborales, mala alimentación), la desintegración de la vida familiar (crímenes pasionales), y las conductas patológicas (que no fueron tratadas, y que a la vez son consecuencia de la suma de los demás factores), aumentaron considerablemente la capacidad de reaccionar de manera violenta en una persona, exaltándose en sobremanera en situaciones que pueden considerarse normales, desencadenando en estrepitosos hechos de violencias, como asesinatos. Sorprenden los casos hallados por Pinto, como por ejemplo: “Pedro Miranda, vecino de Samo Alto, intentó asesinar a un pobre campesino del lugar  por el solo hecho de no haberle cancelado $6 que le debía, a propósito de lo cual, una vez fallido el intento, procedió a incendiarle la casa[17].

De los actos de violencia que se refiere Pinto, principalmente se trata a nivel de rencillas entre trabajadores o revueltas que se generan contra los patrones. Pero la violencia también se da dentro de la casa, en la familia, y sobre eso los archivos judiciales también han dejado huella, aunque si bien presentan el sesgo que al ser de índole  judicial siempre estarán enfocadas en encontrar un delincuente y un delito, y, siendo en la mayoría de los casos autoridades coloniales los que registran a los delincuentes, en su mayoría del “bajo pueblo”, sería usual encontrarnos con descalificaciones[18].

Ahora bien, independiente del lugar y grado violencia que existió, el alcohol siempre fue el que lideró el número de acusaciones y ha sido muy común, según la revisión de expedientes judiciales,  que los agresores hayan atenuado su actuar debido a saberse haber estado bajos los efectos del alcohol y por esto mismo, al no recordar lo cometido.[19].

Evasión
            Muy relacionado con la violencia, el alcohol se presenta como un elemento que: “… producía muchas emociones y sentimientos diversos: liberar tensiones o violencia reprimida, desatar la euforia y alegría, extasiar sentidos o “ahogar las penas.”[20]. Esto queda muy bien expresado en una canción ya de esos tiempos:
Póngale chicha a los vasos,
póngale y póngale más,
tengo el corazón partido
y en chicha lo quiero ahogar[21].

Al centro y pa’ dentro
“No existen relaciones de poder
sin resistencias”
Michel Foucault.

De oposiciones, contradicciones y resistencias

Como hemos visto desde el primer apartado, las elites han utilizando todos los mecanismos posibles para hacerse con el poder,  atraer y atar a los trabajadores en sus propiedades, utilizando el pago en alcohol y el control en sus espacios de diversión, la imposición de celebraciones y la prohibición de otras[22].

Por su parte, para el “bajo pueblo” la significación del alcohol iba por su valoración como elemento que unificaba, con el que se alegraba y se olvidaba, pero a la vez descontrolaba y vulneraba. Se convirtió en la causa, y la adicción a él en la consecuencia del trabajo, debido a esta gran relevancia que tenía el alcohol en el diario vivir del “bajo pueblo” es entendible el porqué de las resistencias y su “defensa” en extremo de su consumo por ser eje cohesionador en torno al cual giraba la tradición. Por eso es que a pesar de lo estudiado de parte de las elites, el “bajo pueblo” tampoco se dejó controlar tan fácilmente, ya sea de manera consciente o inconsciente, da muestra de generar una resistencia frente a las pretensiones de las elites, y esto lo podemos notar especialmente cuando a los trabajadores les tocaban sus espacios de libertad, sus festividades, cuando le quitan el acceso al alcohol, como lo han relatado diversas fuentes. Estas resistencias las podemos apreciar en la persistencia por mantener festividades, tradiciones, y en las mismas revueltas que en más de una ocasión  hicieron ceder a las autoridades frente a la tradición popular.

Claudio Gay, connotado científico francés contratado por el estado chileno para realizar una historia natural de Chile, describe al punto que pueden llegar las tensiones entre el campesinado y los hacendados a causa del alcohol, cuando escribe sobre el sistema comunitario de trabajos en las haciendas en que los peones se rotaban de hacienda en hacienda realizando trabajos siempre y cuando estos tuvieran fiestas de por medio (a modo de pago). Sin embargo en ocasiones cuando los hacendados se negaban a realizar las cosas a través de este sistema: “Los mismos hacendados se ven con frecuencia en la necesidad, y tambien por la fuerza de la costumbre, de regalarles algunos cántaros de vino ó de chicha y algunos víveres por mas que este acto de generosidad sea siempre perjudicial á sus propios intereses.[23]. Destaco la fuerza de la costumbre porque en este caso existe un entendimiento del grupo hacendado acerca de la relevancia que tenía la existencia del elemento  alcohólico para realizar las tareas laborales, por lo que ceden. No así el grupo empresarial de a mediados del siglo XIX que presentaron incapacidades para controlar a los trabajadores no acostumbrados a las formas industriales modernas, quienes se opusieron incluso través de la resistencia directa para proteger sus formas culturales pre-industriales[24]. Un caso como este lo relata una carta del Subdelegado de una minera (Mineral El Romero): “Me dirijo a Usted con motivo del levantamiento de los mineros que hubo el 18 del presente en la noche (…) La causa de esta sublevación fue originada por las mujeres acompañadas por hombres vagos que tienen ventas de licor públicamente y con el mayor escándalo: Además el toque de guitarra de día y noche sin límites, sin querer obedecer a la justicia cuando les manda que se recojan; (…) A las diez de la noche los ha hecho recogerse, y solo han obedecido hasta salir de las chinganas en alguna distancia pero como las dueñas de estas ventas han continuado el toque de vihuelas poco después que yo me he retirado de hacer la patrulla; y además a vender licor sin obedecer mi mandato, se reunieron nuevamente todos, resultando de esto un gran desorden…[25].

Por su parte las elites frente al tema del alcohol también presentan sus contradicciones dentro de sí, pues como hemos revisado en el presente estudio, quienes son el principal productor y distribuidor del alcohol durante todo este periodo, en casos como San Juan de la Frontera, el Corregimiento de Coquimbo o como atisbamos con el Nuevo Reino de Granada, apreciamos cómo son ellos quienes fomentan la venta del alcohol entre su población, pero a la vez son ellos mismos los que censuran su consumo, no haciéndose cargo de la adicción que ellos causan, disciplinándolos y atribuyéndoles características despectivas al pueblo como si se tratara de una atribución inherente a ellos por su condición social.
***

Conclusiones

Desde los inicios de los encuentros y desencuentros hispano-americanos, se gestó una confluencia cultural en que distintos elementos del  común vivir de las partes se fueron resignificando. En la presente investigación se hizo estudio de los usos del alcohol, desde las elites y el “bajo pueblo”, exhibiendo el uso del alcohol que tuvieron los primeros en función del control social de los segundos, esto principalmente reflejado desde el área del trabajo. Por otra parte se esbozó la significación que tuvo el consumo de alcohol para el mundo popular, comprendiendo así en parte el porqué de su atamiento al servicio de los propietarios, y la persistencia de ellos en mantener tradiciones en que el protagonismo se lo llevaba el alcohol y que en oposición de lo que querían formar las elites, a la larga (a coste de represiones y revueltas) terminaron formando parte de la tradición nacional[26].


La falta de fuentes desde el “bajo pueblo” en sí, es una limitante que no permitió hacer un estudio a cabalidad de una percepción más fidedigna del cómo ellos sentían y vivían todos estos temas, por eso se hace el reparo de mencionar el uso de fuentes de gente que no procede precisamente del grupo que se trabaja, creando un sesgo del que se espera que en otras investigaciones se logre solucionar con el hallazgo de las fuentes pertinentes. De la misma manera, se espera en investigaciones futuras profundizar en muchos puntos que quedaron en el tintero por la amplitud que se tomó en algunas partes, especialmente en la relacionada con el alcohol y la cultura popular: historia de la mujer e historia de los niños, solo por dar unos ejemplos, sin duda alguna deben tener mucho que entregar en las investigaciones relacionadas con este tema[27].

La pacificación de la Araucanía, señor Presidente, nos ha costado mucho mosto, mucha música y poca pólvora”, así lo afirmo Cornelio Saavedra, el comandante a cargo de la Ocupación de la Araucanía en el sur de Chile durante la segunda mitad del siglo XIX, reafirmando la decimonónica idea historiográfica del “indio flojo y ebrio”, como consecuencias de su vida “incivilizada”. Si bien, esta afirmación es insostenible en el sentido de que el conflicto con los mapuche fue mucho más complejo y violento de lo que se reduce en la afirmación[28], que no deja de dar constancia de una costumbre –adictiva- entorno al alcohol que si existió en los pueblos indígenas procedente de la Colonia, y que aún al siglo XXI nos hace simplificar la noción de los hechos cuando se recuerda que durante la Dictadura Militar (1973-1990), también se piensa en la entrega de tierras que hicieron los mapuche a cambio de garrafas de vino (a modo de pago), nuevamente simplificando el problema, impidiendo primeramente llegar a una solución de fondo al conflicto territorial y, naturalizando la inclinación al alcohol del mapuche, tampoco se llega a una solución del problema del alcoholismo.

Actualmente en Chile no se está pagando en alcohol, pero tiene mucho que mejorar en materia laboral, según la OMS Latinoamérica y Chile específico presentan altos índices de alcoholismo (Chile sería el país que más alcohol consume en América Latina)[29]. En las noticias aún es muy común ver incidentes de violencia que tienen como causante el alcohol, y el problema del alcoholismo con los pueblos indígenas es un problema que los estados latinoamericanos en general aún están en deuda por solucionar.

Apéndices

Cuadro 1
  
          










Cuadro 2






Bibliografía

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[1] Organización Panamericana de la Salud,  “Alcohol y Salud de los Pueblos Indígenas”, Organización Panamericana de la Salud. Área de Tecnología y Prestación de Servicios de Salud. Unidad de Salud Mental, Abuso de Sustancias y Rehabilitación; 1 ed; 2010. Presentado en: Reunión "Alcohol y Salud de los Pueblos Indígenas", Ciudad de Panamá, 19-21 de enero 2005: 11.
[2] Ernesto Moesbach, Vida y costumbres de los indígenas araucanos en la segunda mitad del siglo XIX. (Santiago: Editorial Universitaria, 1936), 138-146. Si bien, en la descripción presente en el libro corresponde a ser del siglo XIX, también preserva los actos de tradición precolombina, como la participación comunitaria de hombres, mujeres y niños en la preparación del muday y su uso para distintos momentos.
[3] Oriana Pardo, “Las chichas en el Chile precolombino”. (Basado en un trabajo presentado en el XII Congreso Ítalo-Latinoamericano de Etnomedicina "Nuno Álvares Pereira" Río de Janeiro, Brasil, 8-12 de Septiembre 2003). En Revista Chloris Chilensis, no. 2, (Año 7). Revisado el 20 de junio de 2015, http://www.chlorischile.cl/chichas/chichas.htm.
[4] José Bengoa, Historia de los antiguos mapuches del sur: Desde antes de la llegada de los españoles hasta las paces de Quilín, siglos XVI y XVII. (Santiago: Editorial Catalonia, 2003), 120.
[5] Irma Alicia Velázquez, 14 de diciembre de 2008, comentario sobreEl alcoholismo en las comunidades indígenas”. Blog Democracia Multicultural, posteado el 15 de diciembre de 2008, consultado el 23 de junio de 2015, http://democraciamulticultural.blogspot.cl/2008/12/sobre-alcoholismo-en-las-comunidades.html.
[6] Fernando García, “El consumo de drogas en los pueblos indígenas: Elementos para una “política criminal” alternativa”, Revista Electrónica de ciencia Penal y Criminología, no. 04, (2002): 11.
[7] Acerca de estos y sobre los discursos que genera la elite, podemos encontrar mucha información en: Alejandra Araya, Ociosos, vagabundos y malentretenidos en Chile Colonial (Santiago, LOM ediciones, 1999).
[8] Anexo n°1. Sobre esto y el siguiente cuadro adjunto, AGP-SJ, Fondo Histórico, Libro 05, f. 1 al 15 se encuentra citado en: Mario Solar. “Elite, pulpería y disciplina social. San Juan de la Frontera 1750-1770”. Universum. Revista de Humanidades y Ciencias Sociales 2, no. 20, (2005): 135.
[9] Solar, “Elite, pulpería y disciplina social”, 111.
[10] Anexo  n°2 Solar, “Elite, pulpería y disciplina social 126-127(cuadro de elaboración propia del autor del artículo). Sobre el poder, pulperías, y cabildo, páginas 111-134.
[11] Solar, “Elite, pulpería y disciplina social”,  128-131.
[12] Ambas fuentes se encuentran en: Jorge Pinto. “La violencia en el corregimiento de Coquimbo durante el siglo XVIII”. Cuadernos de Historia, no. 8, (diciembre, 1988): 82-83. En cuanto a ideas  más profundizadas relacionadas con este párrafo, véase este mismo artículo en las páginas 77-84.
[13] María Alzate, “La chicha: entre bálsamo y veneno. Contribución al estudio del vino amarillo en la región central del Nuevo Reino de Granada, siglo XVIII”. Historia y  Sociedad, no. 12, (noviembre, 2006): 172. Otro estudio que complementa muy bien esta idea se encuentra en: Pavel Henríquez, Joel Barahona. Julio Sevilla, Moisés Mayorquín, Jorge Torres, Wilfredo Rivera. (Tegucigalpa: Taller de tesis de la Universidad Autónoma de Honduras, 2013).
[14] Fernando Purcell, Diversiones y juegos populares. Formas de sociabilidad y crítica social. Colchagua, 1850-1880(Santiago: LOM Ediciones, 2000), 37-50.
[15] Gabriel Salazar, Peones, labradores y proletarios: formación y crisis de la sociedad popular chilena del siglo XIX (Santiago: LOM ediciones, 2000),  93-95.
[16] Mucha más información respecto al impacto de las chinganas en el siglo XIX y discurso nacional chileno en: Karen Donoso, “Fue famosa la chingana...Diversión popular y cultura nacional en Santiago de Chile, 1820-1840”, Revista de Historia Social y de las Mentalidades 1. No. 13, (2009): 87-109.
[17]Jorge Pinto, “La violencia en el corregimiento de Coquimbo”, 90. Sobre la violencia en sí: 81-94.
[18] Solar, “Elite, pulpería y disciplina social”, 112.
[19]René Salinas, “Violencias sexuales e interpersonales en Chile tradicional”. Revista de Historia Social y de las Mentalidades, no. 4, (invierno, 2000): 27-28.  
[20] Purcell, Diversiones y juegos populares, 55.
[21] Purcell, Diversiones y juegos populares, 57.
[22] Con esto me refiero a las chinganas, pero un caso más emblemático sobre prohibición e imposición de celebraciones en la que se inmiscuye el alcohol fue el caso de la Noche de San Juan, y para eso recomiendo la lectura de: Amalia Castro, “La higuera, el alcohol y el diablo en los relatos campesinos de la zona centro sur de Chile”. Estudios Avanzados, no. 16, (diciembre, 2011): 139-159.
[23] Claudio Gay,  Historia física y política de  Chile. Agricultura. (Museo de Historia Natural de Santiago, 1865), 288.
[24] Marcos Fernández, Eduardo Godoy,  Patricio Herrera,  Jorge Muñoz, Hernán Venegas y Hernán Yañez, Alcohol y trabajo: El alcohol y la formación de identidades laborales en Chile Siglo XIX y XX. (Osorno: Universidad de Los Lagos, 2008),  10.
[25] Fernández, Godoy, Herrera, Muñoz, Venegas y Yañez, Alcohol y trabajo, 20-21.
[26] Se recalca la idea de no ver al “bajo pueblo” como actores pasivos frente a las elites, sino que por lo contrario, mostrarlos activamente en la construcción de su cultura a través –de en este caso- del alcohol.
[27] Es necesario acotar que este trabajo se quedó un tanto “corto” por el hecho de que se haya vertido más al tema del control social, sin la intención de ser un trabajo sociológico, por lo que la incorporación de factores económico-comerciales entre otros, con respecto al alcohol, también podrían complementar de muy buena manera la investigación.
[28]  José Bengoa, Historia del pueblo mapuche (Santiago: Ediciones Sur Colección Estudios Históricos, 1996), 175.
[29] “OMS asegura que Chile es el país de América Latina con mayor consumo de alcohol per cápita”, La Tercera, 12 de mayo de 2014, consultado el 12 de mayo de 2014,http://www.latercera.com/noticia/nacional/2014/05/680-577720-9-oms-asegura-que-chile-es-el-pais-de-america-latina-con-mayor-consumo-de-alcohol.shtml.

miércoles, 16 de marzo de 2016

CONVOCATORIA: REVISTA SÍNTESIS SOCIAL Nº 8

Temas centrales: EL NIÑO Y EL MEDIO AMBIENTE EN LAS SOCIEDADES ANDINAS


Presentación:
El Grupo de Estudios e Investigaciones Histórico-Sociales Annalicemos Hist8ria, conformado por estudiantes de Historia de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, tiene el agrado de invitar a la comunidad académica a publicar investigaciones, ensayos y reseñas en el 8vo. número de su revista Síntesis Social. Para la presente edición tendremos como tema de discusión El Niño y el medioambiente en las sociedades andinas.


El Fenómeno del Niño, como factor social, ha tenido una discusión limitada dentro de la historiografía nacional, pese a ser un evento climatológico de repercusión social. Dicho evento cobra mayor relevancia al presenciar en la actualidad un nuevo ciclo de El Niño, con un impacto dentro de la sociedad difícil de calcular sin el conocimiento histórico, tan relevante para las ciencias sociales y naturales. El estudio de la relación entre las sociedades y su medio ambiente permite entender la magnitud real de los eventos extremos en el pasado y prepararnos mejor ante los futuros. Y en dicho objetivo, la interdisciplinariedad es fundamental para una mirada global. Es precisamente este diálogo entre las ciencias sociales y naturales que pretendemos rescatar.


¿Qué trabajos se pueden presentar?
Síntesis Social en su 8va edición, recibirá:

1.- Artículos, investigaciones, capítulos de tesis por sustentar, ensayos y discusiones en torno a El Niño y el medio ambiente y su impacto en las sociedades andinas.

2.- Reseñas críticas de libros editados en los últimos tres años sobre los temas centrales.

¿Quiénes pueden presentar trabajos?

1.- Profesionales que discutan las distintas áreas de las Ciencias Sociales.

2.- Estudiantes y egresados que deseen difundir sus primeras investigaciones.

- Los artículos serán sometidos a revisión por el Comité Editorial y el riguroso Comité Evaluador conformado por especialistas de los temas que en base a criterios como la originalidad, la redacción, la problematización, uso de fuentes, etc. darán sus apreciaciones sobre los trabajos recibidos.

Recepción de textos: 15 de marzo al 15 de agosto del 2016

Normas para la presentación de trabajos:

a) Del Formato:

1.- Título en el centro, letra Times New Roman, tamaño 13.

2.- Nombre del autor o autores, Universidad o Institución de pertenencia y dirección de correo electrónico a un espacio del título y uno debajo del otro a lado izquierdo.

3.- Resumen académico que deje en claro el tema a tratar y los principales objetivos.

4.- Cinco o seis palabras clave.

5. Breve hoja de vida del autor(es)

6.- Para los artículos y ensayos: Times New Román, tamaño 12, justificado, espacio simple, extensión máxima de 20 páginas y mínima de 08, incluyendo introducción y conclusiones (necesarios). La bibliografía y anexos (si los hubiera) no se contabilizarán en el total de páginas.

8.- Para las reseñas: Times New Román, tamaño 12, justificado, espacio simple, extensión máxima de 3 páginas y mínima de 2.

9.- Los trabajos deberán cumplir con las normas de publicación para pasar el proceso de evaluación.

b) De las citas.

Se usará el sistema de citas de la Asociación Psicológica Americana (APA) en las versiones de la 5ta. y 6ta. edición principalmente. El tipo de cita APA usa un formato autor fecha del que mencionamos las principales recomendaciones.

* Las citas dentro del texto prevén información, estarán dentro de un paréntesis donde se consigne el autor, el año de la publicación y la página exacta (aquí no se usará la recomendación de la 6ta. edición que obvia la página).

* Cuando el autor esté mencionado en la redacción del texto solo contemplar entre paréntesis el año de publicación y la página.

* El número de la página dentro del paréntesis no será antecedido de ninguna abreviación como “p.” o “pag.”. Ejemplo: (Burguiére, 2009: 26).

* La información completa de cada cita estará al final del texto en una lista llamada Referencias.

* Las citas cortas de tres líneas o menos, pueden ser incorporadas en el texto usando comillas simples para indicarlas. Las citas más largas se separan del texto por un espacio a cada extremo y se tabulan desde el margen izquierdo, aquí no hay necesidad de usar comillas.

*Las citas deben ser transcritas exactamente, cualquier cambio o énfasis por el autor debe ser indicado claramente, ej. Cursiva de algunas palabras. Cuando se omite algún material de las citas se indica con un eclipse […].

* Se usaran notas a pie de página con el objetivo de aclarar alguna idea, comentar bibliografía o agregar datos adicionales. En cualquier caso la referencia usará el mismo estilo de la redacción principal. El formato será letra N° 10 de Times New Roman correlativamente ordenadas.

Ej. 1: Consúltese también la introducción de Lohman Villena a la obra de Miguel Feijóo de Sosa (Lohman Villena, 1984: 28-29).

Ej. 2: Pero véase Eeckhout (1999: 365), quien describe el cuerpo de una mujer hallado en el sitio de Pampa de las Flores cuyos restos muestran que sus entrañas habían sido extraídas.

* En ningún caso se usarán locuciones latinas como Ibidem, Ibid, Loc Cit Op. Cit.

REFERENCIAS

* En esta sección deben estar todas las referencias incluidas en el cuerpo del texto.

* En todas las referencias el nombre del autor ira completo, obviando la recomendación de la 6ta edición del APA que solo sugiere la inicial.

UN SOLO AUTOR:


FLORESCANO, Enrique.
2012   La función social del historiador. México: Fondo de Cultura Económica.

PALMA, Daniel.
2011    Ladrones. Historia social y cultura del robo en Chile, 1870-1920. Santiago: LOM.

TURRENT, Lourdes.
2013   Rito, música y poder en la Catedral Metropolitana. México, 1790-1810. México: Fondo de Cultura Económica/ Colegio de México.

DE VARIOS AUTORES O EDITOR:

KAGAN, Richard y Fernando Marías.
2000  Urban Images of the Hispanic Wordl, 1493-1793. New Haven: Yale University Press.

O´PHELAN, Scarlett y Carmen Salazar (eds.)
2005   Passeurs, mediadores culturales y agentes de la primera globalización en el Mundo Ibérico, siglos XVI-XIX. Lima: Instituto Francés de Estudios Andinos/Pontificia Universidad Católica del Perú/ Instituto Riva Agüero.

ARTÍCULO DE UNA COMPILACIÓN:

MEILLING, David.
1999   “Suffering and Sanctification in Christianity”. En J. Hinells y R. Porter (eds.). Religión, Health and Suffering. Londres: Keagan Paul.
VALENZUELA, Jaime.

2005   “Afán de prestigio y movilidad social: los espejos de la apariencia”. En Rafael Sagredo y Cristián Gazmuri (dirs.), Historia de la vida privada en ChileEl Chile tradicional, De la Conquista a 1840, T. I. Buenos Aires: Taurus.


ARTÍCULO DE UNA REVISTA:

BURGA, Manuel.
1995    “Los Annales y la historiografía peruana (1950-1990): mitos y realidades”. En Ciencias Sociales 1: 11-33.

MORAN, Daniel.
2011    “De la historia social a la renovación de la historia de las clases populares. El Bicentenario y la Revolución de Mayo en la historiografía argentina reciente”. En Síntesis Social 3: 191-219.

UNA TESIS:

VÁSQUEZ ZEVALLOS, Gladys.
2014   El endeudamiento de Felipe II y el Virreinato del Perú: De las Cajas de Comunidad a la Caja General de Censos de Indios de Lima (1556-1600). Tesis para obtener el grado de licenciatura en Historia, Lima, Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

UN DOCUMENTO:

Archivo General de la Nación, Campesinado, Derecho Indígena, legajo 37, cuaderno 746, 1813, f. 7.

UNA REVISTA O PERIÓDICO:

-La Gaceta del Gobierno de Lima, Nº 2, del sábado 20 de octubre de 1810.

-Caretas, Lima, n° 1380, del 14 de septiembre de 1995.

RECURSOS EN LÍNEA:

LODEWIJKX, H.
2000  “Individual-group continuity in cooperation and competition under varying communication conditions”. En Current Issues in Social Psychology 6: 166-182. Extraído el 24 de septiembre del 2010 desde http://www.uiowa.edu/~grpproc/crisp/crisp.6.12.htm.

Cualquier consulta o duda, escríbenos a:
annalicemoshist8ria@hotmail.com
 annalicemoshist8ria@gmail.com

Atentamente
Comité Editorial Síntesis Social Nº 8

Comité Editorial
Michael Napán Napán
Diego Recse Huayta
Ronny Pariona Medina
Angel Sandoval Sánchez

lunes, 3 de agosto de 2015

Presentación de la revista Síntesis Social N° 6-7 en el IFEA


Presentación de la revista Síntesis Social N° 6-7, publicación del Grupo de Investigaciones Annalicemos Hist8ria. Realizada en el IFEA el lunes 22 de junio del 2015. Con los comentarios del Dr. José Ragas, el Dr. Fausto Alvarado y el Mg. Virgilio Freddy Cabanillas.


José Ragas


Fausto Alvarado


Virgilio Freddy Cabanillas


sábado, 1 de agosto de 2015

Presentación del libro 'Narración completa del Combate de Iquique'


Presentación del libro 'Narración completa del Combate de Iquique por uno de los tripulantes de la Esmeralda: detalles curiosos y desconocidos (21 de mayo de 1879)', realizada el domingo 26 de julio del 2015 en la Feria Internacional del Libro. Con los comentarios de Jorge Ortiz-Sotelo y Juan Ortiz.


Jorge Ortiz-Sotelo



Juan Ortiz



Preguntas


domingo, 31 de mayo de 2015

La relación entre el Estado, la familia y la condición de las mujeres

Ángela Quispe Huertas
Universidad Nacional Mayor de San Marcos

Durante el Antiguo Régimen, la configuración de la familia fue muy distinta de la que conocemos actualmente. Estas estaban ligadas o configuradas según el linaje, el cual  es la solidaridad que se extiende a todos los descendientes de un mismo antepasado (ARIÈS 1987:494). En la familia de Antiguo Régimen, no existe una sensibilidad entorno a la familia propiamente.  Esto se puede observar a través de la relación de los padres con los hijos[1]. Por otro lado, los hijos se quedaban en la casa hasta cierta edad, siete o nueve años como máximo, luego eran entregados como sirvientes o aprendices a familias ajenas, por un periodo de siete o nueve años más, empleándose en el trabajo doméstico (ARIÈS 1987:482). Para el caso de Inglaterra, no se podía generar un sentimiento profundo entre padres e hijos por este alejamiento durante la infancia, a pesar de que el hijo pudiera volver a la casa de sus padres; a palabras de Ariès la familia era una realidad moral y social, más que sentimental (ARIÈS 1987:488).

Otra cuestión importante dentro de la relación que hubo entre padres e hijos, fue con respecto a la primogenitura. La preferencia que se le dio a este fue sobre todo por factores económicos, de patrimonio y sobre todo de honor. La razón por la cual se le otorgaban todos los bienes al hijo mayor para su matrimonio, fue para no dividir el poder económico familiar que se había conseguido (ARIÈS 1987:492).

Con respecto a la casa o al hogar durante al Antiguo Régimen, podemos decir que tampoco fue similar a las casas que concebimos actualmente. En Europa, ya para finales del siglo XVI se empieza a dar una diferenciación entre los espacios públicos y los privados, pudiéndose evidenciar estos en las casas, cuando estas dejaron de ser talleres o los espacios de trabajo; es decir, pasó de ser una unidad productora, a ser una unidad consumidora (ELIAS 1994:162). Con la familia pasará lo mismo. Esta pasará de constituirse extensa, con muchos parientes y sirvientes, a convertirse poco en la familia nuclear que conocemos actualmente (ZEGARRA 170, 171). De igual modo, los espacios dentro del hogar durante el Antiguo Régimen fueron espacios comunes, en los cuales no se tenía en claro la idea de los privado, o los sentimientos que en la transición a la Edad Moderna se van moldeando, como el pudor o la vergüenza, lo íntimo, lo familiar (ELIAS 1994: 170, 201, 203).

Con respecto a la mujer bajo una sociedad de Antiguo Régimen, esta fue entendida corporalmente según la medida masculina. Los cuerpos –femeninos y masculinos– solo se diferenciaban entre sí porque unos tenían los órganos reproductivos maduros y calientes, los cuales estaban dentro de su cuerpo –los hombres–, mientras que el otro grupo tenía los órganos dentro de su cuerpo, ya que no habían madurado lo suficiente, y tenían que estar dentro del cuerpo para mantener la temperatura adecuada –las mujeres. En pocas palabras, la medida de los cuerpos era el hombre, por lo que imaginaban el cuerpo femenino en la medida de la perfección  del cuerpo masculino. Cabe recalcar que no se diferenciaban en sí por el aparato reproductor, ya que ambos compartían el mismo órgano (LACQUEUR 1994:56), sino que se diferenciaban por la madurez de este. La madurez de los órganos significaba que estos debían salir del cuerpo, porque habían alcanzado el desarrollo pleno, mientras que los que no terminaron de desarrollarse, quedaban dentro del cuerpo. Esta concepción del cuerpo femenino, entendemos que estas fueron consideradas como inmaduras corporalmente, las cuales no terminaron de llegar a la madurez necesaria; por lo tanto, eran seres imperfectos, que debían estar “naturalmente” sometidas al dominio del ser más perfecto que era el hombre; es decir, el padre, el hermano o el marido. Más tarde, las mujeres fueron asociadas al pecado,  a la sexualidad, a lo sensual, a la lujuria; por lo cual, se consideraba también que debían seguir siendo vigiladas, debían regularlas a las mujeres, en este caso no solamente la autoridad, sino también la Iglesia, a través del derecho canónico (BRUNDAGE 2000:23). En conclusión, la mujer siempre fue considerada por debajo de la valoración que se tenía al hombre, de modo que siempre fue considerada un ser inferior. 
Luego de hacer una suerte de revisión de la familia y la mujer durante el Antiguo Régimen –para entender mejor las diferencias y cambios en el proceso civilizatorio de los papeles sociales y de los sentimientos–, pasaremos a observar la relación que se empezará a dar entre Estado, familia y la mujer a finales del siglo XVIII y durante el siglo XIX, que es el objetivo central de este ensayo.

A diferencia del Antiguo Régimen, el Estado no se apropia, acapara ni acumula todos los poderes en una sola persona, sino que este es asumido a través de distintas instituciones. Poco a poco el Estado se irá secularizando, asumiendo lo que antes era dirigido por la Iglesia, como la educación, la fiscalidad, la policía y la salud (MANNARELLI 2014: s/p). Es justamente este último aspecto –la salud y todo lo que esta implica– del cual se apropiará el Estado para generar un discurso que moldeará, según las propuestas de la ilustración, una nueva forma de comportamiento familiar y sentimental (BOLUFER 1998:212) junto con nuevos roles sociales –propio del cuestionamiento de la Ilustración a los valores y comportamientos anteriores–; vinculando al Estado, a la familia y a las mujeres (ZEGARRA 2001: 167).  La modelación de los papeles sociales no solo generó nuevos sentimientos, sino también nuevos códigos sociales y una nueva forma de comportarse y relacionarse con el otro –madre/hijos, médico/paciente, Estado/ciudadanos. Este comportamiento ilustrado, pese a que estaba orientado hacia todos, siempre se convirtió en una pauta para diferenciar a unos de otros (ZEGARRA 2001: 165), pautas de exclusión o inclusión social (BOLUFER 1998:215)

El desarrollo de la medicina científica empezó a desmitificar ciertos aspectos del cuidado de las enfermedades y el cuerpo, desterrando aspectos basados en la fe católica o relativo al chamanismo y a la astrología. De este modo, se empezó a generar un nuevo discurso sobre la salud y la medicina de los individuos y del cuerpo social. Pero, ¿por qué el discurso médico fue tan importante durante este contexto y no otro? Según los distintos autores consultados –Mónica Bolufer, Claudia Rosas, Margarita Zegarra, Lissel Quiroz, María Emma Mannarelli–, podemos llegar a la conclusión que un Estado sin ciudadanos no podía fortalecerse, y menos un Estado en construcción –como el caso de los países de América del Sur, a inicios del siglo XIX, luego de las guerra por la independencia. Esto se podía constatar con el alto grado de mortalidad infantil de la época, debido a que aún no existían políticas de salud eficientes con respecto al cuidado de la mujer durante la maternidad y luego del proceso del parto (QUIROZ 2012: 434). Además de controlar la mortalidad infantil, el Estado necesita no solo que la cantidad de ciudadanos aumente considerablemente, sino que también los ciudadanos no sean enfermizos ni débiles, sino que sean fuertes y saludables (BOLUFER 1998:230) (ZEGARRA 2001:179), y que además sean educados con las virtudes cívicas necesarias para que se conviertan en ciudadanos ejemplares. Según esto, podemos entender que para la época se consideraba que el bienestar de los ciudadanos significaba el bienestar de la nación.

Es por este motivo, que el discurso médico tuvo un gran impacto e importancia durante la formación de la nación. Pero esto no queda solamente con generar un discurso para el cuidado de la salud del cuerpo y la moral social, sino que se centrará en un personaje el cual será quién lleve a cabo, con la supervisión del médico, esta tarea: la mujer, y más precisamente, la madre. De esta forma, la Ilustración también generó un discurso en torno a la mujer, pero un discurso aparentemente inclusivo, que rompe con el paradigma de la condición de la mujer durante el Antiguo Régimen, ya que empieza a modelar el papel que esta cumplirá para la construcción del Estado.   

Para continuar, es necesario aclarar que el discurso de la medicina científica se asentará en la propuesta que plantea que ciertos aspectos humanos se justifican por “naturaleza”. Por ejemplo, el cuerpo biológico. Los masculino y lo femenino estará profundamente marcado y diferenciado por el sexo, es decir: identidades masculinas definidas, e identidades femeninas definidas por este determinismo biológico. Esto generará la supremacía del hombre sobre la mujer de forma legítima, por la naturaleza  (BOLUFER 1998: 212). Así, el discurso se irá construyendo de a pocos. La mujer tiene un útero, dador de vida; la mujer será definida y entendida a través de su útero, como madre, quién dará hijos no solo al marido, sino principalmente al Estado (ROSAS 2004: 113); de esta forma, la mujer será según la función de su cuerpo, la mujer será su cuerpo (ZEGARRA 2011: 169).

Pero la mujer será importante no solo porque puede generar hijos, sino por todo el proceso que implica procrear. Primero, el discurso sobre la salud y la higiene. Tiene que asimilar e interiorizar los cuidados necesario que necesita para tener un cuerpo sano –de esta forma, la regla y el discurso se concretiza a través del control corporal.  Nuevamente, la Ilustración y su proyecto modernizador, plantea la educación como una vía fundamental para la domesticación de las pasiones y los instintos, para que estas se transformen en virtudes sociales, con un fin personal y público (ROSAS 2004:114) (ZEGARRA 2001:174).  De esta forma, la educación para las niñas se orientó hacia este aspecto, formarlas para la maternidad, los cuidados que debía tener para ser madre, qué debía hacer, qué no debía hacer; además de esto, sobre el parto, cómo debía cuidar al bebé, al niño, sobre la lactancia, etc. (BOLUFER 1998:236). De esta manera, el Estado a través de la educación regulaba y apoyaba al discurso médico a través de políticas educativas.

Así, se va configurando el nuevo paradigma de la mujer como madre. Pero eso no acaba ahí. A través de los manuales, tanto médicos como de urbanidad, a la vez que los periódicos, se fueron discutiendo el papel de la mujer como madre y todos los aspectos ligados a esta. Una de los aspectos qué más debate generó fue sobre las amas de leche o nodrizas. Se plantearon muchas razones del por qué se debía erradicar la institución de las amas de leche. Si antes la sangre era esencial para la cuestión del linaje (ROSAS 2004: 135), la nueva sangre del discurso fue la leche materna, como un líquido importante para el desarrollo de los niños y niñas. Incluso las enfermedades, la debilidad, y la poca inteligencia y la vejez prematura fueron consideradas como el efecto de que las madres no amamantaron a sus hijos. De forma que la maternidad en sí se generaba luego del parto, con la lactancia (ROSAS 2004:131). Otro motivo importante a considerar, dentro de una nueva formación de la familia sentimental y nuclear, que con la estrecha cercanía de la nodriza con los niños, estos últimos sentían mayor afecto por la nodriza y por los hijos de esta que por su familia en sí, por el tiempo que compartían al momento del amamantamiento; lo que generó un motivo más para terminar con el papel de las nodrizas (ARIES 1987:497). Además, la mejor manera de expresar el amor maternal se dio a través de la lactancia, considerándose una cosa natural para la madre (ROSAS 2004: 134). Sin embargo, no es hasta el siglo XX que se termina con el papel de las nodrizas en sí, con la aparición de la leche en fórmula para bebés o también llamada fórmula artificial (BOLUFER 1998: 246). Una vez que pasaba la etapa de la lactancia, venía la etapa de formación de los niños y niñas. En esta etapa de crianza y formación de los futuros ciudadanos, el médico también estuvo presente (ROSAS 2004: 130).

El discurso ilustrado no solo se encargó de generar una literatura que formara a la nueva mujer-madre, sino que criticó como esta se podía degenerar o adquirir malos hábitos si no seguía el paso trazado de la maternidad. Ellas no solo tenían que cuidar la salud de sus hijos, sino también la propia. De este modo se criticó el uso de cosméticos y el de vestimenta muy ceñida al cuerpo. Fue un discurso en contra de la apariencia física sofistica, sino que más bien se apostaba por una más sencilla y menos llamativa (ZEGARRA 2001: 186). Por este motivo, se propuso más bien una belleza que reflejara la buena salud y la moral, ya que un cuerpo sano era sinónimo de un cuerpo bello (BOLUFER 1998:221).

No solo se va a redefinir el papel de la mujer en la sociedad, sino se van a redefinir los espacios también. Lo público y lo privado empieza a emerger en el espacio social. Si bien antes no hubo mucha delimitación entre ambos, se empieza a dar una clara diferencia entre los espacios públicos y privados (ELIAS 1994). La mayoría de espacios fueron espacios públicos, los cuales empiezan a cerrarse poco a poco, delimitando la intimidad, lo familiar, lo doméstico, lo privado (ARIES 1987:497). Lo masculino será relacionado con el espacio público; mientras que lo privado será asociado a lo femenino (ROSAS 2004:105, 108). Y es que en este tiempo en el cual junto con el espacio privado, se va generando una nueva configuración social: la familia. A la vez que los espacios de la casa se van dividiendo y cerrando para una mayor privacidad entre los miembros de la familia, se redefinen los lugares como sala, comedor o cocina (ARIES 1987:528); así también se va delimitando la familia, la cual se hace cada vez más nuclear, no más familiares cercanos, no más sirviendo o algún otro individuo cercano. También se deja de considerar al hogar como un espacio en el cual se pueda combinar la vida familiar y el ambiente de trabajo (ELIAS 1994:162). Lo familiar se privatiza y domestica a través de la actriz del nuevo orden social del Estado: la madre. Es la mujer a través de su papel como madre quien estará encargada de velar por el bienestar de la familia, sin que esta caiga en los vicios que la vida mundana y fácil proponer; es más, su sacrificio y entereza por cuidar a los hijos, sacrificando su propia libertad, será finalmente recompensado con el amor de sus marido y sus hijos, la tan dichosa familia sentimental (ZEGARRA 2001: 166).

Consideramos que ya no será el cura quién guie y oriente la vida de las mujeres –y no solamente en el ámbito físico, sino también sobre aspectos morales–, y en general de las personas, sino ahora el médico es quien cumple y llena su lugar (ROSAS 2004:120). De modo que el médico se convierte en un profesional muy valorado durante la época, al igual que el discurso que estos manejan. Sin embargo, pese a que esos guiarán el largo proceso de crianza de los hijos, no lograrán penetrar en la confianza femenina (QUIROZ 2012:528). Con esto me refiero a que los sentimientos de pudor aún serán impedimentos para que las mujeres puedan dejar su intimidad en manos de un médico. Es por este motivo que las matronas cumplieron un papel muy importante durante el siglo XIX (QUIROZ 2012: 416-417). Para el caso peruano, el papel de las matronas fue sumamente importante, hasta la llegada de Benita Paulina Cardeau, más conocida como Madame Fessel –su apellido de casada–, obstetra francesa venida al Perú en busca de un lugar dónde poder dejar su experiencia, a la vez que fundar una Maternidad similar a la de Paris. De este modo, el discurso ilustrado y el discurso médico permitieron que los proyectos de Madame Fessel se concretaran. Sin embargo, esto también generó que el oficio de las matronas se viera desprestigiado, debido a que su conocimiento no se basaba en una educación académica, sino más que nada a través de la experiencia; a diferencia del médico, profesional formado en una universidad, avalado por la educación que propiciaba la ilustración (QUIROZ 2012: 419). Es así como desde el Estado se manejado un discurso entorno a la salud. Primero, controlando a las matronas a través del Protomedicato (QUIROZ 2012:421), y luego generando políticas en favor de la creación de la primera maternidad de Latinoamérica en 1826 junto con una escuela de partos, que formaría a las futuras obstetras. Las egresadas de esta escuela, reemplazaron poco a poco a las matronas, trabajando no solo en Lima, sino también en provincia e incluso en el extranjero.

De esta forma concluimos, diciendo que el Estado se relacionará con la familia y la mujer a través de políticas de salud y educación –promovidas por el discurso ilustrado–, el cual convertirá en el sujeto principal a la mujer, como encargada del fortalecimiento de la Nación a través de la procreación y el cuidado de los futuros ciudadanos, educándolos también en cuestiones de higiene y moral cívica. La nueva definición de los roles sociales, en este caso el de la mujer –mujer/madre, mujer/doméstica, mujer/esposa–, generó un nuevo sentimiento: el amor maternal o también llamada ternura ilustrada como sentimiento per sé., natural de la mujer. Esta será quién, a través de su amor maternal reconfigure a la familia, como una institución más centrada en los padres e hijos –familia nuclear– sustentada en vínculos afectivos muy fuertes, en nuevos espacios físicos más íntimos, privados y domésticos. La lactancia, como factor fundamental para convertir en esta mujer en un ser afectivo y entregado a la formación de ciudadanos fortalecimos, no solo físicamente sino moralmente. De esta forma, la mujer formará no solo hijos obedientes hacia los padres, sino también ciudadanos fieles a la patria.

BIBLIOGRAFÍA

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[1] Para el caso peruano, por ejemplo, la tasa de mortalidad para finales del siglo XVIII fue altísima, en el caso de que hubiera existido algún tipo de sentimentalismo hacia los hijos, la muerte de estos hubiera desencadenado en luto, lo cual no fue así, no al menos en la Lima de ese tiempo (ZEGARRA 2001: 194).